Artículo completo
sobre Onda
Ciudad monumental con un impresionante castillo de las 300 torres; importante centro cerámico y puerta de entrada a la Sierra de Espadán
Ocultar artículo Leer artículo completo
El turismo en Onda tiene algo curioso: llegas pensando en un pueblo más de interior de Castellón y lo primero que notas es el olor. A veces es cítrico, por los naranjos de alrededor. Otras veces es ese aroma un poco mineral que sale de los hornos de cerámica. Es una mezcla rara, como si alguien hubiera pelado una mandarina encima de una loseta recién hecha.
Onda no entra por los ojos como otros pueblos más pequeños. Aquí vive bastante gente —algo más de 25.000— y se nota que no es un decorado. Pero cuando empiezas a caminar por el casco histórico, la cosa cambia.
Subir al castillo (y entender por qué está ahí)
Subir al castillo de Onda tiene su pequeña penitencia. Desde el centro la cuesta es larga y constante, de esas que te hacen pensar que el coche habría sido buena idea. Pero bueno, se sube.
Arriba está el castillo, que durante siglos controló todo el valle del Mijares. A veces lo verás descrito como el “castillo de las 300 torres”, lo cual suena espectacular… aunque cuando llegas no te encuentras exactamente eso. Hay murallas, torres reconstruidas y mucho espacio abierto. No es un castillo de postal.
La gracia está en imaginar lo que hubo. Dentro del recinto aparecieron restos de un palacio islámico bastante importante, con patios y arcos que dan pistas de la escala que tuvo todo aquello. Hoy el lugar es tranquilo. De esos sitios donde puedes sentarte un rato a mirar el paisaje y entender por qué alguien decidió levantar una fortaleza justo ahí.
Eso sí: agua en la mochila. La subida tiene su aquel.
Perderse (sin miedo) por el casco antiguo
El centro histórico tiene ese trazado que parece hecho para que te equivoques de calle. No es enorme, pero las calles estrechas y las cuestas cortas hacen que todo se retuerza un poco.
Doblas una esquina y aparece una casa con escudo de piedra. Luego una portada antigua. Luego una escalera que parece llevar a ningún sitio. Y entre medias, talleres y tiendas relacionadas con la cerámica, que aquí no es un souvenir: es industria de toda la vida.
A mí me pasó lo típico: iba buscando una calle concreta y acabé dando una vuelta bastante más larga de lo previsto. No fue mala cosa. En sitios así lo mejor es caminar sin demasiada prisa y ver qué aparece.
Los vecinos tienen ese estilo muy de pueblo grande: primero te miran con cara de “este se ha perdido”, y a los diez segundos te están explicando por dónde tirar… y repitiéndolo por si acaso.
Comer como aquí se come
Vamos a lo importante. En esta zona el plato más conocido es la olla de la plana.
Es un guiso contundente, de los que se hacían para alimentar a media casa: alubias, arroz, verduras como cardo o nabo y carne de cerdo. No es cocina delicada ni falta que hace. Sales de la mesa con la sensación de que la tarde pide sofá o paseo muy lento.
Otra cosa muy típica por aquí es la coca de mollitas. A primera vista parece una masa cubierta de migas tostadas con ajo y pimentón, a veces acompañadas de pescado salado. Suena extraño cuando lo lees, pero cuando lo pruebas entiendes por qué se sigue haciendo.
Son recetas de esas que no buscan sorprenderte en Instagram; simplemente funcionan para llenarte bien.
Mejor época para ir
Onda tiene bastante movimiento durante las fiestas tradicionales del año. En torno a San Blas (principios febrero) ves rosquillas por todas partes. La Semana Santa también mueve gente por el centro histórico; ver las procesiones subiendo cuestas tiene su punto.
Si prefieres caminar tranquilo, prueba en primavera. Los naranjos están en flor y huele bien incluso desde antes del desvío. Además puedes acercarte al Mijares o hacer algún sendero sin achicharrarte todavía. El verano aquí pega fuerte; si vienes en julio o agosto busca la sombra o hazte amigo del aire acondicionado del coche.
Mi consejo práctico
Te lo digo como lo haría con un amigo: Onda no da para organizar todo un fin de semana si solo vienes a ver el pueblo. Es más bien una parada muy digna para medio día. Subes al castillo, paseas, comes algo contundente y ya está. En pocas horas te haces idea del lugar.
Deja el coche abajo (hay zonas donde aparcar sin problema) y sube andando. Sí, vas a sudar si hace calor, pero luego arriba el agua sabe mejor y además pillas mejor cómo funciona esto: un pueblo vivo, con industria, que no vive solo del turismo pero sabe recibirte bien cuando pasas por allí. Si ves alguna nave abierta, fíjate; esa cerámica lleva décadas siendo parte del paisaje y explica mucho más sobre Onda que cualquier folleto brillante