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about Gomezserracín
In the Carracillo district; major vegetable production and pine-forest surroundings
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Gómezserracín, sin postales
Gómezserracín no es el típico pueblo que buscas para una foto bonita. Es más bien como la casa de un amigo que trabaja en el campo: funcional, sin decoraciones innecesarias, y donde lo importante pasa en el patio o en el taller. Está en la Tierra de Pinares de Segovia, y aquí el pinar no es el decorado. Es el taller.
Con poco más de 600 vecinos, el sonido de fondo suele ser un tractor, no el bullicio de una plaza turística. Las casas son bajas, de adobe y entramado de ladrillo, con esas puertas de madera descomunales que delatan que aquí antes entraban carros y animales. No hay monumentos señoriales. La iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en la plaza, es sobria y práctica, como todo lo demás.
Pasear por la Calle Mayor o la de Santa Ana te lleva una hora si vas tranquilo. No es un paseo arquitectónico al uso. El interés está en los detalles cotidianos: una carreta olvidada bajo un cobertizo, la leña apilada con cuidado, el olor a resina que se cuela por algunas calles cuando hace calor.
El pulso del pinar
Para entender Gómezserracín hay que salir del pueblo. Las últimas casas dan paso al pinar casi sin transición. El terreno es llano, perfecto para caminar o ir en bici sin sufrir cuestas. No esperes miradores espectaculares. La gracia aquí es otra: la repetición tranquila de pinos altos, suelo arenoso y un silencio que solo rompen pájaros o el viento entre las ramas.
En los troncos verás unas cicatrices diagonales, como pequeñas escaleras talladas en la corteza. Son las marcas del resinero, un oficio que fue motor económico aquí durante generaciones. La actividad ya no es lo que era, pero esas huellas siguen contando la historia.
Si vas a primera hora o al atardecer, es fácil cruzarse con corzos en los claros. Los jabalíes también están, aunque normalmente solo verás sus rastros en el barro.
Setas y temporadas
El otoño cambia la dinámica del bosque. Con las primeras lluvias buena parte del pueblo sale con su cesta. Los níscalos son los reyes, pero los años son variables: unos dan, otros no. Hay una cultura micológica muy arraigada y un respeto claro por el monte. Si no sabes, mejor ir con alguien que controle o informarte bien antes; se escuchan conversaciones entre vecinos sobre dónde buscar y, sobre todo, dónde es mejor no tocar.
La gastronomía por aquí va ligada a lo rural y a la temporada. El cordero lechal asado al horno de leña es un clásico para ocasiones especiales. También lo son las verduras de las huertas –judías verdes, guisantes– y los derivados de la matanza invernal. Es una cocina sin complicaciones, hecha con lo que hay.
Un punto de partida tranquilo
Gómezserracín funciona bien como base tranquila para moverse por la comarca. A pocos minutos en coche tienes Cantalejo o Cuéllar, donde el ambiente es más urbano y aparecen castillos e iglesias mudéjares. Es común hacer una combinación: mañana de paseo por el bosque aquí y tarde paseando por las calles históricas de alguno de esos pueblos.
El ritmo local sigue marcado por tradiciones como las fiestas de San Gregorio a principios de marzo o las romerías cuando mejora el tiempo. No es un lugar que haga mucho ruido para llamar la atención.
Vienes a Gómezserracín para ver cómo se vive con un bosque pegado a las casas. Para pasear sin prisa donde el único reclamo es el propio paisaje. Y probablemente te marches con ese olor a pino pegado a la ropa durante todo el camino de vuelta