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sobre Bigastro
Municipio de la Vega Baja con tradición musical y un área recreativa natural destacada
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En el turismo en Bigastro el paisaje manda más que el casco urbano. Los naranjos empiezan casi donde termina el asfalto: un semáforo y, de golpe, el campo. El término municipal es pequeño —apenas unos kilómetros de largo por un par de ancho— y el Segura riega esta parte de la Vega Baja desde hace siglos. El pueblo ocupa poco espacio dentro de ese mosaico agrícola, así que la huerta lo rodea por completo. El trazado de acequias que aún estructura los campos aparece ya en documentación antigua de la zona; a comienzos del siglo XVIII el Cabildo de Orihuela impulsó aquí una pequeña aldea dependiente de la ciudad.
El molino y los molineros
La historia de Bigastro suele resumirse en su escudo: un molino de viento de torre sobre fondo azul. El molino desapareció hace tiempo, pero el apodo quedó. A los habitantes del pueblo todavía se les llama “molineros”. La explicación que suele contarse se remonta al siglo XIX, tras la desamortización de Mendizábal, cuando una familia vinculada a un molino harinero adquirió una de estas instalaciones junto al río. El edificio ya no se conserva, pero el sobrenombre sigue funcionando como marca de identidad local. Todavía hoy es una forma habitual de reconocerse entre vecinos: «¿Eres de los molineros?».
Una iglesia que no fue parroquia durante mucho tiempo
La iglesia de Nuestra Señora de Belén se levanta en una calle estrecha del centro, casi encajada entre casas. El templo actual responde a un lenguaje neoclásico sencillo y suele fecharse a mediados del siglo XIX. Durante mucho tiempo no fue parroquia propiamente dicha, sino ermita de la aldea, que dependía eclesiásticamente de Orihuela.
Ese origen explica un interior bastante sobrio: una sola nave, cubierta de madera, y un retablo posterior al edificio original. La parroquia como tal se estableció ya entrado el siglo XX. Detrás del altar mayor se conserva una pequeña imagen de la Virgen de Belén que, según la tradición local, procedería de un convento cartujano afectado por la desamortización. Es la misma imagen que cada comienzo de año sale en procesión por calles que antiguamente estaban atravesadas por acequias a cielo abierto.
Cocido con pelotas y otros asuntos serios
La cocina de Bigastro pertenece a la tradición de la Vega Baja y gira alrededor de lo que da la huerta y el campo cercano. El cocido con pelotas sigue siendo uno de los platos más reconocibles: albóndigas grandes de carne de cerdo especiada que se cuecen dentro del propio puchero. También aparece con frecuencia el arroz con conejo y, cuando aprieta el frío, el arroz con costra.
Las pelotas se preparan normalmente con carne adobada desde la noche anterior. El arroz con costra se termina en horno, donde el huevo cuajado forma esa capa superior que aquí se vigila con cierta seriedad doméstica. En otros pueblos de la comarca se añaden garbanzos u otros ingredientes; en Bigastro lo habitual es mantener una receta bastante contenida. La cocina sigue ligada a lo que se cultiva alrededor: cítricos, hortalizas y algo de caza menor en los márgenes del Segura.
Fiestas de vasallos convertidos en vecinos
San Joaquín es el patrón del municipio desde mediados del siglo XIX, cuando la comunidad pidió oficialmente tener un santo propio. Las fiestas patronales se celebran en agosto y todavía conservan rasgos de una localidad que durante mucho tiempo dependió administrativamente de Orihuela.
Las cofradías vinculadas al patrón y al Rosario siguen teniendo un papel visible en la organización de actos. En los días centrales es habitual ver la plaza ocupada por mesas familiares donde cada casa trae su propia paella. También se mantiene el Rosario de la Aurora, que suele salir de madrugada y recorre el centro del pueblo acompañado por música de banda y velas encendidas.
Cómo llegar y qué hacer cuando estés ahí
Bigastro está en el centro de la Vega Baja, a poca distancia de Orihuela y de otros pueblos de huerta como Jacarilla o Benejúzar. Se llega por carretera comarcal desde la autovía que atraviesa la zona.
El casco urbano se recorre andando sin dificultad: la calle Mayor, la plaza de la Constitución y el entorno de la iglesia concentran casi todo. Si te interesa la huerta, merece la pena salir a pie o en coche por los caminos agrícolas que rodean el pueblo. En primavera el azahar marca el paisaje; en otoño comienza la recogida de cítricos.
Bigastro no es un destino de estancias largas. Se entiende mejor como parada dentro de un recorrido por la Vega Baja, donde lo importante no es tanto el monumento como la forma en que el pueblo sigue viviendo entre acequias y campos de naranjos.