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about Fuentes de Magaña
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Fuentes de Magaña: un pueblo de agua en las Tierras Altas
En el norte de la provincia de Soria, lindando con La Rioja, se encuentra Fuentes de Magaña. El censo ronda los cincuenta habitantes, una cifra que define su escala. Para entender el lugar, conviene empezar por el nombre: hace referencia a los manantiales que brotan en esta zona de las Tierras Altas, a unos 1.140 metros de altitud. En un paisaje de colinas abiertas y largos inviernos, la presencia de agua marcó la posibilidad de asentarse aquí.
Algunos de esos puntos de agua siguen visibles junto a los caminos o en los prados cercanos al casco. La diferencia entre las zonas de pasto húmedo y el matorral más seco es parte del carácter del terreno.
La iglesia y la estructura del pueblo
La iglesia parroquial, dedicada a la Inmaculada, ocupa el centro. Su fábrica principal es del siglo XVI, con reformas posteriores que alteraron partes del edificio, probablemente en el XVIII. Es una construcción de piedra sobria, con una espadaña sencilla.
En el interior se conservan retablos de madera tallada, de un barroco rural. El templo no está abierto al público de forma habitual; suele abrir para celebraciones religiosas o cuando algún vecino tiene la llave.
Las casas responden a la lógica constructiva de la zona: muros de mampostería gruesos, vanos pequeños y anejos para animales o almacén. En algunas se aprecian bodegas excavadas o semisubterráneas, que se usaban para conservar alimentos. El pueblo se recorre en poco tiempo. Su trazado es orgánico, con calles cortas, corrales y patios que se enlazan sin formar una retícula clara.
Caminos de manantiales y pastos
Varias pistas agrícolas y ganaderas salen del pueblo hacia el monte. No son rutas señalizadas, sino vías de uso tradicional que conectaban huertas, apriscos y zonas de pasto.
La vegetación mezcla encina con roble melojo en las umbrías, y amplias manchas de matorral de jara. En primavera y principios de verano, aparecen plantas aromáticas como el tomillo y la lavanda en los bordes del camino.
Desde algunos puntos abiertos hay vistas hacia la Sierra de Alcarama, que domina el horizonte al norte y este. La sensación es de amplitud, con largas distancias y pueblos muy separados entre sí.
Fauna y ritmos rurales
Las primeras horas de la mañana suelen ser las más tranquilas para caminar por los alrededores. Es habitual ver aves rapaces aprovechando las corrientes sobre las lomas: milanos reales, ratoneros comunes y otras especies propias del interior peninsular.
La actividad sigue vinculada a la ganadería extensiva, aunque muchas construcciones antiguas están en desuso. Los apriscos y cerramientos siguen marcando el terreno, recordatorios de cuando el movimiento del ganado marcaba el ritmo diario.
Comida, visita y vida estacional
En Fuentes de Magaña no hay bares o restaurantes con horario regular. Quien planee pasar varias horas en la zona debe llevar provisiones o dirigirse después a alguno de los pueblos mayores cercanos.
La cocina tradicional de las Tierras Altas se basa en ingredientes sencillos y contundentes, adaptados al clima frío: cordero, legumbres, embutidos y guisos de cocción lenta. En temporada, también se recogen setas en el monte cercano.
La parroquia celebra su fiesta patronal en diciembre, dedicada a la Inmaculada. Como en muchos pueblos pequeños, los actos principales suelen trasladarse a los meses de verano, cuando regresan personas con vínculos familiares. Durante esos días, Fuentes de Magaña recupera brevemente cierta actividad: se abren casas que permanecen cerradas gran parte del año y la iglesia vuelve a tener movimiento.
Para tener en cuenta
Fuentes de Magaña se visita en un tiempo corto. Lo que permanece es su contexto: un núcleo mínimo en una de las comarcas con menor densidad de población de Castilla y León. Conviene ir con cierta preparación: llevar lo necesario, aparcar sin obstruir las calles estrechas y caminar sin prisa. La vida aquí sigue otro compás, marcado por el terreno, las estaciones y la presencia discreta de sus fuentes.