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sobre Catral
Municipio de la huerta con un entorno natural de humedales; conserva tradiciones agrícolas
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La vega huele a azahar en abril. No es una metáfora: los campos de cítricos que rodean el municipio perfuman el aire mucho antes de ver el cartel de entrada. El turismo en Catral empieza entendiendo ese paisaje. Estás en la Vega Baja del Segura, en una llanura agrícola donde el agua ha marcado durante siglos el ritmo de trabajo y la forma del territorio. Alicante queda a unos cuarenta kilómetros, pero el ambiente es otro: acequias, parcelas rectangulares y caminos rurales que salen del casco urbano hacia los huertos.
El agua que lo cambió todo
Como muchos pueblos de la Vega Baja, Catral está ligado a la historia del regadío del Segura. La zona ya estaba habitada en época medieval —hay referencias a asentamientos agrícolas de origen andalusí—, pero el crecimiento del núcleo llegó más tarde, cuando la red de acequias permitió ampliar el cultivo de la huerta.
La iglesia de los Santos Juanes refleja bien ese proceso. El edificio actual se fue ampliando con el tiempo conforme aumentaba la población. No es un templo monumental: una nave principal, elementos barrocos en el interior y una torre que durante mucho tiempo sirvió como referencia visual en medio de la llanura. En una comarca tan horizontal como esta, cualquier punto elevado acaba teniendo esa función práctica.
Durante el siglo XIX la llegada del ferrocarril a la cercana estación de Albatera‑Catral facilitó la salida de productos agrícolas hacia otras zonas. La economía local siguió girando alrededor del campo, pero con conexiones más directas con los mercados.
La ermita en la plaza
La ermita de la Purísima ocupa hoy uno de los lados de la plaza Mayor. Su origen es antiguo, probablemente vinculado a un pequeño oratorio rural situado en las afueras del núcleo histórico, algo habitual en los pueblos agrícolas de la zona.
Con el crecimiento del casco urbano la ermita acabó integrándose en el centro del pueblo. La devoción a la Inmaculada sigue teniendo peso en el calendario local, y en diciembre suele organizarse una procesión vinculada a esta advocación. Son celebraciones muy arraigadas en la Vega Baja, donde las ermitas han funcionado durante siglos como puntos de reunión más allá del culto.
Las fiestas y la música
Las fiestas patronales dedicadas a San Juan Bautista se celebran a finales de junio. Durante esos días el pueblo cambia de ritmo: calles con banderines, peñas que se organizan para las noches de fiesta y actos religiosos que mantienen una estructura bastante tradicional.
La música tiene un papel importante. Catral cuenta desde finales del siglo XIX con una sociedad musical que sigue activa, algo bastante común en la Comunidad Valenciana. Los ensayos, los pasacalles y las procesiones forman parte del paisaje sonoro de las fiestas, igual que ocurre en muchos pueblos de la comarca.
En esas fechas también aparecen dulces y frituras que aquí se asocian a las celebraciones, entre ellos los buñuelos que suelen prepararse en puestos o en casas particulares siguiendo recetas familiares.
Entre el campo y la costa
Catral está en el interior inmediato de la Vega Baja. El mar no se ve, pero está relativamente cerca: en coche se llega a las playas de Guardamar o Torrevieja en menos de media hora si el tráfico acompaña.
Aun así, la vida cotidiana mira más hacia la huerta que hacia la costa. El paisaje que rodea el pueblo es una cuadrícula de caminos agrícolas, acequias y pequeñas construcciones ligadas al riego. Muchas familias siguen teniendo parcelas en los alrededores, aunque parte de la población trabaje ya en otros sectores.
Cómo recorrer el pueblo
El casco urbano es llano y fácil de caminar. La referencia es la plaza Mayor, donde se concentran el ayuntamiento y la ermita de la Purísima. Desde ahí salen calles rectas que en pocos minutos llevan a las zonas de huerta.
No hay grandes monumentos ni un itinerario cerrado. Lo más interesante suele estar en los márgenes: acequias todavía en uso, casas de huerta a las afueras y los caminos de tierra que rodean el pueblo. Caminar por ellos al atardecer ayuda a entender cómo funciona esta parte de la Vega Baja: un territorio agrícola donde el pueblo y el campo prácticamente se tocan.