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about Torreadrada
Village with fountains and springs; noted for its church and chapel.
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Llegar a Torreadrada
Necesitas coche. Aparca en la plaza, siempre hay sitio. El pueblo está a dos kilómetros de la carretera principal, sobre una loma rodeada de campos de cereal. No hay carteles turísticos. En diez minutos has visto todo.
Viven 53 personas. Las calles son cortas y silenciosas, con casas de piedra de una o dos plantas. Algunas están cuidadas, otras llevan años cerradas. Se ven corrales viejos, restos de cuando aquí se vivía del campo.
El frío en invierno es intenso. En verano, el calor seca y a mediodía no se mueve nadie.
La iglesia parroquial, del siglo XVI, es lo único que sobresale. Es de mampostería, con una torre y un reloj. Fuera no tiene adornos. Suele abrir unas horas los domingos; si está cerrada, te quedas viendo la fachada.
El pueblo y lo que hay alrededor
Torreadrada acaba pronto. Tras las últimas casas empiezan los campos. El terreno es llano: cereal, barbecho y caminos agrícolas que se pierden en la distancia. Algunas calles se convierten en pistas de tierra sin avisar.
No hay un centro histórico con monumentos. Lo que define el lugar es su sencillez y el paisaje abierto.
En días muy claros puedes distinguir a lo lejos la silueta de la Sierra de Guadarrama. No siempre se ve. El resto del tiempo, la vista es la típica de la Meseta: horizonte largo y casi ningún árbol.
Caminar por los caminos
Si quieres andar, no hace falta planificar ni equipamiento especial. Sigue cualquier pista agrícola que salga del pueblo. Son las mismas que usan los tractores; dan vueltas alrededor del caserío y pasan por lo que fueron pequeñas huertas.
En primavera salen amapolas entre el cereal, algo de color en un paisaje más bien apagado. Se ven algunas aves campestres. No hay nada organizado ni señalizado, solo campo y silencio.
Por la noche el cielo está despejado. Hay poca contaminación lumínica; si las nubes lo permiten, se ven bien las estrellas.
Fiestas locales
La celebración principal es en agosto, por las fiestas patronales: misa y procesión por las calles del pueblo. Se ponen algunos puestos con comida casera y productos hechos por los vecinos. Es un evento pequeño y local; lo marcan quienes viven aquí todo el año.
En invierno perdura ocasionalmente una tradición más antigua en algunas casas: la matanza del cerdo. Era práctica común para preparar embutidos para el año. Hoy lo mantienen sobre todo residentes mayores y no ocurre todos los años.
Antes de ir
Torreadrada no es para ver monumentos ni seguir un itinerario. Llegas, das un paseo, y enseguida has visto lo que hay. Esa es su naturaleza.
Si pasas por esta zona del nordeste segoviano, puede servir como parada breve para entender cómo son muchos pueblos pequeños de la comarca. No esperes más