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sobre Fontanars dels Alforins
La Toscana valenciana famosa por sus paisajes de viñedos y bodegas de calidad
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Hay pueblos a los que llegas porque están en la ruta… y otros a los que llegas porque alguien te dice: “pásate por allí, que merece la pena verlo con calma”. Fontanars dels Alforins es más bien de los segundos. Está en el interior de la Vall d'Albaida, rodeado de viñas y campos de secano, y cuando entras con el coche te da la sensación de que aquí las cosas siguen yendo a otro ritmo.
El pueblo apenas ronda el millar de habitantes y se nota. No hay tráfico, no hay prisa, y muchas veces lo que más oyes al caminar son puertas que se abren y alguna conversación que salta de una acera a otra. Alrededor, el paisaje es el que manda: viñedos, almendros y olivares formando ese mosaico agrícola tan típico del interior valenciano. Según la época del año cambia mucho: verde en primavera, dorado en otoño, más áspero en pleno verano.
El centro del pueblo y la iglesia de San Pedro
En Fontanars dels Alforins todo acaba llevando a la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol. No es una iglesia monumental ni pretende serlo, pero funciona como punto de referencia del pueblo. Algunas fuentes sitúan sus orígenes en torno al siglo XV, aunque el edificio ha pasado por varias reformas con el tiempo.
La plaza donde se encuentra es de esos sitios donde te quedas un rato casi sin darte cuenta. Gente que pasa, algún vecino que se para a hablar y poco más. Es un ambiente bastante tranquilo, muy de pueblo pequeño.
Si caminas por las calles cercanas verás casas de muros gruesos, portones grandes y tejados inclinados de teja. Nada está pensado para lucirse; más bien para durar. La calle Mayor concentra buena parte de las casas antiguas, pero la realidad es que el casco urbano se recorre rápido. En menos de una hora lo tienes visto, incluso parándote.
Caminar entre viñedos y campos de secano
Si vienes hasta Fontanars dels Alforins, lo interesante casi empieza cuando sales del pueblo. Los caminos agrícolas que lo rodean atraviesan viñedos, almendros y algunos pinares bajos que aparecen en las zonas más elevadas.
No esperes senderos de montaña espectaculares. Aquí el plan es más sencillo: caminar entre campos, ver cómo cambia el paisaje según la estación y disfrutar de vistas bastante abiertas del valle. Ese tipo de paseo tranquilo en el que vas sin mirar el reloj.
Eso sí, un detalle práctico: en verano el sol pega fuerte y la sombra escasea. Agua, gorra y empezar temprano ayudan bastante. En invierno ocurre lo contrario; cuando cae el sol refresca rápido.
Tierra de vino
Si hay algo que define esta zona es el vino. Fontanars dels Alforins forma parte de un pequeño triángulo vitivinícola del interior valenciano donde el viñedo está por todas partes. No es raro ver tractores entrando y saliendo de los caminos durante buena parte del año.
Varias bodegas de la zona suelen organizar visitas o catas, muchas veces en fincas rodeadas de viñedos. El ambiente suele ser bastante cercano, más conversación que espectáculo. Te cuentan cómo trabajan la tierra, cómo viene cada vendimia y por qué un año sale el vino de una manera y al siguiente cambia.
Aunque no seas especialmente de vino, recorrer estas carreteras entre viñedos tiene algo. Sobre todo en otoño, cuando las hojas empiezan a cambiar de color.
Fiestas y calendario del pueblo
Las fiestas patronales dedicadas a San Pedro suelen celebrarse hacia finales de junio. Durante esos días el pueblo cambia bastante: música en la calle, actos religiosos, comidas populares y bastante movimiento en la plaza.
En agosto también hay celebraciones vinculadas a la Virgen de la Asunción, que reúnen a muchos vecinos que viven fuera y vuelven esos días. Es cuando el pueblo está más lleno.
Y luego está la vendimia, que marca el ritmo del otoño en toda la zona. No siempre coincide exactamente en las mismas fechas, porque depende del año y del estado de la uva, pero se nota cuando empieza: más actividad en los campos y ese olor dulce que a veces llega desde los remolques cargados.
Cómo llegar y cuándo ir
Desde Valencia capital hay algo menos de cien kilómetros. Lo habitual es bajar por la A‑7 hasta la zona de Xàtiva y después enlazar con carreteras comarcales en dirección a Ontinyent y la Vall d'Albaida. El último tramo ya atraviesa paisaje agrícola y pueblos pequeños.
La primavera suele ser un buen momento para venir: los campos están más verdes y el clima acompaña para caminar. El otoño también tiene su punto por la vendimia y los viñedos cambiando de color. En verano se puede visitar, pero conviene organizar el día para evitar las horas centrales de calor.
Si vienes, mi consejo es sencillo: llega sin prisa, aparca cerca del centro, da una vuelta por el pueblo y luego sal a caminar por alguno de los caminos entre viñedos. Fontanars dels Alforins funciona mejor así, sin plan demasiado rígido. Como cuando sales a dar un paseo largo después de comer.