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about Mazarete
Mountain village surrounded by pine forests; church with fortified tower
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Mazarete, en la paramera molinesa
Mazarete se encuentra a más de 1.200 metros, en una de las parameras del Señorío de Molina, en Guadalajara. La altitud define su clima: inviernos largos y un paisaje abierto, de horizontes amplios y vegetación baja. Hoy viven aquí unas veinticinco personas. La distancia entre pueblos en esta comarca siempre ha sido considerable, y esa escala, humana y geográfica, sigue marcando el ritmo.
Su historia está ligada a Molina de Aragón, a unos veinte kilómetros. Durante siglos, el mercado y la administración del señorío se organizaban desde allí. El pueblo, como otros de la zona, se configuró en la Edad Media, en un territorio de frontera donde el control del terreno tenía valor estratégico.
Traza y arquitectura de un pueblo de paramo
El plano de Mazarete es el de un asentamiento concentrado, con calles cortas y casas apiñadas, construidas con la piedra caliza de los alrededores. La arquitectura responde al clima: muros gruesos, vanos pequeños y tejados a dos aguas para soportar el frío y el viento.
La iglesia parroquial de San Pedro se levanta en el centro. Su torre, probablemente del siglo XVI aunque con reformas posteriores, sirve todavía como referencia visual cuando se llega por carretera. En las afueras quedan los restos de la economía agropecuaria que sostuvo el pueblo: corrales, pajares y alguna era de trillar ya en desuso.
El paisaje de la paramera
Lo que rodea a Mazarete es la paramera típica del Señorío: una sucesión de páramos elevados cubiertos de matorral bajo, aliagas, tomillo y espliego. Es un terreno duro, adaptado a la sequía y a las heladas. En primavera, con el deshielo, el aire huele a estas plantas aromáticas.
No es un paisaje frondoso, pero sí expansivo. La sensación de espacio es absoluta. Por los caminos rurales que conectan con Maranchón o El Pobo de Dueñas se cruzan campos de cereal y manchas dispersas de carrasca o sabina. Es habitual ver rapaces planeando sobre el páramo.
El ritmo anual
Las fiestas principales son las de San Pedro, a finales de junio. En pueblos de este tamaño, a veces el calendario se ajusta para coincidir con el regreso estival de quienes viven fuera. Esos días, Mazarete recupera algo de bullicio: se reúnen familias, hay actos religiosos y comidas colectivas.
El resto del año la quietud es la norma. En invierno, la población disminuye y el clima dicta la rutina diaria.
Cómo visitar Mazarete
Mazarete no tiene comercios ni servicios turísticos permanentes. Es práctico aprovisionarse en Molina de Aragón o en alguno de los pueblos mayores cercanos.
El núcleo urbano se recorre en poco tiempo. Lo que da sentido a la visita es salir a caminar por los alrededores para comprender la escala de esta tierra. La paramera es un paisaje austero que explica cómo se ha vivido aquí durante siglos.
En invierno conviene consultar el estado de las carreteras; el hielo y la nieve son frecuentes a esta altitud. La primavera y el otoño, con sus cambios de luz y color, son probablemente los mejores momentos para andar por estos caminos.