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sobre Hondón de los Frailes
Municipio agrícola en un valle rodeado de montañas; popular entre residentes europeos
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Hay pueblos a los que llegas por casualidad. Vas conduciendo por carreteras tranquilas del interior de Alicante, miras a un lado, ves un valle lleno de viñas y piensas: “vamos a parar un momento”. A mí Hondón de los Frailes me dio justo esa sensación la primera vez.
El turismo en Hondón de los Frailes no funciona como en los sitios de costa. Aquí no vienes a tachar monumentos de una lista. Vienes más bien a bajar el ritmo y a ver cómo es la vida en un pueblo pequeño del Vinalopó Mitjà, con poco más de 1.300 vecinos y bastante campo alrededor.
Cómo es el pueblo por dentro
El centro se recorre en un paseo corto. Calles sencillas, casas bajas, muchas con fachada clara y rejas de hierro. Algunas están rehabilitadas, otras conservan ese aspecto práctico de las viviendas de antes: portones anchos, patios interiores y ventanas pensadas más para el calor que para la estética.
La iglesia de la Inmaculada Concepción ocupa uno de los puntos centrales. No es un edificio monumental, pero marca el ritmo del pueblo. A ciertas horas siempre hay alguien pasando por la plaza, charlando un rato o simplemente cruzando camino de casa.
Lo que se nota enseguida es que esto sigue siendo un lugar vivido, no un decorado.
El valle de viñedos alrededor
En cuanto sales un poco del núcleo urbano aparece el paisaje que define Hondón. Campos en terrazas con viñedos, almendros y olivos. Nada espectacular en plan postal, pero sí muy reconocible si conoces el interior de Alicante.
En primavera los almendros cambian bastante el aspecto del valle. El contraste entre las parcelas cultivadas y las laderas más secas hace que el paisaje tenga movimiento, como si cada estación reorganizara los colores.
También quedan rastros del pasado agrícola. Por la zona se encuentran restos de antiguos molinos y construcciones vinculadas al trabajo del campo. No hay grandes carteles explicativos. Más bien son esas cosas que descubres caminando y que te obligan a imaginar cómo funcionaba todo hace décadas.
Caminos tranquilos para andar o pedalear
Uno de los puntos fuertes del lugar es lo fácil que resulta salir a caminar desde el propio pueblo. No hace falta coger el coche ni planificar mucho.
Hay caminos agrícolas que serpentean entre parcelas y pequeñas elevaciones del terreno. Son rutas sencillas, de las que haces sin prisa. A ratos pasa algún coche del campo o un tractor, pero en general reina el silencio.
En época de floración de los almendros mucha gente recorre estos caminos solo para ver el valle cambiado de color. El resto del año siguen siendo paseos agradables, sobre todo a primera hora de la mañana o al caer la tarde.
Lo que se come en las casas del pueblo
La cocina local sigue muy ligada a lo que se ha cultivado aquí toda la vida. Arroces con carne de campo, platos con caracoles, masas dulces hechas con aceite y recetas que todavía circulan de familia en familia.
Las verduras de la huerta aparecen mucho en la mesa: tomates, pimientos o calabacines según la temporada. Y el vino forma parte de la cultura local desde hace tiempo. En la zona hay pequeñas elaboraciones familiares que continúan trabajando con métodos bastante tradicionales.
No siempre es fácil visitarlas porque los horarios suelen ser irregulares, pero forman parte del paisaje agrícola del valle.
Las fiestas que reúnen a todo el mundo
Si visitas Hondón de los Frailes durante las fiestas patronales de diciembre, notarás un cambio claro en el ambiente. Se celebran en honor a la Inmaculada Concepción y el pueblo se llena de actos religiosos y actividades en la calle.
En verano también hay celebraciones que atraen a mucha gente que tiene familia aquí pero vive fuera el resto del año. Durante unos días el pueblo recupera caras conocidas y el ambiente se anima bastante.
Y cuando llega la época de vendimia, todavía se percibe ese vínculo directo entre el campo y la vida del pueblo. No es un espectáculo para turistas. Es simplemente el trabajo que ha sostenido el valle durante generaciones.
Hondón de los Frailes funciona bien si lo tomas con calma. No es un lugar para pasar corriendo una tarde y seguir ruta. Es más bien ese tipo de sitio donde das un paseo, miras el valle, y acabas entendiendo que aquí las cosas siempre han ido a otro ritmo. Y quizá por eso sigue teniendo sentido parar.