Artículo completo
sobre San Miguel de Salinas
Balcón de la Costa Blanca; pueblo elevado con vistas a las salinas y el mar
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hablar de turismo en San Miguel de Salinas obliga primero a mirar el territorio. El municipio se sitúa en el extremo sur de la Vega Baja, sobre una pequeña elevación desde la que el paisaje cambia rápido: huerta hacia el interior y, hacia el este, las lagunas saladas que anuncian la cercanía del Mediterráneo. Torrevieja queda a pocos kilómetros. Esa posición explica bastante bien el carácter del lugar: un pueblo agrícola que ha vivido siempre entre la huerta y la sal.
El casco urbano se adapta a esa loma suave. Las calles suben hacia el cerro del Calvario formando una especie de graderío de casas blancas. Desde varios puntos altos se intuye el mar, aunque lo que domina realmente el horizonte son las llanuras salinas.
Salinas y dependencia de Orihuela
Durante siglos San Miguel de Salinas no fue un municipio independiente. El territorio dependió administrativamente de Orihuela, como gran parte de la Vega Baja. En documentos medievales del repartimiento cristiano ya aparecen referencias a las salinas de la zona, un recurso valioso en una comarca donde la explotación de la sal y la agricultura convivieron durante generaciones.
La segregación municipal llegó en el siglo XIX, en un momento en que muchos núcleos de la Vega Baja reclamaban administración propia. Algunos edificios del casco antiguo recuerdan ese pasado ligado a los diezmos y al almacenamiento de grano. La llamada Casa de la Tercia, utilizada hoy para actividades culturales, conserva la memoria de ese sistema fiscal que organizaba buena parte de la economía agraria.
Viviendas excavadas y molinos en las lomas
En los alrededores del casco urbano aún se localizan casas excavadas en la tierra yesífera. No eran rarezas pintorescas, sino soluciones prácticas: la propia geología permitía abrir estancias que mantenían una temperatura bastante estable durante todo el año. Muchas desaparecieron o se transformaron con el crecimiento del pueblo, aunque todavía se recuerdan en distintos barrios.
En las lomas cercanas también hubo molinos de viento destinados a moler cereal. Algunos restos se reconocen en lo alto de pequeños cerros que dominan la vega. Más que monumentos aislados, forman parte del paisaje agrícola tradicional que rodea el pueblo.
Desde estos puntos altos la vista se abre hacia dos referencias claras del territorio: la laguna salada de Torrevieja, que en determinados momentos adquiere un tono rosado, y la llanura cultivada de la Vega Baja.
Fiestas y cocina de pueblo
El calendario festivo gira alrededor de San Miguel Arcángel, patrón del municipio. Las celebraciones suelen concentrarse a finales de septiembre y mezclan actos religiosos con verbenas y comidas populares en la plaza.
También se mantiene la romería hacia la ermita del Marqués, vinculada a la tradición de la Santa Faz. Es una jornada muy local: grupos de vecinos caminan hasta la ermita con comida para pasar el día en el campo.
En la cocina aparecen platos que son comunes en toda la Vega Baja. Arroces hechos con productos de la huerta, guisos sencillos de cuchara y cocas saladas donde el tomate tiene bastante protagonismo. No es una gastronomía exclusiva del lugar, pero sí muy representativa de la comarca.
Paseos entre molinos y salinas
El término municipal tiene varias rutas señalizadas que recorren el entorno agrícola y las zonas próximas a las salinas. Algunas siguen antiguos caminos rurales que conectaban los molinos y los campos de secano; otras se acercan a los márgenes de la laguna de Torrevieja.
Son trayectos sencillos, más de paseo que de montaña. En los meses templados es habitual ver aves ligadas a los humedales, entre ellas flamencos en la laguna, aunque su presencia depende mucho de la época del año.
Para llegar, la carretera CV‑95 conecta Orihuela con Torrevieja y atraviesa San Miguel de Salinas. El centro se recorre andando sin dificultad. Merece la pena desviarse un poco hacia los miradores del borde del pueblo: ayudan a entender cómo la Vega Baja se abre hacia el mar y por qué este núcleo surgió precisamente aquí, en una pequeña altura entre huerta y salinas.