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about Huélamo
Village perched on a crag with spectacular views over the Júcar; crisp mountain air
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Huélamo: aparcar y andar
Aparca en la calle principal al entrar. Suele haber sitio. El pueblo se recorre en quince minutos. Lo que importa aquí está fuera.
La iglesia de San Pedro es del siglo XVI. Está bien conservada, sin más. Hay un frontón, el ayuntamiento y una plaza que es una bifurcación de caminos. Eso es todo.
El motivo para venir está a varios kilómetros: el Mirador del Diablo. Es una gran roca sobre el valle del Júcar. Se llega por pista de tierra; no uses un coche bajo y ve con calma. Lleva agua en verano, no hay sombra. Las vistas justifican el trayecto.
Comer y lo demás
Si el bar del pueblo está abierto, pide gazpacho pastoril. Es un plato caliente de torta, ajo y pimentón, nada que ver con el gazpacho andaluz. A veces llevaba carne de caza. Se encuentra queso de oveja local y miel de romero. La ganadería ovina marcó la zona, aunque ahora se ven menos rebaños. Algunos vecinos mayores hablan de la trashumancia. Era su vida antes.
Un nombre en una placa
En la plaza hay una placa a Julián Romero, un militar del siglo XVI nacido aquí. Huélamo tuvo más movimiento entonces por el comercio de lana. Ahora es solo una nota histórica.
Cuándo ir y consejo final
Octubre tiene color y gente buscando setas. Junio tiene fiestas y más ambiente los fines de semana. En agosto hace calor y hay mosquitos al atardecer. En invierno puede nevar y la carretera queda muy quieta.
Ve por la mañana, pasea el pueblo rápido y dedica el tiempo al mirador. Vuelve antes del anochecer; la pista no tiene luz y la noche cae pronto en esta sierra