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sobre Guadassuar
Pueblo agrícola famoso por su Feria de San Vicente y danzas tradicionales
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Guadassuar tiene ese nombre que suena un poco a estornudo y un poco a historia antigua. Viene del árabe Wad Aswa, algo así como la orilla o ribazo del río. Cuando llegas entiendes el porqué: el pueblo está pegado al Magre y rodeado de huerta, como si alguien hubiera colocado las casas justo donde el terreno deja de ser campo abierto.
No es uno de esos sitios que llenan Instagram con miradores y casitas de colores. Guadassuar se parece más a ese bar de barrio que no presume de nada pero siempre tiene gente dentro. Vida normal de pueblo de la Ribera, huerta alrededor y un ritmo que no cambia demasiado porque vengan visitantes.
La iglesia que empezó siendo torre
Lo primero que llama la atención es el campanario. No tanto por altura, sino porque el resto del casco urbano es bastante bajo: calles tranquilas, casas de paredes gruesas y tejados que parecen hechos para aguantar veranos largos.
La iglesia de San Vicente Mártir se levanta sobre una antigua torre defensiva de época islámica. Algo bastante común por esta zona: se reutilizaban las estructuras que ya estaban allí y se levantaba encima el templo cristiano. Arquitectura práctica, digamos.
Dentro encontrarás retablos barrocos y varias imágenes devocionales que forman parte de la vida religiosa del pueblo desde hace siglos. Lo más curioso, si tienes ocasión, es subir al campanario. Desde arriba se ve la huerta extendiéndose hacia el Júcar como una alfombra verde. Eso sí, los escalones son estrechos y empinados; si acabas de comer, mejor tomárselo con calma.
Lo que se come cuando nadie está mirando
En pueblos como Guadassuar la cocina no suele aparecer en cartas bonitas ni en webs cuidadas. Funciona más por tradición que por escaparate.
La paella, por ejemplo, sigue el estilo de interior de la Ribera: arroz, verduras de temporada y carne —normalmente conejo—. Nada raro, pero hecha como se ha hecho siempre. A veces se cocina en casas o reuniones familiares, así que más que buscarla en un menú, lo habitual es que aparezca si alguien del pueblo te invita o coincide una comida popular.
Otro plato bastante conocido en la zona es la olla de la plana, un guiso contundente con arroz, alubias, verduras como cardos o nabos y lo que haya disponible. Es el típico plato que parece sencillo hasta que te das cuenta de que cada familia lo hace de una manera.
Luego están cosas más humildes pero muy de aquí: cocas con tomate, sardinas o verduras, rosquilletas anisadas que crujen como grava bajo las zapatillas y ese tipo de comida que en muchas casas sigue apareciendo en la mesa sin darle demasiada importancia.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
Las fiestas patronales giran alrededor de San Vicente Mártir y Sant Roc. Durante esos días hay procesiones, actos religiosos, música y bastante pólvora, como en muchos pueblos valencianos.
El ambiente es más de vecinos que de visitantes. Los jóvenes montan tracas, las familias se juntan en la calle y la plaza se llena de conversaciones que mezclan política local, fútbol y quién ha podado antes los naranjos ese año.
También suele celebrarse una feria relacionada con la tradición textil del pueblo —las mantas artesanas tuvieron bastante peso en Guadassuar— donde aparecen puestos de productos locales y artesanía. Es una de esas cosas que siguen vivas porque el pueblo quiere que sigan vivas.
Tres paseos sencillos por la huerta
Si te gusta caminar un rato después de comer, los alrededores dan bastante juego.
La ruta del Pi Redó es probablemente la más fácil. Es un paseo corto que llega hasta un gran pino piñonero aislado entre campos. No tiene misterio, pero ese árbol solitario en mitad de la huerta tiene algo curioso, como si llevara ahí viendo pasar generaciones.
También puedes seguir tramos de la Acequia Real del Júcar. Caminar junto a la acequia significa ir bordeando campos de naranjos y acequias secundarias. En primavera, cuando florecen, el aire huele a azahar de una forma bastante difícil de explicar si no lo has vivido.
Otra opción es acercarse hacia el río Magre por caminos agrícolas. Muchos vecinos lo hacen en bici o andando al atardecer. Son trayectos sencillos, sin grandes desniveles, pero con ese paisaje agrícola típico de la Ribera.
Cómo llegar y cuándo venir
Guadassuar está a unos treinta y pocos kilómetros de Valencia. En coche se llega rápido usando las autovías que cruzan la Ribera y luego carreteras comarcales. También hay conexión ferroviaria en la línea de cercanías que atraviesa esta parte de la provincia.
La primavera es probablemente el momento más agradecido: campos verdes y olor a azahar por todas partes. El verano aquí se hace serio; calor, humedad y mosquitos del río haciendo guardia. Otoño suele traer una luz suave sobre los campos y bastante actividad agrícola. En invierno el pueblo está tranquilo, casi pausado.
¿Merece la pena acercarse? Depende de lo que busques. Guadassuar no juega a ser un decorado para visitantes. Es más bien un pueblo que sigue con su vida y donde, si pasas un rato paseando por la huerta o tomando algo en la plaza, te haces una idea bastante clara de cómo funciona la Ribera Alta cuando no hay cámaras delante. Y a veces eso es justo lo interesante.