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sobre Benicolet
Pueblo agrícola tranquilo rodeado de barrancos y naturaleza ideal para el descanso
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En el corazón de la Vall d'Albaida, donde las montañas valencianas se suavizan en colinas cubiertas de naranjos y olivos, se encuentra Benicolet, un pequeño tesoro de apenas 600 habitantes que conserva intacto el encanto de la Valencia más auténtica. A 241 metros de altitud, este pueblo de origen árabe invita a descubrir la esencia de un territorio donde el tiempo parece haberse detenido entre calles empedradas y casas tradicionales de piedra.
Benicolet es uno de esos destinos que sorprenden por su capacidad de enamorar sin grandes alardes. Su nombre, de clara raíz árabe, nos habla de siglos de historia plasmados en cada rincón, desde sus fuentes naturales hasta sus antiguos bancales que dibujan el paisaje como terrazas suspendidas en el tiempo. Aquí, lejos del bullicio turístico, se puede experimentar la Valencia rural en estado puro, donde cada paseo se convierte en un viaje al pasado y cada conversación con sus habitantes descubre nuevas historias.
Qué ver en Benicolet
El patrimonio de Benicolet habla de siglos de convivencia entre culturas. La iglesia parroquial de San Pedro Apóstol preside el núcleo urbano con su sobria elegancia, un templo que ha sido testigo de generaciones de familias del pueblo y guarda en su interior retablos e imágenes de gran valor devocional para la comunidad local.
Pero si algo caracteriza verdaderamente a Benicolet son sus fuentes naturales, que han dado vida al pueblo durante siglos. La Fuente de la Salud y otras fuentes menores crean pequeños oasis de frescor que invitan al descanso y la contemplación. Estos manantiales no solo han sido vitales para el abastecimiento del pueblo, sino que han moldeado un microclima especial que favorece la vegetación mediterránea.
El casco histórico conserva la estructura urbana tradicional valenciana, con calles estrechas que protegen del sol estival y casas de mampostería que muestran las técnicas constructivas ancestrales. Pasear por sus calles es descubrir rincones inesperados: pequeñas plazas donde se reúnen los vecinos al atardecer, balcones floridos que aportan color a las fachadas de piedra, y antiguos portales que evocan tiempos pasados.
Los alrededores del pueblo ofrecen paisajes típicamente valencianos, con campos de naranjos que en primavera inundan el aire con el aroma del azahar, y olivares centenarios que trepa por las laderas creando un mosaico verde plateado especialmente bello al amanecer y al atardecer.
Qué hacer
Benicolet es un destino perfecto para el turismo de desconexión. Sus dimensiones reducidas lo convierten en el punto de partida ideal para rutas de senderismo que permiten conocer la comarca de la Vall d'Albaida. Los senderos que parten del pueblo se adentran en barrancos y colinas donde crecen pinos, encinas y el típico matorral mediterráneo.
La gastronomía local merece una mención especial. Aunque el pueblo no cuenta con una gran oferta hostelera, las fiestas y eventos comunitarios son una excelente ocasión para degustar platos tradicionales como el arroz al horno, la paella valenciana elaborada con productos de la huerta local, y dulces caseros preparados según recetas familiares transmitidas de generación en generación.
Los amantes de la fotografía encontrarán en Benicolet un escenario perfecto para capturar la esencia de la Valencia rural. Los campos de naranjos en flor, los juegos de luz entre las calles del pueblo, y las vistas panorámicas desde las zonas elevadas ofrecen infinitas posibilidades creativas.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Pedro Apóstol se celebran a finales de junio, transformando las tranquilas calles de Benicolet en un escenario de alegría y tradición. Durante estos días, el pueblo se viste de gala con decoraciones florales y los vecinos participan en procesiones, actos religiosos y celebraciones que refuerzan los lazos comunitarios.
En agosto tienen lugar las fiestas de verano, que suelen incluir verbenas populares, competiciones deportivas y actividades para todas las edades. Estas celebraciones son especialmente entrañables porque permiten a los visitantes participar en la vida social del pueblo y conocer de primera mano las tradiciones locales.
La festividad de San Antonio Abad, en enero, mantiene viva la tradición rural con la bendición de animales y la preparación de dulces típicos. Es una celebración que conecta directamente con el pasado agrícola del municipio y que los más mayores del pueblo conservan con especial cariño.
Información práctica
Para llegar a Benicolet desde Valencia, la ruta más cómoda es tomar la A-7 en dirección sur hasta la salida de Játiva, y después seguir por carreteras comarcales durante aproximadamente 20 kilómetros. El trayecto total desde la capital valenciana es de unos 80 kilómetros y se completa en poco más de una hora.
La mejor época para visitar Benicolet es durante la primavera y el otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el campo luce especialmente hermoso. La primavera ofrece el espectáculo del azahar en flor, mientras que el otoño regala colores dorados en los campos y una luz especial para disfrutar de los paisajes.
Dado su tamaño reducido, Benicolet se puede conocer perfectamente en una jornada, aunque la experiencia se enriquece enormemente si se combina con la visita a otros pueblos cercanos de la Vall d'Albaida. Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar por las calles empedradas y no olvidar la cámara de fotos para inmortalizar los rincones más fotogénicos de este pequeño paraíso valenciano.