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about Vilaplana
Gateway to La Mussara, perfect for hikers and nature lovers.
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Vilaplana, y el silencio que pesa
Un amigo de Reus me lo dijo así: "Si quieres ver dónde acaba la llanura y empieza la montaña, sube a Vilaplana". No fue una recomendación entusiasta, más bien una constatación. Por eso fui. Y lo que encontré arriba, a esos 370 metros sobre el nivel del mar, no es exactamente un pueblo bonito. Es otra cosa.
Vilaplana es del tipo de sitio donde el panadero pasa los martes y viernes con su furgoneta, y si no estás en la puerta a la hora, te quedas sin pan. El centro lo forman cuatro calles que se arremolinan alrededor de la iglesia de la Natividad, del siglo XVI, y de un bar que hace las veces de plaza pública. No hay tiendas de souvenirs. Hay vecinos que tienen gallinas. El ritmo lo marca el sol y el trabajo en el campo, no el horario de verano.
La verdad sobre La Mussara
Todo el mundo viene aquí por La Mussara. Y con razón. Pero no es una excursión pintoresca. Es un pueblo fantasma de verdad, abandonado en los años 60 cuando la gente bajó a la costa en busca de algo mejor que una vida de piedra y aislamiento.
El camino desde Vilaplana son unos 50 minutos por pista forestal y sendero entre pinos. Lleva calzado con buen agarre. Y sobre todo, consulta el tiempo antes de salir. La niebla aquí no avisa; se levanta del valle y en diez minutos estás perdido en una nube blanca, sin referencias. Me pasó. No fue divertido.
Ver esas casas sin techo, con las higueras creciendo dentro de las cocinas, da qué pensar. No es triste, es severo. Te recuerda que los pueblos no se mueren por arte de magia, sino porque la vida allí se hizo demasiado dura. Vale la pena ir para entenderlo, no solo para hacer una foto.
Cómo moverse (y por qué necesitas coche)
Olvídate del transporte público serio. Para llegar a Vilaplana hace falta coche. Uno pequeño, porque las curvas son cerradas y las calles del pueblo más estrechas que un pasillo. Desde Reus se tira unos 45 minutos subiendo; desde Barcelona, unas dos horas.
Para dormir hay alguna casa rural. Son justas, funcionales y limpias. Las vistas desde la ventana suelen ser lo mejor del equipamiento: un mar de montañas onduladas y bosques de pino carrasco. Reserva con tiempo porque no hay muchas camas.
La primavera y el otoño son los momentos buenos. En octubre, los colores son bestiales. El verano puede apretar con calor incluso aquí arriba, y en invierno a veces nieva y te quedas aislado un par de días.
Comer entre montañas
No vengas buscando estrella Michelin ni carta larga. En el bar del pueblo sirven comida casera catalana: butifarra con alubias blancas, algún guiso contundente, huevos con patatas. Es honesta.
El producto estrella de la zona está en Reus, abajo: la avellana. De aquí salen algunas de las mejores de España. Si puedes comprarlas directamente a un productor en el mercado o en alguna cooperativa, notarás la diferencia abismal con las que venden empaquetadas en cualquier sitio.
El vino suele ser del Priorat o Montsant cercanos: potentes, hechos para acompañar paisajes ásperos.
Mi consejo final
Vilaplana no es un destino turístico al uso. Es un lugar para parar un día o dos si vas camino a las montañas más altas del Priorat o si necesitas desconectar de verdad. Ven con expectativas claras: esto es vida rural catalana sin adornos. Trae buenas botas para andar. Y repito lo del tiempo: antes de ir a La Mussara mira bien el cielo. Aquí arriba las reglas las pone la montaña