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about El Ronquillo
Traditional stop on the Silver Route, known for its cuisine and the Serrano lakes setting.
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El Ronquillo se encuentra en el mapa de la Sierra Norte de Sevilla como un núcleo junto al corredor natural que conecta la campiña con las sierras de Huelva. Su razón de ser histórica ha sido esa: ser lugar de paso. Por aquí cruzaban las vías pecuarias y los caminos que unían el valle del Guadalquivir con el norte, una geografía de tránsito que aún se percibe.
El pueblo actual se configuró tras la conquista castellana del siglo XIII. Como en otras zonas de la sierra, la repoblación fue lenta y el territorio se organizó en grandes dehesas. El casco urbano creció alrededor de un cruce de caminos, y esa estructura básica persiste: calles cortas, a veces en cuesta, con casas encaladas de una o dos plantas. La vida diaria se concentra en la plaza principal, que sigue funcionando como el centro social.
La iglesia y la trama urbana
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios ocupa el centro. Es un templo mudéjar, un modelo muy extendido en la provincia entre los siglos XV y XVI, aunque con reformas posteriores. No es grande. Su interés reside menos en su valor artístico —conserva retablos barrocos e imágenes de devoción local— que en su papel como eje vertebrador de la comunidad durante siglos.
El resto del casco no tiene edificios monumentales. La arquitectura es doméstica, funcional: fachadas blancas, rejas de hierro, patios interiores. Pasear por sus calles da una idea clara de cómo se vivía en un pueblo agroganadero de esta comarca.
El paisaje de la dehesa
Sal del núcleo urbano y en pocos minutos estás en la dehesa. Este no es un paisaje natural, sino el resultado de siglos de manejo del bosque mediterráneo para el pastoreo, la leña y el cultivo extensivo. El equilibrio entre la encina y el pasto abierto define el entorno.
Por aquí pasan varias vías pecuarias y caminos rurales que son buenas opciones para caminar o ir en bicicleta. Siguen el trazo de las antiguas rutas de ganado o los accesos a los cortijos. Caminarlos permite entender el uso tradicional de este territorio. Algunos vecinos señalan encinas singulares por su antigüedad; su edad exacta no siempre está documentada, pero su presencia habla de una continuidad larga.
Cerca del término municipal hay también algunas láminas de agua asociadas a embalses del sistema hidráulico provincial. Se integran en el paisaje general de dehesa y son un punto habitual para pasar unas horas al aire libre.
El ritmo local y sus fiestas
El calendario festivo mantiene un marcado carácter comunitario. La Semana Santa se desarrolla íntegramente dentro del pueblo, con procesiones cortas por las calles principales. La escala es la que corresponde a su población.
Las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de los Remedios tienen lugar en verano. Son días en los que la población se multiplica, con el regreso de muchos vecinos que viven fuera. Refuerzan los vínculos familiares y sociales que trascienden el término municipal.
La romería de San Isidro mantiene su ligazón con el mundo rural. Y en primavera, en algunos años, aún pueden escucharse los Mayos, coplas tradicionales de la sierra cuya costumbre se ha perdido en muchos otros lugares.
Cómo moverse y cuándo ir
Para recorrer el pueblo basta una hora. Un paseo tranquilo por el centro, pasando por la iglesia y la plaza mayor, sirve para entender su trazado. A partir de ahí, lo que define a El Ronquillo está fuera: son los caminos que se adentran en la dehesa.
Las mejores épocas para caminar por el campo son la primavera y el otoño. El verano en esta parte de la provincia puede ser muy caluroso; si se visita entonces, conviene aprovechar las primeras horas del día.
El Ronquillo es, en definitiva, un lugar donde lo urbano es breve y lo que importa es el territorio que lo rodea. Sus calles blancas y su iglesia mudéjar hablan de su formación medieval. Sus encinas y sus cercados hablan del manejo secular de la tierra. Juntos explican un paisaje modelado por el tránsito, el ganado y la comunidad.