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sobre Bufali
Pequeño pueblo agrícola rodeado de campos de secano y regadío
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A primera hora de la mañana, cuando el sol todavía tarda en asomar por encima de las lomas de la Vall d’Albaida, Bufali huele a tierra húmeda y a leña apagada de la noche anterior. En la entrada del pueblo apenas se oye más que algún pájaro y el ruido de una persiana que se levanta. Bufali, con algo más de ciento sesenta habitantes, cabe en unas pocas calles donde todavía suenan los pasos sobre el pavimento y las puertas viejas crujen al abrirse.
No suele aparecer en itinerarios muy planificados, y quizá por eso conserva una sensación tranquila, casi doméstica. Los campos que rodean el núcleo cambian bastante según la estación: en primavera las laderas se vuelven de un verde denso, mientras que en otoño los almendros y los olivos toman tonos más apagados, entre gris y dorado. Cuando sopla algo de viento llega el olor de la huerta y de la madera seca que se guarda en corrales y almacenes.
Un paseo por sus raíces arquitectónicas
La iglesia de Nuestra Señora del Loreto ocupa el centro del pueblo, visible desde casi cualquier calle corta que desemboca en la plaza. No es un edificio grande. Tiene una fachada sencilla, de líneas limpias, con ese tono claro del yeso que bajo la luz de la tarde se vuelve ligeramente dorado. Dentro, la iluminación es tenue y las ventanas estrechas dejan pasar una luz suave que cae sobre las paredes en tonos ocres.
Bufali se recorre en poco tiempo, pero conviene hacerlo despacio. Las fachadas blancas, algunas con desconchones que dejan ver capas antiguas de pintura, alternan con puertas de madera gruesa y balcones de hierro. A media tarde las sombras de los aleros se alargan sobre las paredes y el silencio se vuelve más evidente.
En varias casas aún se ven corrales y pequeños huertos pegados a la vivienda. Fuera del casco urbano empiezan enseguida las parcelas agrícolas: hileras de olivos, almendros y algunos campos de cultivo más pequeños. Las acequias siguen marcando el ritmo del riego en muchas zonas, un sistema que en esta parte de la comarca lleva siglos organizando el trabajo de la tierra.
Caminos entre tierra y campo
Desde Bufali salen caminos rurales que conectan con pueblos cercanos como Bèlgida o Montitxelvo. Son pistas de tierra y tramos asfaltados muy tranquilos, habituales para caminar o moverse en bicicleta. El paisaje aquí no es abrupto: lomas suaves, bancales y márgenes de piedra que separan parcelas.
En primavera el borde de los caminos suele llenarse de romero, tomillo y otras plantas aromáticas. Si pasas temprano, antes de que apriete el calor, el aire tiene ese olor seco y limpio del monte bajo valenciano.
En cuanto a comida, el pueblo mantiene una cocina muy ligada a lo que se cultiva alrededor. El arroz al horno aparece a menudo en celebraciones familiares y días señalados, preparado de la manera tradicional, normalmente en horno de leña cuando se puede. En un municipio tan pequeño la vida social gira más alrededor de casas y reuniones vecinales que de locales abiertos al público.
Tradiciones que siguen marcando el calendario
Las fiestas patronales dedicadas a la Virgen del Rosario suelen celebrarse en octubre. Durante esos días el ritmo del pueblo cambia un poco: se organizan actos religiosos, comidas colectivas y encuentros entre vecinos que en muchos casos viven fuera y regresan esos días.
Más que grandes celebraciones, lo que se percibe es una continuidad de costumbres. Mesas largas, platos preparados en casa y conversaciones que se alargan hasta bien entrada la noche cuando el tiempo acompaña.
Cómo llegar y cuándo visitar
Bufali está en el interior de la provincia de Valencia, dentro de la Vall d’Albaida. Desde Valencia lo habitual es acercarse primero hacia la zona de Xàtiva y continuar por carreteras comarcales que atraviesan campos y pequeños municipios.
La primavera suele ser un buen momento para recorrer los caminos de alrededor, cuando la vegetación todavía está verde. El comienzo del otoño también resulta agradable para pasear. En verano el calor puede ser fuerte a partir del mediodía; si vas a caminar por los alrededores, conviene hacerlo temprano o al caer la tarde.
Por su tamaño, Bufali funciona mejor como parada breve dentro de una ruta por la comarca. En pocos minutos se recorre el casco urbano, pero detenerse a mirar el paisaje y caminar por los caminos cercanos ayuda a entender cómo se vive en esta parte tranquila de la Vall d’Albaida.