Artículo completo
sobre Almoradí
Corazón de la Vega Baja conocido por su industria del mueble y el cultivo de la alcachofa
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hablar de turismo en Almoradí obliga a empezar por el sábado. Esa mañana el centro cambia de ritmo: el mercado ocupa varias calles y el olor a pan y a cítricos recién descargados se mezcla en el aire. Mucha gente llega de otros pueblos de la Vega Baja. No buscan monumentos ni vistas al mar. Almoradí funciona de otra manera: es un núcleo agrícola que ha aprendido a rehacerse varias veces y donde la vida cotidiana sigue girando alrededor de la huerta.
El terremoto que cambió el trazado
A comienzos del siglo XIX un gran terremoto arrasó buena parte de la Vega Baja. Almoradí quedó prácticamente destruida. La reconstrucción se organizó con un plano nuevo, atribuido a ingenieros que trabajaban para la administración borbónica. Calles rectas, anchas, bien alineadas. Las casas se levantaron bajas y con muros más sólidos de lo habitual en la zona.
Por eso el casco urbano resulta distinto al de otros pueblos cercanos. No hay un laberinto medieval, sino una cuadrícula bastante clara. En algunas esquinas todavía se ven zócalos de piedra con fechas grabadas que recuerdan esos años de reconstrucción. Más que un adorno, eran una forma de dejar constancia de que el pueblo empezaba otra vez.
La iglesia de San Andrés
La parroquia de San Andrés ocupa el mismo lugar que el templo anterior al terremoto, aunque el edificio actual es posterior a la catástrofe. La torre sobresale sobre el caserío de la llanura y durante mucho tiempo sirvió como referencia para orientarse en la vega.
Dentro se conserva un órgano barroco que suele mencionarse cuando se habla del patrimonio local. Según la tradición, fue uno de los pocos elementos que sobrevivieron al seísmo. También llama la atención una imagen de Cristo situada en el crucero. No pertenece a una escuela escultórica destacada, pero está ligada a la historia reciente del pueblo: llegó a mediados del siglo XX, impulsada por un emigrante que regresó de Brasil.
En Semana Santa la imagen recorre las calles del centro. El itinerario atraviesa esa trama rectilínea que se diseñó tras el terremoto, lo que da a las procesiones un recorrido bastante amplio para un municipio de este tamaño.
El agua y la huerta
La vida de Almoradí siempre ha dependido del riego. Las acequias que cruzan la Vega Baja reparten el agua del Segura desde hace siglos, y en torno a ellas surgieron normas y tribunales locales para resolver conflictos entre regantes.
Cerca del municipio todavía se reúne un pequeño tribunal vinculado a una de estas acequias. Lo forman agricultores elegidos entre los propios usuarios del agua. Las sesiones son breves y bastante directas: se escuchan las partes, se recuerda la norma tradicional y se fija el turno de riego o la sanción correspondiente. Es una forma de justicia muy antigua que en la huerta valenciana ha sobrevivido más por costumbre que por espectáculo.
Cocina de la huerta
La cocina local refleja ese entorno agrícola. El arroz con costra aparece con frecuencia en reuniones familiares y fiestas. Se termina en el horno con huevo batido por encima hasta formar una capa dorada.
También se prepara el cocido con pelotas, muy habitual en invierno en las casas de la zona. Lleva albóndigas grandes hechas con carne y especias, que se cuecen en el mismo caldo del guiso. En las panaderías tradicionales es fácil encontrar rollos de anís, de masa blanda, que se conservan bien un par de días.
Son platos pensados para alimentar a quienes trabajaban en el campo más que para lucirse en una carta.
Cómo orientarse en el pueblo
Almoradí se recorre andando sin dificultad. El centro gira alrededor de la plaza de la Constitución y de las calles rectas que se abrieron tras el terremoto. Conviene fijarse en los balcones de hierro y en algunas fachadas del siglo XIX, bastante sobrias pero bien proporcionadas.
Los sábados el mercado ocupa buena parte del casco urbano y el tráfico se complica. En esos casos lo más práctico suele ser dejar el coche en las zonas exteriores y entrar caminando.
La visita se entiende mejor si se mira el paisaje que rodea al pueblo. La Vega Baja es una llanura agrícola abierta, marcada por acequias y caminos entre huertas. Almoradí forma parte de ese sistema. Más que un destino aislado, funciona como uno de sus centros cotidianos.