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sobre Montroy
Conocido por la Feria Valenciana de la Miel y su torre árabe
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El turismo en Montroy tiene que entenderse desde su posición en la Ribera Alta, a unos 30 kilómetros de Valencia, en la transición entre la llanura agrícola de la ribera del Júcar y las primeras ondulaciones del interior. Con algo más de 3.000 habitantes, el municipio ha vivido durante generaciones de la agricultura y esa relación con la tierra sigue marcando tanto el paisaje como la vida diaria.
No es un lugar de grandes monumentos ni de calles pensadas para el paseo turístico. Montroy se entiende mejor como un pueblo agrícola valenciano que ha crecido con el tiempo, adaptándose a nuevas viviendas y urbanizaciones sin perder del todo la estructura básica del núcleo original.
El núcleo del pueblo y la iglesia parroquial
El centro de Montroy se organiza alrededor de unas pocas calles que confluyen en la plaza y en los edificios municipales. Es un trazado sencillo, propio de muchos pueblos del interior valenciano, donde la vida pública sigue concentrándose en ese pequeño espacio central.
La Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol, levantada probablemente en el siglo XVIII y reformada en distintas etapas posteriores, marca el perfil del casco urbano con su campanario. El edificio es sobrio, sin grandes alardes decorativos, algo bastante común en las parroquias rurales de esta parte de la provincia. Más que por su arquitectura, la iglesia tiene peso por su función: durante siglos ha sido el punto de reunión en celebraciones religiosas y en momentos importantes para el pueblo.
Alrededor se conservan viviendas de una o dos alturas, muchas de ellas reformadas. Algunas aún mantienen elementos de la arquitectura doméstica tradicional: portones amplios pensados para carros, patios interiores y fachadas sencillas orientadas a la calle.
Campos de cítricos y sistema de riego
Al salir del casco urbano aparecen enseguida los campos que explican la economía local. En torno a Montroy predominan los cítricos —sobre todo naranjos— junto a olivos y pequeñas parcelas de huerta. El paisaje es el de una agricultura intensiva pero fragmentada en muchas fincas pequeñas.
Las acequias forman parte de ese paisaje. Algunas siguen el trazado histórico del sistema de riego tradicional valenciano, que distribuye el agua desde canales principales hacia parcelas más pequeñas. No siempre son visibles desde la carretera, pero recorren buena parte del término municipal y han sido fundamentales para mantener los cultivos durante siglos.
A diferencia de otras zonas de la provincia, aquí el arroz prácticamente no aparece: el relieve y la distancia respecto a las marjales hacen que el cultivo dominante sea el cítrico.
Caminos rurales alrededor del término
Los alrededores de Montroy se recorren sobre todo por caminos agrícolas. Son vías usadas a diario por agricultores y vehículos de trabajo, pero también permiten caminar o ir en bicicleta entre parcelas de cultivo.
No es un territorio de grandes rutas señalizadas, pero sí de trayectos cortos que ayudan a entender cómo funciona el paisaje agrícola de la Ribera Alta. Durante la campaña de recogida de la naranja —normalmente en invierno— es habitual cruzarse con cuadrillas trabajando y remolques cargados de fruta camino de los almacenes.
Fiestas que siguen marcando el calendario
Las fiestas patronales de San Pedro Apóstol, a finales de junio, siguen siendo uno de los momentos centrales del año. Procesiones, actos religiosos y actividades populares ocupan varios días y reúnen a buena parte del vecindario.
En marzo también se celebran las Fallas, aunque en una escala mucho más pequeña que en Valencia o en los grandes municipios de la comarca. El ambiente es más local y los monumentos suelen ser de dimensiones modestas.
Durante la Navidad, el ayuntamiento y las asociaciones del pueblo organizan actos comunitarios que suelen implicar a muchos vecinos. En pueblos de este tamaño, ese calendario festivo sigue funcionando como punto de encuentro.
Cómo llegar y moverse
Montroy está a unos 35 minutos en coche de Valencia, normalmente por la CV‑50 y carreteras comarcales que atraviesan la Ribera Alta. El transporte público existe, pero suele tener frecuencias limitadas.
El pueblo se recorre andando sin dificultad. Para explorar los caminos agrícolas o acercarse a otros municipios de la comarca, lo más práctico sigue siendo el coche.