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sobre Pego
Municipio con un importante parque natural de marjal; historia ligada al arroz
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Hay un momento, justo después de comer, cuando el cielo de Pego decide si va a caer un chaparrón serio o si nos deja la tarde tranquila. A veces pasa en diez minutos: se oscurece, cae agua con ganas y, cuando te quieres dar cuenta, vuelve el sol. En la Marina Alta lo tienen asumido, pero aquí la lluvia suele caer con más mala leche que en los pueblos de alrededor. No es raro escuchar historias de tormentas que descargan como si alguien hubiera abierto un grifo enorme sobre el valle.
El pueblo que se toma el arroz muy en serio
Pego es de esos sitios donde el arroz no es “un plato más”. Es casi un tema de conversación permanente. Y si hay uno que manda aquí es el arroz con costra: arroz al horno con una capa dorada de huevo por encima que se queda crujiente. Cuando está bien hecho, tiene algo adictivo.
El Día de la Crosta, que se celebra el martes después de carnaval, gira alrededor de eso. La idea es sencilla: mesas largas, arroz, disfraces y bastante ruido. El carnaval en Pego no termina exactamente cuando marca el calendario; más bien se alarga y cambia de forma.
Las fallas también tienen peso en el pueblo. No es Valencia capital, claro, pero sorprende ver la cantidad de comisiones que hay para un municipio de poco más de diez mil habitantes. Durante esos días el pueblo cambia de ritmo: petardos desde primera hora, calles cortadas y gente entrando y saliendo de los casales como si fuera la cosa más normal del mundo.
Cuando los cristianos se hacen musulmanes (y viceversa)
A finales de junio llegan los Moros y Cristianos. Si no los has visto nunca, la primera impresión es curiosa: de repente el vecino que te ha vendido pan por la mañana aparece vestido de guerrero medieval.
Aquí la fiesta se la toman muy en serio. Las comparsas llevan meses preparando trajes, música y coreografías. La Entrada —el desfile grande— es el momento en que todo eso sale a la calle: bandas de música, pólvora, trajes llenos de detalles y bastante público en las aceras.
No hace falta entender mucho de la fiesta para disfrutarla. Basta con ponerse en una esquina y ver pasar a todo el mundo.
El castillo que hoy es más paisaje que castillo
Si subes al Castillo de Ambra con la idea de encontrar murallas intactas y torres imponentes, mejor ajustar expectativas. Lo que queda son restos: tramos de muro, alguna estructura y el recuerdo de una fortificación que controlaba el valle hace siglos.
Aun así, la subida tiene sentido. Desde arriba se entiende muy bien cómo está colocado Pego entre montañas y marjal. Y hay algo curioso: la caminata parece corta hasta que llega la vuelta, sobre todo en días de calor.
Más abajo, el valle guarda varios restos arqueológicos de distintas épocas. No es un sitio espectacular en el sentido de grandes ruinas, pero sí un lugar donde se ve cómo se han ido superponiendo culturas: ibéricos, romanos, época andalusí. Si te gusta caminar con calma y leer paneles, da bastante juego.
El mercado que marca el miércoles
Los miércoles por la mañana el centro cambia completamente. Calles llenas de puestos, vecinos cargando bolsas y bastante movimiento desde temprano. La tradición del mercado viene de lejos —los documentos medievales ya hablan de él— y sigue funcionando más como mercado de pueblo que como atracción turística.
Se vende de todo: fruta y verdura de la zona, ropa, utensilios de casa, algo de embutido. Mucha gente de pueblos cercanos también se acerca.
Consejo práctico: si vienes en coche, intenta aparcar pronto. A media mañana dar vueltas puede convertirse en un pequeño deporte local.
La marjal: el otro paisaje de Pego
Si hay un lugar que explica bien el entorno es la Marjal de Pego-Oliva. Un humedal grande, bastante abierto, con arrozales, canales y montañas alrededor. No es un sitio de monumentos; es más bien de caminar o pedalear despacio y mirar.
En primavera el verde se vuelve muy intenso y aparecen muchas aves. En verano el calor aprieta bastante, pero las puestas de sol tienen ese tono naranja que hace que la gente saque el móvil sin pensarlo.
Mi consejo de amigo
Si vienes a conocer Pego, yo lo haría así: mañana de miércoles para ver el mercado, paseo después por el centro y comida tranquila con arroz al horno en algún sitio donde veas mesas ocupadas por gente del pueblo.
Y si te sobra tiempo, acércate a la marjal por la tarde. No hay grandes monumentos ni colas para entrar a ningún sitio. Pero a veces apetece justo eso: un pueblo que va a su ritmo y un paisaje abierto alrededor. Aquí funciona bastante bien.