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sobre Borriol
Municipio cercano a la capital con un rico pasado romano y medieval; conserva pinturas rupestres y un castillo que domina el valle desde lo alto
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El miliario romano está en la Casa Consistorial. Dice que estás a 298 millas pasos del inicio de la Vía Augusta. Eso es todo lo que queda del Imperio aquí: una piedra con números, encastrada en una pared gótica. Lo demás es trigo, naranjos y casas de obra vista que alguien decidió no tirar.
Cómo llegar y dónde dejar el coche
Desde Castellón son unos 12 minutos por la CV‑10. Sales del túnel, giras a la derecha y ya estás dentro. El pueblo empieza sin aviso: primero un polígono, luego un hipermercado, calles a medio hacer. Después aparece el casco antiguo, con el castillo arriba.
Aparcar suele ser fácil fuera de agosto. Si vienes entonces, paciencia. La plaza Mayor y las calles cercanas suelen tener huecos el resto del año. Para subir al castillo no intentes meter el coche. Déjalo abajo, cerca del cementerio, y sigue andando.
Lo que encontrarás (y lo que no)
El castillo es poco más que un montón de piedras con vallas. Se rodea rápido. Subes en diez minutos y bajas en cinco. La gracia está en mirar alrededor: huertos en terrazas, la plana abierta y, si el día sale claro, una línea de mar al fondo.
La iglesia de San Bartolomé cumple sin más. Portada renacentista, campanario alto y el interior típico de parroquia grande: retablos dorados, olor a cera, silencio a ratos.
La Casa Consistorial tiene más interés. Arco gótico del siglo XIV y piedra bien conservada. Dentro está el miliario romano. Entras, lo miras y listo. El pequeño museo municipal abre cuando abre; si te interesa, pregunta allí mismo.
Comer algo y cuándo hay ambiente
Aquí se cocina lo que se ha cocinado siempre en la Plana. La olla de la plana aparece en invierno algunos domingos. No siempre y no en todos sitios. Si coincide, bien; si no, no pasa nada.
La coca borriolenca es fina, con bacalao y cebolla. Se vende en varias panaderías del pueblo y suele comerse fría, sin ceremonia. También hay buena longaniza y miel de romero por la zona.
En el calendario, dos momentos con más movimiento. A finales de abril suelen celebrarse los Moros y Cristianos. Hay desfiles, pólvora y bastante gente que vuelve al pueblo esos días. En agosto llegan las fiestas patronales. Verbena, toros embolados y calor hasta de noche.
Durante Semana Santa hacen la subida al Calvario con antorchas, la llamada Nova Jerusalén. Si quieres verla, llega pronto. Las calles cercanas se llenan antes de empezar.
Ruta sin reclamo
Desde la plaza cruza la carretera y busca las marcas amarillas de la Vía Augusta. El camino es llano. Unos cinco kilómetros entre naranjos y algarrobos.
Por el camino aparece un pequeño tramo de calzada romana y algún mojón medio caído. No hay grandes explicaciones ni paneles. Tampoco bares ni fuentes. En verano el sol pega de frente, así que agua y gorra.
Consejo de sobrevivencia
Borriol funciona mejor como parada corta. Una vuelta por el casco antiguo, el castillo, el miliario y poco más. En una mañana está visto.
Luego sigues camino. Hacia la sierra o hacia la costa. Aquí la historia cabe en una piedra romana y el resto del día sigue con huertos de regadío y pan recién hecho. Así de simple.