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sobre Xàtiva
Ciudad monumental con un castillo impresionante y casco histórico declarado conjunto histórico-artístico
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El retrato de Felipe V cuelga boca abajo en el Museo de Bellas Artes de Xàtiva desde el siglo XIX. No es un descuido. Es una respuesta simbólica a lo ocurrido en 1707, cuando, tras la Guerra de Sucesión, el rey ordenó incendiar la ciudad como castigo por haber apoyado al archiduque Carlos. El fuego arrasó buena parte de la población. A partir de entonces a los habitantes se les empezó a llamar socarrats, “chamuscados”, un apodo que todavía hoy forma parte de la identidad local.
Una ciudad antigua en un paso estratégico
Xàtiva ocupa un lugar lógico en el mapa: el corredor natural que conecta la costa valenciana con el interior de la Meseta. Ese paso explica que el asentamiento sea muy antiguo. Los iberos la conocieron como Saitabi, y en época romana fue un núcleo relevante, conocido entre otras cosas por la producción de tejidos de lino.
La silueta que hoy domina la ciudad es la del castillo y la larga cresta de la sierra sobre la que se apoya. Durante siglos ese control visual del valle fue clave para vigilar caminos y comercio. También ayuda a entender por qué Xàtiva tuvo peso político en distintos momentos de la historia valenciana.
La ciudad es además el origen de una de las familias más conocidas del Renacimiento europeo: los Borja. De aquí procedían Alfonso de Borja —que llegó a ser el papa Calixto III— y su sobrino Rodrigo, el futuro Alejandro VI. Su ascenso en Roma hizo que el nombre de Xàtiva circulara por las cortes italianas del siglo XV.
Iglesias, palacios y calles que cuentan la ciudad
El casco antiguo conserva bastante bien la trama histórica, con calles que suben hacia la ladera del castillo. Una de las arterias más representativas es la calle Montcada, donde se alinean varias casas nobiliarias construidas entre los siglos XV y XVIII. Muchas pertenecieron a linajes locales vinculados a la administración o a la Iglesia. Algunas conservan patios interiores con columnas y escaleras de piedra bastante sobrias, más funcionales que ornamentales.
Entre los edificios religiosos, la colegiata de Santa María —conocida como la Seu— concentra buena parte de la atención. El edificio actual se levantó en varias fases y mezcla elementos góticos y renacentistas. No es una catedral, aunque por escala y presencia a veces lo parezca.
El Museo de Bellas Artes, instalado en un antiguo edificio conventual, ayuda a poner contexto a la historia de la ciudad. Allí está el retrato invertido de Felipe V, pero también una colección notable de pintura valenciana.
Subir al castillo
El Castell de Xàtiva es en realidad un sistema defensivo alargado que ocupa toda la cresta de la montaña. A lo largo del tiempo se fueron superponiendo estructuras ibéricas, romanas, islámicas y cristianas. Por eso no responde a un único diseño: es una fortificación que creció por acumulación.
La subida permite entender bien esa lógica. El camino serpentea por la ladera mientras aparecen murallas, torres y puertas defensivas. Hay dos sectores principales: el Castell Menor y el Castell Major, conectados por un largo tramo amurallado que sigue la forma de la montaña.
Desde arriba se abre todo el valle de la Costera. La huerta se extiende hacia el norte y el oeste con parcelas agrícolas que cambian de color según la estación. Más que una vista espectacular, lo que se percibe es la posición estratégica: quien controlaba esta altura controlaba el paso natural entre territorios.
Cocina de tradición doméstica
La cocina local está muy ligada al calendario y a las recetas de casa. Uno de los platos más conocidos es el arròs al forn, que se termina en horno y suele llevar morcilla, patata, garbanzos y una cabeza de ajos en el centro de la cazuela. Es una preparación extendida por muchas comarcas valencianas, aunque aquí forma parte habitual de la comida familiar.
Entre los dulces aparece el arnadí, hecho con calabaza o boniato, almendra molida y canela. Tiene raíces antiguas y suele asociarse a celebraciones religiosas. Otro dulce muy ligado a la ciudad es la almoixàvena, de origen andalusí, que todavía se prepara en ciertas fechas del año.
El mercado municipal sigue siendo un buen lugar para tomar el pulso a la vida diaria. El edificio es de principios del siglo XX y mantiene la estructura de hierro y las paradas tradicionales de producto fresco de la comarca.
La Fira d’Agost
La Fira d’Agost es la celebración más conocida de Xàtiva y tiene origen medieval. Durante varios días de agosto la ciudad se llena de actividades, ferias y conciertos. El paseo de la Alameda se convierte en uno de los centros de la fiesta, algo que ya ocurría cuando esta avenida arbolada se diseñó como espacio de encuentro urbano.
Más que una recreación histórica, hoy es una mezcla de feria popular, programación cultural y tradición local que sigue marcando el calendario de la ciudad.
Cómo moverse por Xàtiva
Xàtiva está bien comunicada con Valencia por tren y carretera, lo que facilita una visita de un día.
El casco antiguo se recorre a pie sin dificultad, aunque algunas calles tienen bastante pendiente. Muchos visitantes suben caminando hacia el castillo desde el centro; otros prefieren acercarse en coche hasta las zonas habilitadas más próximas y continuar el último tramo andando.
Con medio día se puede ver lo esencial: el museo, la colegiata, algunas calles históricas y la subida al castillo. Si se dispone de más tiempo, merece la pena pasear sin rumbo por el casco antiguo y bajar después hasta la Alameda, que sigue siendo uno de los lugares donde mejor se percibe el ritmo cotidiano de la ciudad.