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about Las Valeras
Made up of Valera de Abajo and Valera de Arriba; site of the important Roman settlement of Valeria.
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Las Valeras: un pueblo de la Serranía Media
La carretera que baja desde Cuenca capital hacia la Serranía Baja atraviesa un territorio de transición. Aquí, la llanura cerealista de La Mancha comienza a ondularse. Las Valeras se encuentra en ese punto, donde el campo abierto cede paso a las primeras lomas de pinares. Su paisaje lo define este cruce: tierras de labor, arroyos estacionales y el monte bajo cercano.
El río Júcar pasa a unos kilómetros, y su influencia se nota en la red de acequias y en la orientación de las huertas. El pueblo creció aquí por el agua y por los caminos que unían las aldeas dispersas. Su trazado lo delata: una calle Mayor ancha, una plaza junto a la iglesia, y luego un entramado de calles más estrechas que se adaptan al terreno. No fue planificado, sino que se construyó según se necesitaba.
La iglesia parroquial de San Bartolomé domina el perfil. Es del siglo XVI, con reformas posteriores. Su torre de mampostería, adosada al cuerpo principal, es sobria y maciza, un modelo frecuente en la zona. El interior guarda una pila bautismal románica, reaprovechada, que sugiere un poblamiento más antiguo en el lugar.
La arquitectura del trabajo
Las casas responden a una lógica agrícola. Fachadas encaladas, portones grandes para que entrara un carro, y a veces, corredores de madera en la planta alta. No hay ornamentos superfluos. Los materiales son los de la comarca: piedra, madera de pino, yeso. En algunas fachadas se ven rejas de forja sencillas, de diseño tradicional.
El conjunto no tiene pendientes pronunciadas. Las calles suben levemente hacia el noroeste, donde el caserío se abre a los campos. Este ligero desnivel permite ver, desde algunos puntos, la línea del horizonte recortada por los cerros cubiertos de pinar.
El campo inmediato
Salir del pueblo es inmediato. En cuestión de minutos se pasa de la última calle a los senderos que bordean los cultivos. Predominan los cereales de secano, con algunas parcelas de olivos y almendros. Entre ellas, manchas de monte mediterráneo: encinas, aliagas, romero.
Un camino habitual lleva a la ermita de la Virgen de la Soledad. Está en una pequeña elevación, rodeada de pinos. El edificio es modesto, pero su posición lo convierte en un mirador natural hacia el valle. Los vecinos usan este camino para paseos cortos.
Otra ruta conduce al paraje del Castillo. Como en muchos pueblos, el topónimo perdura aunque no queden restos visibles de fortificación. Desde allí la vista se amplía: se distingue la línea del Júcar al sur y, al norte, el comienzo de la serranía.
Comida de interior
La cocina aquí es la de la provincia. Sólida, pensada para el frío y el trabajo físico. El morteruelo conquense se prepara en temporada, una pasta densa de carnes especiadas. Las gachas, a base de harina de almortas, son otro plato de raíz pastoril.
La matanza tradicional aún marca el calendario en muchas casas. De ella salen los embutidos que se curan durante el invierno. Los dulces son sencillos: tortas de aceite, rosquillas fritas. Se hacen para las fiestas o para acompañar el café.
En otoño, cuando llegan las primeras lluvias, el pinar cercano atrae a los que buscan setas. Se encuentran níscalos y setas de cardo. Quien no conoce va con alguien experimentado; es un conocimiento que se transmite en el pueblo.
Fiestas y calendario
Las fiestas patronales en honor a San Bartolomé son en agosto. Incluyen actos religiosos y actividades organizadas por las peñas locales. La Semana Santa se vive con procesiones por las calles principales.
En primavera suele haber una romería a la ermita de la Soledad. Es una jornada campestre, con comida compartida. Estos eventos marcan el ritmo del año junto con las labores del campo.
Cómo moverse
Las Valeras se recorre a pie sin problema. El núcleo antiguo es pequeño: desde la plaza de la Iglesia se ven sus límites. Para entender su relación con el territorio, lo mejor es caminar hasta la ermita o tomar cualquiera de los senderos que salen entre las últimas casas. En media hora se pasa del ámbito urbano al rural sin solución de continuidad.
No hay grandes monumentos ni paisajes espectaculares. Lo que hay es un pueblo funcional, bien integrado en su entorno, donde la historia se lee en la disposición de las casas y en los caminos que llevan al campo.