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sobre Cullera
Importante destino turístico con castillo sobre la montaña playas y desembocadura del Júcar
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Hay pocos lugares en la costa valenciana donde el relieve explique tanto. Cullera se organiza alrededor de una colina caliza de unos 170 metros que se levanta justo donde el Xúquer termina su recorrido y se abre al Mediterráneo. Río, mar y roca coinciden en el mismo punto. Ese cruce ha condicionado el pueblo durante siglos.
Desde casi cualquier calle se ve la ladera coronada por el castillo. No es solo una referencia visual. Durante mucho tiempo fue la forma de controlar la entrada al río, que funcionó como vía natural hacia el interior valenciano.
La roca que eligió un califa
El Castillo de Cullera tiene origen islámico. En el siglo X, el poder omeya necesitaba vigilar la desembocadura del Xúquer y este promontorio ofrecía una posición clara sobre la costa. Desde aquí se controlaba el tráfico marítimo y se podían enviar avisos hacia Valencia si aparecían naves enemigas.
La fortaleza formaba parte de una red de vigilancia que recorría buena parte del litoral. Hoy queda solo una parte del recinto original, pero la topografía sigue explicando su eficacia defensiva. El acceso es empinado y obliga a subir en zigzag por la ladera, un trazado que todavía se utiliza.
Desde la llamada Torre de la Reina Mora se entiende bien el territorio. Hacia el interior aparecen los arrozales del delta. Más allá se dibuja la sierra de Corbera. El río, que hoy parece tranquilo, fue durante siglos la verdadera vía de comunicación comercial de la zona.
Cuando el mar trajo problemas
A varios kilómetros del centro aparece la torre del Marenyet. Hoy queda aislada entre campos de arroz, pero en el siglo XVI formaba parte del sistema defensivo de la costa valenciana frente a los ataques corsarios.
Las incursiones eran frecuentes. Una de las más recordadas ocurrió a mediados del siglo XVI, cuando el corsario otomano Dragut atacó la población. Parte del vecindario fue capturado y trasladado al norte de África. La llamada Cueva de Dragut, en la falda del monte del castillo, recuerda ese episodio.
Tras estos ataques se levantaron torres de vigilancia a lo largo de la costa. Funcionaban como puestos de alerta. Si una detectaba velas sospechosas, se encendían señales de humo o fuego que repetían las torres vecinas. En condiciones de buena visibilidad, el aviso podía llegar a Valencia en poco tiempo.
El arroz que cambió el paisaje
El arroz llegó a estas tierras en época andalusí, aunque el gran cambio del paisaje se produjo mucho más tarde. Durante el siglo XIX se ampliaron y organizaron los cultivos del delta mediante acequias y caminos elevados que todavía estructuran el territorio.
El aspecto del entorno varía mucho según el momento del año. En primavera los campos quedan cubiertos de agua y reflejan el cielo. A finales de verano el arroz domina el paisaje con un verde denso que después vira hacia tonos dorados.
Esa agricultura también explica buena parte de la cocina local. La paella aquí suele seguir la tradición valenciana: conejo, pollo y garrofó, una alubia grande muy usada en la huerta valenciana. El all i pebre, elaborado con anguila del río, procede de las antiguas barracas de pescadores del Xúquer. Es un guiso directo, con ajo, pimentón y patata, donde el punto del sofrito marca la diferencia.
En otoño todavía se ven pescadores colocando nasas en algunos tramos del río cuando las anguilas descienden hacia el mar.
Subir al castillo y bajar a la mar
El recorrido más lógico por Cullera empieza hacia arriba. Desde la zona del mercado, el Camino del Calvario sube por la ladera durante unos ochocientos metros. La pendiente es constante y las vistas se van abriendo poco a poco sobre el pueblo y la desembocadura.
En la parte alta, junto al castillo, se levanta el santuario de la Virgen del Castillo. El edificio actual es del siglo XIX y tiene un aire historicista que contrasta con las murallas cercanas. Dentro se conservan exvotos marineros, recuerdo de promesas hechas tras temporales o naufragios evitados.
Al descender hacia la costa aparece la zona del Faro. La playa queda resguardada por la propia montaña. Detrás se encuentra el Estany, una laguna litoral conectada con el mar donde a veces se observan aves acuáticas. Un camino rodea parte de la laguna y continúa hacia el faro de Cullera, levantado en el siglo XIX sobre restos defensivos anteriores.
Desde ese punto se ve bien el puerto actual y la línea recta del dique.
Cómo moverse por Cullera
Cullera tiene estación de tren con conexión de cercanías hacia Valencia. El trayecto suele rondar la media hora y la estación queda cerca del centro.
Quien llegue en coche encontrará aparcamiento con relativa facilidad fuera de los meses de mayor afluencia veraniega. El acceso al castillo también puede hacerse por carretera, aunque la subida a pie permite entender mejor la posición estratégica del cerro.
La torre del Marenyet queda a varios kilómetros del casco urbano, en medio del paisaje de arrozales. Para llegar hasta allí lo más práctico es desplazarse en coche o bicicleta por las carreteras locales que atraviesan el delta.