Full Article
about Huertahernando
In the Alto Tajo Natural Park; near the Tagüenza bridge
Hide article Read full article
Huertahernando, en la paramera alta
Huertahernando se encuentra a más de 1.100 metros, en el límite norte del Señorío de Molina. Pertenece a esa Guadalajara de pueblos pequeños y distantes, donde la densidad de población es una de las más bajas de la península. La geografía lo explica: estamos en la paramera, una meseta alta y abierta donde el horizonte se mide en kilómetros y el viento es un elemento más del paisaje.
El padrón ronda los cincuenta habitantes. Es una cifra que habla del proceso común a toda la comarca durante el siglo pasado. El caserío se adapta al medio: piedra, adobe y madera de la zona, calles cortas, corrales cerrados y antiguas edificaciones agropecuarias. En las afueras siguen visibles las eras, un recordatorio de que la vida aquí giró durante siglos en torno al cereal y al ganado.
La iglesia de la Asunción
La iglesia parroquial de la Asunción domina el perfil del pueblo. Es una construcción de mampostería, sobria, con una torre modesta. Arquitectónicamente, responde al tipo habitual en los pueblos del señorío: funcional, sin ornamentos superfluos.
El interior mantiene esa misma sencillez. El retablo mayor es barroco, de escuela popular, con repintes posteriores. Hay algunas piezas de platería y un par de tallas de los siglos XVII y XVIII. Su valor no es artístico, sino histórico: esta iglesia fue durante siglos el único edificio comunal, el lugar donde se marcaban los ritos religiosos y también los sociales.
La arquitectura de la necesidad
Un paseo por las calles de Huertahernando es una lección de adaptación al clima. Las casas tradicionales tienen muros gruesos y ventanas pequeñas, pensadas para aislar del frío invernal y del viento constante de la paramera.
Las puertas son grandes, de madera, para permitir el paso de carros o animales hacia los corrales interiores. La línea entre la vivienda y el espacio de trabajo era difusa. En los bordes del pueblo aún se distinguen pajares, corrales y parideras, muchos en ruinas pero que explican sin palabras la economía agroganadera que sostuvo el lugar.
El paisaje del señorío
Pasada la última casa, el terreno se abre en un mosaico de campos de labor salpicados de sabinas, enebros y matorral bajo. Este es el paisaje característico de las parameras molinesas: austero, luminoso, con una escala que impone.
Una red de caminos agrícolas, en buen estado, se adentra en estas llanuras. Son ideales para caminar sin dificultad orográfica, solo con la compañía del silencio y el cielo amplio. Es un territorio bueno para observar aves rapaces: es frecuente ver ratoneros, aguilillas calzadas y, con suerte, algún milano real planeando sobre los barbechos.
En primavera, el suelo se cubre de tomillo y aliaga, que atenúan la aridez visual. La sensación de espacio, sin embargo, permanece intacta.
El calendario festivo
El ritmo anual en Huertahernando lo marcan dos fechas. La principal es el 15 de agosto, la Asunción, cuando el pueblo recibe a los que se fueron. Durante unos días hay misa, comida comunal y algo más de bullicio en las calles.
La otra es San Isidro, en mayo. Se celebra con una romería a un paraje cercano, aunque su continuidad depende cada año de la iniciativa vecinal. Mantiene su vínculo original con el mundo agrícola.
Cómo llegar y aspectos prácticos
Se llega por carretera desde Molina de Aragón. El coche es imprescindible; no hay transporte público que cubra esta zona con regularidad.
En el pueblo no hay bares, tiendas ni alojamiento. Conviene llevar agua y algo de comida si se planea una estancia larga. La visita al casco urbano no lleva más de cuarenta minutos. Lo que realmente requiere tiempo es recorrer los caminos de su entorno para comprender la lógica de un pueblo construido desde y para la paramera.