Artículo completo
sobre El Pinós
Tierra de vinos, mármol y gastronomía; famoso por sus embutidos y arroces
Ocultar artículo Leer artículo completo
El Pinós no está de paso. Vienes porque quieres venir. La CV‑94 atraviesa viñedos y monte bajo y te deja en el pueblo casi sin aviso. Aparcar suele ser fácil fuera del centro. Dentro hay calles estrechas y bastante zona peatonal. Si llegas en fiestas o en vendimia, paciencia: pasan tractores y todo va más despacio.
Cómo llegar y dónde aparcar
El Pinós queda lejos de la costa. Alicante ronda los tres cuartos de hora en coche. Murcia anda más o menos igual. Transporte público hay poco, así que lo normal es venir conduciendo.
La entrada principal pasa junto al polígono. Desde ahí el pueblo se abre rápido. Lo práctico es dejar el coche en las calles anchas de alrededor y seguir a pie. El centro se recorre sin problema.
En verano vuelve mucha gente que tiene aquí la familia. Es cuando más cuesta encontrar sitio.
Qué ver en el centro
La Torre del Reloj manda en la plaza Mayor. No es grande, pero se ve desde casi cualquier calle del casco antiguo. El reloj todavía se mantiene con sistema antiguo y sigue marcando el ritmo del pueblo.
A pocos pasos está la ermita de Santa Catalina. Fachada sencilla, piedra clara y una puerta barroca bastante sobria. Suele estar cerrada si no hay misa o alguna celebración.
El resto del centro es lo que ves: casas bajas, persianas medio bajadas y vecinos que se conocen entre ellos. Se camina rápido. En menos de una hora lo tienes visto.
Mármol y paisaje alrededor
Aquí el mármol pesa mucho. El Monte Coto está a pocos kilómetros y la actividad se nota. Camiones entrando y saliendo, polvo blanco en las cunetas y cortes enormes en la montaña.
Hay una ruta por la zona de las canteras. Son varios kilómetros entre frentes de extracción. El paisaje es duro. Mucha roca, poca sombra. Si vas andando, lleva agua y gorra. En verano aprieta.
No es un paseo bonito al uso. Pero sirve para entender de qué vive el pueblo.
Comer y beber en El Pinós
El gazpacho pinosero no tiene nada que ver con el andaluz. Aquí es un guiso caliente con carne, caldo y trozos de torta. Plato serio.
También salen mucho las migas ruleras, el puchero con trigo y embutidos bastante potentes. Cocina de campo. Raciones grandes y pocas florituras.
La uva monastrell manda en los vinos de la zona. Tintos fuertes, de los que se notan.
Cuándo venir
Febrero suele traer la floración de los almendros. El campo cambia bastante esos días, aunque el frío sigue ahí.
En mayo llega la romería de San Isidro y mucha gente se va al campo a pasar el día. Agosto es el momento más ruidoso del año por las fiestas. Mucho movimiento y bastante calor.
Septiembre coincide con la vendimia. Tractores en la carretera y olor a uva en el aire. Enero es tranquilo. Demasiado, si buscas ambiente.
Mi consejo es simple. Ven en invierno o a principios de primavera. Pasea el centro sin prisa, come algo contundente y acércate a ver las canteras si te interesa el paisaje. A media tarde el pueblo se apaga. Aquí la siesta todavía se respeta. Y cuando cae el sol, todo va más despacio.