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about Villahermosa
Large municipality that includes the Blanca de Ruidera lagoon; noted for its Gothic church and traditional pilgrimages.
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Villahermosa en el Campo de Montiel
Villahermosa se encuentra a unos 950 metros sobre el nivel del mar, en la llanura elevada del Campo de Montiel, al sureste de Ciudad Real. Esta altitud marca el clima —inviernos fríos, veranos menos rigurosos que en otras zonas de La Mancha— y también el paisaje: una extensión abierta donde la agricultura y la ganadería siguen siendo el pulso del territorio. El pueblo, con poco más de mil setecientos habitantes, mantiene una escala humana y un ritmo que no ha sido alterado por el turismo.
Un núcleo histórico condicionado por el terreno
La iglesia parroquial de la Asunción ocupa el punto más alto del casco urbano. Su construcción comenzó en el siglo XVI, aunque reformas posteriores, sobre todo en el XVIII, modificaron su aspecto original. Su posición no es casual: desde allí se domina visualmente la llanura circundante. La plaza mayor se articula a sus pies, un esquema común en los pueblos del Campo de Montiel donde la iglesia ejercía también de referencia y defensa.
En las calles aledañas se conservan casas de dos plantas, con fachadas encaladas y portones de madera maciza. En algunas vías aparecen viviendas de mayor tamaño, con blasones o trabajos en piedra que hablan de periodos de mayor bonanza agraria. La arquitectura doméstica responde a una lógica práctica: gruesos muros para aislar del frío y el calor, patios interiores que organizan la vida y antiguos espacios que servían como cuadras, almacenes o bodegas.
El paisaje de la llanura
El término municipal de Villahermosa es la puerta de entrada al Campo de Montiel propiamente dicho. Es un terreno de meseta, con suaves elevaciones y horizontes amplios, dominado por el cultivo extensivo y las dehesas de encina. No es un paisaje espectacular en el sentido monumental; su valor está en la quietud y la escala.
El aspecto cambia con las estaciones. Tras las lluvias, el verde predomina en los pastos y rastrojos. En verano, el color se vuelve ocre y la tierra clara. En zonas menos transitadas es frecuente ver rastros de jabalí o ciervo, y aves rapaces planeando sobre las corrientes térmicas. En algunos puntos deprimidos del terreno se forman lagunas temporales cuando el invierno es húmedo. No siempre tienen agua, pero cuando la retienen atraen a aves acuáticas y rompen brevemente la uniformidad de la llanura.
Senderos y caminos rurales
La red de caminos y vías pecuarias que rodea Villahermosa es la mejor manera de entender el territorio. Son pistas anchas, de tierra compactada, creadas para el trabajo agrícola y la trashumancia. Al no haber grandes desniveles, son aptas para caminar o ir en bicicleta sin exigencia técnica.
Estos caminos atraviesan largas extensiones de cultivo y manchas de encinar. En algunos tramos se conservan las marcas de los antiguos traslados de ganado. El interés aquí no está en un hito concreto, sino en la experiencia de la llanura: el silencio, la línea del horizonte despejado y la sensación de espacio continuo.
El ciclo festivo local
El calendario de Villahermosa aún se estructura alrededor de sus fiestas. Los actos en honor a la patrona, la Virgen de la Carrasca, se concentran en agosto. Es cuando el pueblo recibe a muchos de sus vecinos que viven fuera y el ritmo cambia: hay misas, verbenas y comidas familiares en la calle.
En enero se mantiene la tradición de San Antón, con hogueras en las calles y la bendición de animales, un rato vinculado a la importancia histórica de la ganadería. La Semana Santa se vive con recogimiento, sin la grandiosidad de las ciudades. Las procesiones recorren el casco antiguo con un carácter familiar, donde casi todos los participantes se conocen.
Claves para la visita
Villahermosa se recorre a pie en poco tiempo. El valor de la visita está tanto en el pueblo como en salir a los caminos de su entorno. Para entender la arquitectura tradicional, conviene fijarse en los detalles que quedan: los patios interiores visibles a través de un portón entreabierto, los dinteles de piedra o los vanos originales en algunas fachadas reformadas.
La estación condiciona la experiencia. En primavera y otoño el tiempo es más benigno para caminar; en verano, hay que evitar las horas centrales del día. El pueblo sirve también como base para conocer otros municipios del Campo de Montiel, una comarca que se aprecia mejor por contraste y repetición que por un solo lugar destacado.