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sobre Tibi
Pueblo tranquilo famoso por tener el pantano en funcionamiento más antiguo de Europa
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El agua se vuelve dorada cuando el sol empieza a caer detrás de las lomas. En el Pantano de Tibi, a esa hora, apenas se oye nada: alguna rama que cruje, el roce del viento entre los pinos. El turismo en Tibi suele empezar aquí, con unos minutos quieto frente a la presa de piedra.
A unos treinta minutos de Alicante, el pueblo aparece recogido entre montes. Tiene algo más de 1.700 habitantes y se mueve a un ritmo que todavía depende del campo y de la carretera que sube desde la costa. Las calles son estrechas, con casas pegadas unas a otras, y el paisaje alrededor manda más que cualquier plan.
El Pantano al caer la tarde
El embalse es la pieza más conocida. Se construyó en el siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, y durante mucho tiempo fue una de las presas más altas de su época.
Desde ciertos puntos del camino se ve la pared de piedra levantándose entre montañas secas. El contraste entre la roca clara y el verde oscuro de los pinos es fuerte, sobre todo cuando el sol cae de lado. Algunas zonas cercanas a la presa no siempre están abiertas; conviene informarse antes si se quiere llegar hasta el pie de la estructura.
A última hora suele haber menos gente. El aire baja más fresco desde el barranco.
Calles y campanas
En el centro todo ocurre despacio. Las campanas de la iglesia de la Transfiguración del Señor marcan las horas con un sonido que se escucha en casi todo el casco urbano.
La fachada conserva rasgos barrocos y una presencia sólida, sin grandes adornos. En los bancos de alrededor suele haber vecinos charlando cuando cae la tarde. El eco de las voces se mezcla con el ruido de alguna persiana que baja.
Caminar por estas calles no lleva mucho tiempo. En pocos minutos se pasa de la plaza a los bordes del casco urbano, donde empiezan los caminos de tierra.
Los restos del castillo
Sobre el pueblo quedan los restos del antiguo castillo. No es una visita larga. Son ruinas que apenas levantan unos muros, pero desde allí arriba el valle se abre bastante.
El paisaje tiene algo áspero: bancales antiguos, manchas de pinar y montañas que cambian de color según la hora. Al atardecer la luz entra lateral y el relieve se marca mucho más. Los días claros incluso se intuye la línea lejana del mar.
El acceso tiene tramos con pendiente; conviene subir con calzado cómodo.
Caminos alrededor del agua
Una de las rutas más habituales bordea parte del pantano. El camino mezcla tramos de pista y sendero y no suele ser complicado, aunque el terreno es seco y pedregoso en algunos puntos.
Desde la orilla el embalse parece más grande de lo que se aprecia desde la carretera. A medida que el camino gana algo de altura aparecen otras perspectivas del valle.
En verano el calor aprieta pronto. Lo más sensato es salir temprano y llevar agua suficiente. La sombra no abunda en todos los tramos.
Para caminatas más largas están las sierras cercanas. Algunas subidas acumulan bastante desnivel, pero permiten ver la transición entre el interior montañoso y la franja litoral cuando el día está despejado.
Cuándo ir y cómo moverse
La primavera y el otoño son los momentos más agradecidos para recorrer Tibi. El monte huele a tomillo después de las lluvias. En verano el sol cae fuerte a partir del mediodía.
En agosto el pueblo suele animarse con las fiestas patronales dedicadas a la Transfiguración del Señor. Durante esos días hay más movimiento en las calles y se escuchan bandas de música por la noche.
La forma más sencilla de llegar es en coche desde Alicante, siguiendo la carretera que se dirige hacia Jijona y luego sube hacia el interior. El transporte público existe pero no siempre tiene muchas frecuencias; conviene mirarlo con antelación.
Si se busca silencio, lo mejor es llegar temprano. A primera hora de la mañana el pueblo todavía está medio dormido y el aire del valle llega frío desde el pantano. Es un momento breve, pero dice bastante de cómo es Tibi sin visitantes.