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about Ordis
Small farming village near Figueres; known for the legend of the shoemaker of Ordis.
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Ordis, el pueblo que no te espera
Ordis es de esos sitios que pasas de camino a otro sitio. Vas hacia Figueres o la Costa Brava, ves la señal y piensas "¿esto qué es?". No es un insulto. Es exactamente lo que lo define: un pueblo de unos 400 habitantes en el Alt Empordà que no hace ruido.
Llegas y lo primero que notas es el silencio. No un silencio vacío, sino el de un lugar donde la vida transcurre sin necesidad de anunciarse. Calles estrechas, casas de piedra con portales anchos para los carros, alguna fachada más cuidada que otra. La plaza tiene un par de bancos y, si hay suerte, algún vecino charlando. No hay tienda de souvenirs. No hay oficina de turismo. Es como llegar a casa de un familiar un domingo por la tarde.
Sant Julià y las piedras que cuentan historias
La iglesia de Sant Julià es el punto de referencia. No es una catedral, claro. Es una iglesia de pueblo, con partes que parecen muy antiguas y otras reconstruidas con menos pretensiones. La torre del campanario se ve desde varias calles, discreta.
Lo interesante está en los detalles mientras paseas. En las puertas de algunas casas todavía se ven las iniciales talladas en la piedra. En los patios traseros, ahora con macetas, que antes eran cuadras. La arquitectura rural aquí no es un decorado; es la casa donde la gente ha vivido durante generaciones.
Da dos pasos fuera del núcleo y te encuentras en medio del campo. Campos de cereal, almendros, olivos. El terreno es plano, típico del Empordà interior. Si hace viento (y aquí el tramontana sopla en serio), verás cómo se mueven las espigas y el cielo se queda de un azul intenso y frío.
La gracia está en no hacer nada
Puedes ver "todo" Ordis en media hora. Pero eso sería como leer solo el título de un libro.
La idea es justo lo contrario: ralentizar. Sentarte un rato en la plaza. Observar cómo a media tarde alguien riega su huerto junto a casa o cómo un vecino sale en bici por el camino agrícola hacia Vilamalla.
Si te apetece caminar o ir en bicicleta, este es tu terreno. Los caminos entre campos son llanos y tranquilos. En primavera todo está verde; en verano, dorado por el sol y el trigo maduro. Lleva agua si vas en verano porque la sombra escasea.
Para comer o tomar algo, normalmente la gente se acerca a los pueblos vecinos más grandes. La cocina es la de siempre: buen aceite local, vinos con denominación Empordà y platos contundentes cuando refresca.
Cuando el pueblo se despierta
El momento más animado del año suele ser hacia finales de agosto, para la fiesta mayor de Sant Julià. Hay misa, alguna actuación musical y actividades organizadas por los propios vecinos. No esperes grandes conciertos ni ferias masivas. Es una fiesta de barrio pero a escala pueblo, donde se juntan quienes viven aquí todo el año y quienes vuelven por vacaciones.
Ordis no va a competir con Cadaqués ni con las calas de la costa. Ni lo intenta. Es simplemente un pueblo agrícola que sigue funcionando como tal. Su atractivo, si lo tiene, es esa normalidad tan poco común hoy en día. Sabes cuando estás en un sitio real porque no intenta convencerte de nada. Ordis es así: te lo tomas o lo dej