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sobre Potries
Pueblo con gran tradición alfarera y la ruta del agua de la Safor
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¿Sabes cuando pasas por un pueblo pequeño en coche y piensas “aquí no parece pasar gran cosa”, pero si te bajas un rato descubres que la cosa tiene más miga de lo que parecía? Algo así ocurre con Potries, en la comarca de la Safor, a unos 65 kilómetros de Valencia. No hay monumentos gigantes ni colas de visitantes, pero sí un pueblo que sigue funcionando como pueblo de huerta.
Potries ronda los 1.100 habitantes y mantiene ese ritmo que todavía depende del campo. Basta salir dos calles del centro para verlo claro: parcelas de naranjos, acequias que siguen llevando agua y caminos agrícolas por los que pasan más tractores que coches. No es una postal; es la huerta valenciana trabajando.
El centro de Potries, pequeño y fácil de recorrer
La iglesia parroquial de Santa Ana marca el centro del pueblo. El campanario se ve desde varios accesos y sirve un poco de referencia para orientarte cuando llegas por primera vez. Por fuera es bastante sobria, pero dentro conserva retablos y detalles que recuerdan que este tipo de templos han sido durante siglos el punto de reunión del pueblo.
El casco urbano se recorre en un rato. Calles estrechas, casas bajas, balcones de hierro y ese silencio típico de los pueblos donde la vida va más despacio. A veces lo rompe el sonido de una moto pasando o alguien hablando desde una ventana. Nada extraordinario, pero precisamente ahí está la gracia.
La plaza del Ayuntamiento funciona como punto de reunión y punto de partida para caminar hacia la huerta. En cuanto sales del núcleo urbano empiezan a aparecer acequias y caminos agrícolas. Algunas canalizaciones conservan trazados antiguos que todavía se usan para regar los campos.
Si te interesa cómo funciona el riego tradicional en la huerta valenciana, aquí se entiende bastante bien simplemente paseando y mirando alrededor.
Caminar entre huerta y acequias
Los alrededores de Potries se prestan a paseos tranquilos. No hablamos de rutas de montaña ni de grandes senderos señalizados: son caminos agrícolas entre parcelas de cítricos, acequias y pequeños puentes de obra.
Es ese tipo de paseo en el que vas charlando mientras caminas sin prisa. De vez en cuando pasa alguien trabajando en el campo, o aparece una caseta agrícola entre los árboles.
En primavera, cuando florecen los naranjos, el olor a azahar se nota bastante. Si no lo has vivido nunca, sorprende lo intenso que puede llegar a ser después de un rato caminando.
Comer en la Safor: arroces y cocina de huerta
Potries está a pocos minutos de Gandia y de la costa, así que la cocina de la zona mezcla bastante bien productos del campo y del mar. En la comarca son habituales los arroces —secos o melosos— y muchos platos tiran de verduras de huerta, aceite de oliva y pescado cercano.
No esperes cocina complicada. Aquí manda más bien la lógica de la cocina de casa: ingredientes cercanos y recetas que llevan años repitiéndose.
Las fiestas y el calendario del pueblo
Las fiestas patronales suelen celebrarse a finales de julio en honor a Santa Ana. Durante esos días el pueblo cambia bastante: hay actos religiosos, música en la calle y bastante más movimiento de lo habitual. Si coincides con esas fechas verás el pueblo en su versión más animada.
La Semana Santa también tiene presencia en el calendario local, con procesiones que recorren el centro del pueblo por la noche.
Y, como en muchos pueblos de la Safor, el ciclo del año sigue muy ligado a los cítricos. La recogida de la naranja marca buena parte del invierno, cuando los campos están en plena actividad.
Cómo llegar a Potries
Desde Valencia se llega en aproximadamente una hora por la A‑7 o la AP‑7 en dirección Gandia. Desde allí apenas hay unos minutos por carreteras comarcales hasta el pueblo.
Una vez en Potries no hace falta coche para recorrer el centro, pero sí viene bien si quieres moverte por los caminos de la huerta o acercarte a otros pueblos de la Safor.
Si preguntas por cuándo ir, la primavera suele ser un buen momento para caminar por los alrededores sin el calor fuerte del verano. Además, coincide con la floración de los naranjos, y el paisaje cambia bastante respecto a otras épocas del año.