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about Aldealseñor
A noble village with a well-preserved fortified house and traditional stone architecture.
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Aldealseñor: aparcar, pasear y seguir camino
Deja el coche en la entrada, junto a la plaza. Las calles son estrechas y algunas de tierra. No intentes meterlo más adentro.
Trae agua. No hay bares ni tiendas. Si el cierzo sopla, que es habitual, la visita se acorta. Mejor venir a primera hora o al atardecer.
Un pueblo de Tierras Altas
Aldealseñor tiene una treintena de vecinos. Está a 1.200 metros, rodeado de campos de cereal. Las casas son bajas, muchas cerradas o en ruina. Se ve en diez minutos.
Las calles mezclan tierra, piedra y algún tramo de cemento. No hay ruta señalizada. Se camina sin rumbo fijo.
Si vas despacio, ves detalles: portones de madera grandes, algún escudo de piedra sobre una puerta, rejas antiguas en las ventanas. Nada espectacular, pero muestra cómo era el pueblo cuando tenía más vida.
La iglesia y lo demás
El edificio que destaca es la iglesia de San Pedro. Es sólida, sin adornos. Normalmente está cerrada.
Alrededor hay corrales y pajares todavía en pie. Estas construcciones dicen tanto del lugar como la propia iglesia.
Paisaje abierto
No hay senderos marcados. Los caminos que salen del pueblo son pistas agrícolas. Con lluvia se ponen fangosas; con helada, resbaladizas.
Se puede andar por ellas un rato. El terreno es llano y abierto, sin cambios bruscos en el paisaje.
Con prismáticos es posible ver aves propias de estepa y cultivos: avutardas, alondras. Hay más movimiento al amanecer o al atardecer.
Verano y silencio
En agosto vuelven algunos veraneantes y se celebra San Pedro con una misa y una comida comunal. El resto del año el silencio es absoluto.
No vengas buscando monumentos ni planes organizados. Aldealseñor sirve para entender cómo son muchos pueblos vacíos de esta comarca. Para eso basta una parada breve en ruta por las Tierras Altas: aparcar, dar un paseo corto y seguir camino