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sobre Almassora
Importante núcleo industrial y agrícola junto a la desembocadura del río Mijares; cuenta con playa propia y un interesante casco antiguo con restos de muralla medieval y ermitas
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Hablar de turismo en Almassora obliga a empezar por la huerta. Antes de ver el casco urbano ya aparece el paisaje que explica el municipio: kilómetros de naranjos regados por acequias que dependen del Mijares. En primavera, cuando el azahar está en flor, el olor llega incluso a la carretera. No es una imagen literaria: el término municipal está ocupado en buena parte por regadío y ese cinturón agrícola ha marcado la forma del pueblo, con calles en cuadrícula y casas bajas levantadas junto a caminos de huerta. El río, además, fija los límites naturales hacia el sur.
La muralla que todavía marca el casco antiguo
Almassora aparece documentada en el siglo XIII con el nombre de Almaçora, que algunos cronistas relacionan con Almanzor. Tras la conquista cristiana por Jaime I, la villa recibió carta puebla y se organizó como un pequeño núcleo amurallado.
Hoy se conserva un tramo de esa muralla junto a la Torre de la Vela, integrado entre viviendas. No es un resto monumental: apenas unos metros de lienzo de piedra de algo más de un metro de grosor y almenas muy desgastadas. Aun así ayuda a entender la forma del casco antiguo, que todavía mantiene calles estrechas y un trazado compacto propio de una villa fortificada.
La torre funcionó durante siglos como punto de vigilancia y también como prisión. Desde arriba se entiende bien la lógica defensiva: hacia un lado la huerta abierta, hacia el otro la línea del río y, más lejos, las primeras elevaciones que anuncian el interior de la Plana.
Del Torrelló del Boverot a la desembocadura del Mijares
El término municipal guarda restos mucho más antiguos que la villa medieval. El Torrelló del Boverot es un yacimiento con ocupación desde el Bronce Final y presencia ibérica posterior, situado en una pequeña elevación que domina el entorno. Desde allí se controlaba el paso natural del río y la llanura litoral.
El recorrido hasta el cerro suele hacerse por un sendero corto entre pinos carrascos. No es largo, pero ayuda a situar el paisaje: el río Mijares como frontera natural y vía de comunicación.
Siguiendo el curso del río hacia el este se llega a su desembocadura, hoy protegida como humedal compartido con municipios vecinos. A pocos kilómetros aparece la otra cara de Almassora: la zona de playa. Es un frente litoral sin grandes edificios, con casas bajas y un paseo sencillo que acompaña la línea de arena hasta el pequeño canal del grau, utilizado por embarcaciones de pesca artesanal.
La olla de la Plana y otras comidas de invierno
La cocina local se entiende mejor si se piensa en una huerta que produce verduras, pero que durante siglos dependió del intercambio con otros lugares para completar la despensa.
La llamada olla de la Plana mezcla cardet (un tipo de cardo), garbanzos, nabos, arroz y embutido. Es una comida de invierno, contundente y ligada a la temporada en que el campo ofrece menos variedad. En la misma tradición aparecen los figatells —pequeñas piezas de carne e hígado especiados— y varias cocas dulces y saladas hechas con masa sencilla.
En algunas fiestas siguen preparándose dulces tradicionales, como las rosquillas asociadas a San Blas, elaboradas con anís o aguardiente. Muchas de estas recetas continúan circulando sobre todo en casas particulares.
Fiestas de barrio y bandas de música
Las fiestas de Santa Quiteria, en mayo, siguen organizándose en gran medida desde los barrios. Las calles se llenan de actos populares, música de banda y reuniones vecinales que mantienen un tono bastante local.
Los moros y cristianos también tienen presencia en el calendario festivo del municipio, con desfiles y disparos de arcabucería. En comparación con celebraciones más conocidas de la provincia, aquí la escala es menor y la participación sigue muy vinculada a las agrupaciones del propio pueblo.
La Semana Santa está documentada desde hace siglos. Las procesiones recorren calles estrechas del casco antiguo con imágenes de tamaño contenido, llevadas a hombros por cofrades.
Cómo recorrer el municipio
El casco histórico puede recorrerse a pie sin dificultad en alrededor de una hora. Desde el centro salen caminos que se internan en la huerta y conectan con el río.
La ruta junto al Mijares permite caminar desde los puentes cercanos al pueblo hasta la desembocadura, pasando por antiguos espacios agrícolas y por el molino de El Secà, hoy utilizado con fines educativos y ambientales.
Almassora tiene estación de tren en el límite con Castellón, con conexiones frecuentes hacia Valencia y el norte. Desde el núcleo urbano también hay transporte público que enlaza con la zona de playa.
Conviene llevar agua si se camina por la huerta en los meses cálidos: el terreno es completamente llano y la sombra escasea entre los naranjos.