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sobre Sellent
Pueblo agrícola atravesado por el río Sellent con puente nuevo
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Sellent es como cuando paras el coche en una carretera secundaria porque ves naranjos a ambos lados y piensas: “aquí alguien vive, pero sin demasiado ruido”. No hay carteles gigantes ni autobuses. Es más bien ese tipo de pueblo que sigues encontrando en la Ribera Alta cuando te sales un poco de la ruta habitual.
Con unos pocos cientos de vecinos, Sellent sigue funcionando como un pueblo agrícola de los de toda la vida. Calles rectas, casas bajas y ese silencio que solo se rompe cuando pasa un tractor o cuando alguien charla desde una puerta. Aquí el campo no es decorado: es el trabajo diario y el paisaje que manda.
Lo que domina el término son los cítricos. Kilómetros de huerta ordenada, con acequias que a veces apenas se ven entre las plantas y casetas de campo desperdigadas entre naranjos y limoneros. Caminar por los caminos rurales no tiene misterio ni grandes hitos, pero ayuda a entender cómo sigue funcionando esta parte de la Ribera.
Qué ver en Sellent
El centro del pueblo gira alrededor de la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción. Es un edificio sencillo, de los que no llaman la atención desde lejos pero acaban siendo el punto donde todo se organiza alrededor. Según suele citarse en documentos locales, la iglesia actual se levantó en el siglo XVIII.
La plaza que la rodea es pequeña y bastante tranquila. Bancos, algunos árboles y fachadas encaladas que no han cambiado demasiado en décadas. Si pasas a media tarde es fácil ver a vecinos sentados hablando, que al final es el verdadero pulso del pueblo.
Alrededor salen calles como el Carrer Major o la Calle Nova. Casas de una o dos plantas, portones grandes que antes servían para guardar herramientas o carros, y balcones sencillos con macetas. No es un casco histórico monumental; es más bien un pueblo que ha seguido usando sus casas sin preocuparse demasiado por “ponerlas bonitas” para nadie.
Si sales unos metros hacia las afueras empiezan las huertas. Ahí aparecen algunas alquerías tradicionales y caminos agrícolas que se meten entre parcelas perfectamente alineadas. Después de llover el suelo queda apelmazado y el olor a tierra húmeda se mezcla con el de los cítricos. Es el paisaje típico de esta parte de Valencia.
Caminar entre huertas
Gran parte de lo que se puede hacer en Sellent consiste, básicamente, en andar. Pero de ese andar sin prisa, como cuando sales a estirar las piernas después de comer.
Los caminos agrícolas alrededor del pueblo son llanos y fáciles de seguir. Muchos siguen el trazado de acequias que todavía organizan el riego de las huertas. Algunas van a cielo abierto; otras pasan soterradas, adaptadas a sistemas de riego más modernos.
Mientras avanzas vas viendo casetas, herramientas apoyadas junto a los campos y parcelas perfectamente alineadas. Es una buena forma de entender cómo se mantiene una agricultura muy antigua que, poco a poco, también ha tenido que adaptarse a maquinaria y sistemas nuevos.
No es una ruta señalizada ni un recorrido turístico como tal. Es más bien el paisaje cotidiano del pueblo.
Si te apetece moverte un poco más
Para una caminata tranquila tienes terreno de sobra alrededor del municipio. Los caminos son bastante llanos, así que una vuelta de una hora o algo más se hace sin demasiado esfuerzo.
Con bicicleta también se presta bastante. Muchas pistas agrícolas están asfaltadas o compactadas y permiten enlazar con otros pueblos de la Ribera. No esperes rutas de montaña ni desniveles fuertes; aquí todo es más horizontal, como corresponde a la huerta.
En primavera suele notarse mucho el azahar cuando los naranjos florecen. El olor aparece de repente mientras vas por el camino, aunque no siempre dura muchos días. En otoño el paisaje cambia con la recolección de mandarinas y otros cítricos, y es habitual ver campos en plena faena.
Fiestas y costumbres
Las celebraciones del pueblo siguen bastante ligadas al calendario tradicional. San Antonio Abad, en enero, suele incluir la bendición de animales, algo muy común en muchos pueblos valencianos. Perros, caballos y lo que traiga cada vecino pasan por delante de la iglesia.
En verano se celebran las fiestas patronales dedicadas a la Inmaculada Concepción. Procesiones, actos religiosos y comidas populares que reúnen a vecinos y a gente que vuelve esos días al pueblo.
En la mesa manda el arroz, como en casi toda la zona. Recetas sencillas, muchas veces con verduras de la huerta: alcachofas, judías verdes o acelgas. Cocina muy de casa, de la que se ha hecho siempre.
Cuándo ir
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores. Temperaturas suaves y bastante actividad en los campos.
En verano el calor aprieta, como en toda la Ribera, y a mediodía cuesta estar mucho rato al sol. Si vas en esos meses, mejor moverse temprano o al caer la tarde.
El invierno es tranquilo. Menos movimiento, pero también ese silencio de pueblo pequeño que a veces es justo lo que uno busca.
Lo que conviene saber antes de ir
Sellent es pequeño. Muy pequeño. El centro se recorre en poco tiempo y no hay grandes monumentos ni museos.
Pero pasa algo curioso: cuando sales del casco urbano y empiezas a caminar entre huertas, el sitio gana bastante. No por algo espectacular, sino porque sigue funcionando como siempre. Tractores, acequias, campos alineados y vecinos trabajando la tierra.
Si te acercas esperando un pueblo de postal, probablemente se te quede corto. Si te gusta entender cómo es la vida agrícola en la Ribera Alta, entonces sí tiene sentido parar un rato y mirar alrededor.