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about Alicún
A small Alpujarra village of Arab origin; it keeps its Islamic street plan and natural springs.
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Alicún: aparcar arriba y bajar andando
Dejas la A-348 y en un minuto estás en Alicún. El pueblo empieza justo donde acaba el asfalto. No intentes meter el coche más allá de la primera calle; se estrecha enseguida y no hay donde girar. Aparca ahí, al principio. Es lo que hace todo el mundo.
En verano, el sol pega duro desde mediodía hasta las cinco. No hay muchas sombras. Conviene venir a primera hora de la mañana o ya al atardecer.
Un pueblo alpujarreño, sin más
Alicún es pequeño. Lo recorres entero en media hora si no te entretienes.
Las casas son blancas, con tejados planos y chimeneas cilíndricas, como en todos los pueblos de la Alpujarra Almeriense. La iglesia está en el centro y sirve más para orientarte que para otra cosa. No busques monumentos; no los hay.
Si caminas hacia la parte alta, entre las casas se abren huecos con vistas al valle. En días claros se ve Sierra Nevada al fondo. No es un mirador acondicionado, solo un claro entre muros.
Los bancales: el paisaje de siempre
Detrás del último muro del pueblo empiezan las terrazas. Son estrechas y largas, hechas a mano durante generaciones.
Aquí se ven olivos, almendros y alguna huerta pequeña. El sistema sigue funcionando, aunque ahora trabaja menos gente. Los caminos de tierra que bajan por las laderas son los mismos que usaban los agricultores para llegar a sus parcelas.
Pasear por ahí es entender cómo se vive aquí: un terreno que sube y baja, bancales bien ordenados junto a monte bajo, y el pueblo cada vez más atrás. Es un paisaje trabajado, no espectacular.
Senderos sin señalizar
De esos caminos salen veredas que conectan con cortijos dispersos. Son rutas de trabajo, no de recreo. El suelo es irregular y no hay flechas pintadas. Si te adentras, fíjate por dónde viniste y lleva agua. La vegetación cambia poco a poco: de los olivares se pasa al matorral mediterráneo sin darte cuenta.
No vengas buscando una ruta circular marcada o un centro de interpretación. El interés está en pisar los mismos trayectos que usan aún algunos vecinos para ir a su tierra.
Comida contundente y ritmo pausado
La cocina es la de siempre: platos para aguantar jornadas largas en el campo. Migas con algo, carne de choto guisada, dulces con miel. Se come en casa o donde cada uno pueda; aquí no pondremos nombres.
El pueblo tiene sus fiestas en verano y alrededor de fechas religiosas. Ahí vuelve gente y se nota vida en la calle. El resto del año sigue su ritmo tranquilo, el de un lugar donde viven poco más de doscientas personas.
Consejo práctico
No le dediques más de una mañana o una tarde. Aparca arriba, recorre las calles, baja unos metros por los bancales y mira hacia el valle. En una hora has visto lo esencial. Alicún funciona como una pausa breve en medio de la carretera, ni más ni menos