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sobre Rojales
Municipio turístico atravesado por el Segura; famoso por sus cuevas del rodeo y campo de golf
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El Segura baja manso por la vega y Rojales se agarra a su ribera como quien sabe que el agua es lo que explica este trozo de la Vega Baja. Desde el puente de Carlos III se entiende el trazado: calles paralelas al río, casas tradicionales que miran al cauce y, un poco más allá, el azud que todavía regula el reparto del riego entre las huertas. No es un pueblo de mar, aunque Guardamar esté muy cerca. Quizá por eso llama la atención la Casa de las Conchas: una fachada cubierta con miles de conchas recogidas en la costa, colocadas una a una por su propietario durante años.
El agua que lo explica todo
Tras la conquista cristiana del siglo XIII, la Orden de Santiago pasó a controlar Ruxana, una antigua alquería andalusí donde ya existía una red de acequias. Ese sistema hidráulico es la base del Rojales actual. Lo que hoy se denomina Conjunto Monumental Hidráulico Urbano —protegido como Bien de Interés Cultural— reúne varias piezas que no nacieron como monumentos, sino como infraestructura cotidiana.
El azud desvía el agua del Segura hacia la red de riego. Cerca está la noria, vinculada a ese sistema de elevación y distribución que durante siglos permitió cultivar la vega. El puente de Carlos III, terminado en el siglo XVIII, resolvió algo mucho más práctico que simbólico: cruzar el río con carros y mercancías cuando el Segura crecía.
La iglesia de San Pedro Apóstol se levantó de nuevo tras el terremoto de 1829, que afectó a buena parte de la comarca. La portada renacentista se salvó del derrumbe y sigue marcando la entrada principal. En la plaza se oye el río cuando baja con más caudal; en verano el sonido se mezcla con las conversaciones de quienes se sientan a la sombra de los árboles.
Cuevas que no son museo
Al subir hacia la calle Rodeo el paisaje cambia rápido. El asfalto deja paso a una loma de terreno yesífero donde, desde comienzos del siglo XX, muchos vecinos excavaron viviendas en la tierra. Eran casas baratas de construir y con una ventaja evidente en esta zona: la temperatura interior se mantenía bastante estable durante todo el año.
Hoy muchas de esas cuevas siguen habitadas, aunque el barrio se ha transformado poco a poco en un espacio de talleres y estudios de artistas. De vez en cuando abren las puertas al público —sobre todo algunos fines de semana— y el paseo se vuelve bastante animado: guitarras, olor a barniz, gente entrando y saliendo de las cuevas. No funciona como un museo al uso; depende mucho de quién esté trabajando ese día.
Cerca están los Aljibes de Gasparito, construidos a comienzos del siglo XX para recoger y almacenar agua de lluvia. Tenían sentido en un barrio donde el abastecimiento no era sencillo. Hoy el espacio se utiliza para exposiciones y actividades culturales, aunque la estructura original del depósito todavía se reconoce.
Arroz, conejo y lo que la huerta da
En Rojales la cocina sigue muy ligada a la huerta del Segura. El arroz con conejo y verduras aparece con frecuencia en las mesas familiares, preparado con productos que aún se cultivan en los bancales cercanos al pueblo. Suele llevar ñora en el sofrito y pimentón.
En celebraciones y romerías aparece también la pelota del cocido, hecha con carne picada de cerdo, huevo y especias. Y para el dulce, las almojábenas —pequeños bocados fritos— que a menudo se sirven con miel de azahar de la propia comarca. Las toñas, un pan dulce aromatizado, se encuentran en los obradores del pueblo durante buena parte del año.
Cómo llegar y cuándo ir
Rojales queda en la Vega Baja, a pocos kilómetros de la costa. Desde Alicante se llega por la A‑7 o la AP‑7 y luego por carreteras comarcales. La estación de tren más cercana está en San Isidro; desde allí suele haber conexión por carretera con los pueblos de la zona.
No tiene playa: la más cercana está en Guardamar del Segura, a unos minutos en coche.
El clima marca bastante la visita. En invierno el aire húmedo del río puede hacer que la sensación térmica baje al caer la tarde. En verano el calor aprieta y las horas centrales del día se vuelven lentas.
En mayo suele celebrarse la romería de San Isidro, muy vinculada al mundo agrícola de la vega. A finales de junio llegan las fiestas de Moros y Cristianos, con desfiles y actos alrededor del centro del pueblo. Y a lo largo del año, especialmente algunos fines de semana, el barrio de las cuevas organiza jornadas abiertas con talleres y actividades.
Recorrer el centro —el puente, la zona del azud y la iglesia— se hace en poco tiempo. Si te interesa entender la huerta histórica, hay senderos que siguen las acequias y los márgenes del río durante varios kilómetros. Son los que mejor explican por qué Rojales está exactamente donde está.