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sobre Sant Joan de Moró
Municipio moderno con fuerte industria cerámica pero que conserva tradiciones; celebra una importante fiesta gastronómica y posee parajes naturales cercanos
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En Sant Joan de Moró, en la Plana Alta, la identidad municipal es relativamente reciente. Durante siglos fue un núcleo dependiente de Vilafamés, aunque con vida propia alrededor de la parroquia y de los campos que ocupan la llanura entre Castelló y el interior montañoso. Esa situación cambió a finales del siglo XX, cuando el pueblo pasó a constituirse como municipio independiente. La celebración más visible de ese proceso suele recordarse cada febrero con una comida popular de grandes dimensiones en la plaza.
De núcleo dependiente a municipio propio
La separación administrativa de Vilafamés no surgió de un día para otro. Sant Joan de Moró había crecido a lo largo del siglo XX gracias a la agricultura y a la cercanía con Castelló, y el vecindario llevaba tiempo reclamando gestionar desde aquí cuestiones cotidianas: urbanismo, caminos rurales o servicios básicos.
El término municipal se extiende por una franja de tierras rojizas bastante fértiles dentro de la Plana Alta. Tradicionalmente se cultivaron algarrobos, almendros y cereal de secano. Con el tiempo llegaron también los cítricos en las zonas más bajas y con mejor acceso al agua. Ese paisaje agrícola todavía explica buena parte de la economía local y del carácter del pueblo.
La iglesia de San Juan Bautista y el centro del pueblo
La iglesia parroquial de San Juan Bautista organiza el casco urbano. El edificio actual corresponde en gran parte al siglo XVIII, levantado sobre construcciones anteriores. No es un templo monumental, pero refleja bien la arquitectura parroquial de muchas localidades de la Plana: muros sobrios, teja árabe y un campanario que domina el caserío.
La plaza que se abre frente a la iglesia funciona como punto de encuentro. Desde aquí salen varias calles estrechas que conectan con huertos y parcelas cercanas al núcleo. Es un trazado sencillo, más funcional que monumental, propio de un pueblo que ha crecido poco a poco alrededor de la agricultura.
En algunos momentos del año la plaza cambia completamente de aspecto. Las celebraciones colectivas —comidas populares, actos festivos o mercados ocasionales— siguen concentrándose aquí, como ha ocurrido tradicionalmente.
Sant Antoni y las tradiciones con animales
Una de las celebraciones más arraigadas suele ser la de Sant Antoni, alrededor de mediados de enero. Como en muchos pueblos del interior de Castellón, la fiesta gira en torno a una gran hoguera y a la bendición de animales.
Caballos, perros y otros animales domésticos pasan ante el sacerdote mientras el vecindario se reúne alrededor del fuego. Es una costumbre muy extendida en la antigua área de influencia de la Orden de Montesa, donde los animales de trabajo tenían un papel fundamental en la vida diaria.
Después de la bendición se reparten dulces y panes ligados a la fiesta. En muchas casas todavía se preparan rollos o pastas aromatizadas con anís, que se conservan varios días.
Naranjos, algarrobos y agricultura de la Plana
El término de Sant Joan de Moró combina zonas de regadío con áreas de secano. Los cítricos ocupan las parcelas más productivas de la llanura, mientras que en las lomas siguen apareciendo algarrobos y almendros, árboles muy adaptados al clima de la comarca.
Las ramblas y barrancos que cruzan el término solo llevan agua de forma irregular, pero históricamente han servido para conducir escorrentías hacia la costa y marcar el relieve agrícola. Entre los campos todavía se conservan caminos rurales muy usados por agricultores y vecinos que se desplazan entre parcelas.
La actividad agrícola continúa teniendo peso, y no es raro ver movimiento en los almacenes y cooperativas del pueblo durante las campañas de recogida de cítricos.
Cómo llegar y moverse por Sant Joan de Moró
Sant Joan de Moró se encuentra a unos veinte minutos en coche de Castelló de la Plana. El acceso habitual es por la CV‑10, con desvío señalizado hacia el municipio. El transporte público es limitado, por lo que lo más práctico suele ser llegar en coche.
El casco urbano se recorre andando sin dificultad. Desde la plaza de la iglesia salen varias calles que suben ligeramente hacia las zonas más altas del pueblo, donde hay pequeños miradores naturales sobre la llanura de la Plana.
Si te interesa caminar, alrededor del municipio hay caminos agrícolas que conectan con otros pueblos cercanos como Vilafamés. Son trayectos sencillos, entre campos de cultivo, que permiten entender mejor el paisaje que ha marcado la historia del lugar.