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sobre Benigànim
Localidad con importante patrimonio religioso y devoción a la Beata Inés
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Hablar de turismo en Beniganim obliga a empezar por el barrio de la Illeta. Aquí el trazado no sigue líneas rectas: callejones que se estrechan, se abren un poco y vuelven a cerrarse. No parece casual. Este pequeño laberinto de casas encaladas y calles empedradas suele señalarse como el núcleo más antiguo del pueblo y uno de los pocos lugares donde todavía se adivina la antigua alquería musulmana que estuvo aquí en torno al siglo XII. Tras la conquista cristiana del XIII, el asentamiento continuó creciendo en la llanura fértil del Albaida, donde desde hace siglos se cultiva con intensidad.
De alquería a villa
Durante buena parte de su historia, Beniganim dependió administrativamente de Xàtiva, a poca distancia. La separación llegó a comienzos del siglo XVII, cuando el crecimiento agrícola —sobre todo ligado al vino— dio al lugar suficiente peso económico como para pedir jurisdicción propia.
De esa época es la iglesia de San Miguel, el edificio que organiza la plaza principal. El templo empezó a levantarse a principios del siglo XVII y tardó varias décadas en completarse. La fachada de piedra clara, bastante sobria, responde al lenguaje renacentista que todavía dominaba entonces en muchas iglesias valencianas.
La iglesia del Cristo tiene una historia más compleja. Parte del edificio se asocia a estructuras anteriores, posiblemente vinculadas a la antigua mezquita, y la torre se suele fechar en torno al siglo XIII. Sin embargo, el crucero y otras partes se reformaron siglos después, ya en época barroca. El resultado es un edificio con capas distintas, algo frecuente en los pueblos que han ido transformando sus templos a lo largo del tiempo.
Por el término municipal se reparten varias ermitas. Muchas están vinculadas a antiguos caminos o a pequeñas partidas agrícolas: la Purísima en dirección a Xàtiva, San José hacia la Solana o San Francisco cerca de la font de la Teula.
La beata que marcó la memoria local
En 1625 nació aquí Josefa María Albiñana, conocida como Inés de Benigànim. Ingresó en un convento agustino y murió a finales del siglo XVII con fama de santidad. Su proceso de reconocimiento eclesiástico fue largo; finalmente, el papa León XIII la declaró beata en el siglo XIX.
El convento de la Purísima y Beata Inés conserva espacios vinculados a su vida, incluida la celda donde vivió. También guarda objetos relacionados con la tradición devocional que se desarrolló en torno a su figura. En el pueblo su memoria sigue muy presente.
El tiempo de las neveras
En las laderas cercanas al pueblo aparecen varias neveras o pozos de nieve. Son construcciones excavadas en la roca donde se almacenaba nieve prensada durante el invierno para conservarla durante meses. Este sistema abasteció a ciudades cercanas antes de la generalización del hielo industrial.
La llamada nevera del Tossal es una de las mejor conservadas. Tiene forma cilíndrica y todavía se aprecia el sistema de acceso interior. El trabajo de los llamados neveros era duro y estacional: recoger nieve, compactarla y cubrirla con capas vegetales para retrasar el deshielo. En muchos lugares esta actividad desapareció entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, cuando el hielo empezó a producirse de forma industrial.
Arroz con costra y cocina de casa
Hay una fecha muy señalada en el calendario local: el jueves anterior al Miércoles de Ceniza. Ese día se celebra la jornada de les cassoles, cuando muchas casas preparan arroz con costra. La receta combina arroz con carne de cerdo, embutido y garbanzos, rematado con una capa de huevo que cuaja en el horno.
Durante el resto del año siguen apareciendo platos de cocina doméstica muy ligados al campo de la Vall d'Albaida. La llamada olla de recapte, con legumbres, patata y verduras, es habitual en comidas familiares. En muchas casas antiguas todavía se ven despensas y cocinas pensadas para curar embutido durante el invierno.
Subir al Calvario
Desde la plaza Mayor se puede subir al Calvario en unos quince minutos. El camino asciende entre bancales agrícolas donde todavía se mezclan naranjos, almendros y algarrobos. Arriba se encuentra la ermita y un pequeño mirador natural.
Desde ese punto se entiende bien la posición del pueblo: la trama urbana extendida sobre la llanura del Albaida y, al fondo, las laderas de la sierra de la Solana. En esa zona se han documentado restos arqueológicos muy antiguos, algunos asociados a ocupaciones prehistóricas.
Otra excursión cercana recorre las fuentes y antiguos hornos de cal del entorno. Los hornos, de planta circular, servían para transformar la piedra calcárea en cal mediante largas cocciones. Hoy quedan como estructuras medio integradas en el paisaje. Las fuentes —la Teula, la Salut o la Fonteta— marcan puntos donde el agua aflora y donde tradicionalmente se hacía parada.
Cómo llegar y cuándo
Beniganim está en la comarca de la Vall d’Albaida, al sur de la provincia de Valencia. Se llega por carretera desde la A‑7 enlazando con la CV‑60. También cuenta con estación de Cercanías en la línea que conecta con Valencia.
El mercado semanal suele celebrarse los miércoles por la mañana. En verano tienen lugar las fiestas de Moros y Cristianos, muy arraigadas en la comarca. Fuera de las fechas festivas, el ritmo es tranquilo: basta caminar por la Illeta y las calles que la rodean para entender cómo ha ido creciendo el pueblo a partir de aquel núcleo antiguo.