Artículo completo
sobre Requena
Capital del vino y el embutido con un barrio medieval subterráneo impresionante
Ocultar artículo Leer artículo completo
El olor a mosto llega antes que las primeras casas, sobre todo en otoño. Se cuela por las ventanillas del coche al acercarse por la A‑3, una carretera que atraviesa la meseta de Utiel‑Requena dominada por viñedos. Hablar de turismo en Requena es hablar, inevitablemente, de vino. La variedad bobal, autóctona de esta comarca, ha configurado el paisaje y la organización de la ciudad durante siglos.
Cuevas y bodegas bajo el barrio de La Villa
La Villa es el núcleo fundacional de Requena. Su trazado conserva la herencia islámica en calles estrechas y tramos irregulares, con algunos portales que delatan el antiguo recinto amurallado.
Lo más característico, sin embargo, no está a la vista. Bajo muchas de las casas se excavaron cuevas para conservar y trabajar el vino. Son bodegas subterráneas abiertas en la roca, en ocasiones comunicadas entre sí. Funcionaron durante siglos como extensión de la vivienda: se bajaba desde la propia casa para almacenar tinajas, prensar la uva o mantener el vino en condiciones estables.
Hoy parte de ese entramado puede visitarse. Ayuda a comprender la lógica económica del barrio: primero el espacio para el vino, después las casas y finalmente las defensas. En la zona más alta se levanta la Torre del Homenaje, resto del sistema defensivo, desde donde se domina la llanura que se abre hacia Castilla.
El paréntesis de la seda
Aunque el vino define la imagen actual, hubo un periodo en que la economía local giró en torno a otra materia prima. Durante el siglo XVIII, la cría del gusano de seda y el trabajo de los telares tuvieron un peso considerable en Requena.
Esa etapa dejó huella en la arquitectura civil. Aparecen casas señoriales con portones amplios, patios interiores y fachadas donde se mezclan piedra y ladrillo. Algunas pertenecieron a familias vinculadas al comercio o a talleres textiles. El llamado Palacio del Cid —un nombre tradicional sin relación directa con el personaje histórico— es uno de los ejemplos más visibles de aquella arquitectura urbana.
Cuando el mercado europeo cambió y la seda dejó de ser rentable, la comarca volvió a centrarse en el viñedo. Muchas de aquellas casas quedaron como testimonio de ese paréntesis industrial.
Cocina de frontera
La gastronomía de Requena refleja su posición histórica de límite. Perteneció administrativamente a Castilla durante siglos, y esa influencia se percibe en algunos platos.
El gazpacho manchego aquí es un guiso caliente con carne de caza o de corral y trozos de torta cenceña. Se sirve en el centro de la mesa y se come directamente del recipiente.
También son habituales los embutidos curados —longanizas, morcón, chorizos— ligados a la tradición de las matanzas domésticas. En repostería aparecen dulces donde el vino o el mosto forman parte de la masa, algo coherente en una ciudad rodeada de viñedo.
La bobal y el ciclo de la vid
Requena forma parte de la denominación de origen Utiel‑Requena, una de las zonas vitivinícolas más extensas del interior valenciano. La bobal ocupa buena parte de las parcelas. Durante mucho tiempo se utilizó sobre todo para vinos jóvenes o mezclas, aunque en las últimas décadas algunas bodegas han trabajado la variedad con más cuidado.
La vendimia sigue marcando el calendario local. A finales de agosto o principios de septiembre suele celebrarse la Feria de la Vendimia, una fiesta muy arraigada. Más allá de esos días, el vino está presente todo el año en las cuevas del casco antiguo y en las bodegas que rodean el municipio.
Cómo moverse por la ciudad
La visita más lógica empieza en el barrio de La Villa. Desde la Torre del Homenaje se puede ir bajando por las calles que conducen a las cuevas visitables y a las plazas que articulan el barrio.
Cerca aparecen dos iglesias relevantes: Santa María, de origen medieval aunque muy transformada, y El Salvador, cuya portada renacentista es uno de los elementos artísticos más conocidos.
El centro histórico se recorre sin prisa en un par de horas. Conviene llevar calzado cómodo: las calles tienen pendiente y el pavimento cambia a menudo entre piedra y tramos más irregulares.
Quien llegue en tren encontrará la estación en la parte moderna; desde allí hay un paseo hasta el casco antiguo. Si se viene en coche, lo más práctico suele ser dejarlo en las zonas de aparcamiento del centro y continuar andando. El barrio histórico se entiende mejor a pie.