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about La Vall d'Alcalà
Historic Moorish valley; abandoned hamlets and wild nature
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La Vall d'Alcalà: un municipio disperso
La Vall d'Alcalà no es un pueblo, sino un municipio de la Marina Alta formado por varios núcleos y masías diseminadas. Se encuentra a unos seiscientos metros de altitud, en un terreno de barrancos y laderas donde la agricultura ha dependido siempre de las terrazas de piedra seca. La población, poco más de ciento cincuenta habitantes, vive repartida en este territorio.
El paisaje se lee en bancales. Son el elemento que ordena las laderas, construidos durante siglos para sostener almendros, olivos y algarrobos. Algunos se mantienen en cultivo; otros los ha cubierto el matorral. No es una postal, sino el resultado visible de un trabajo antiguo y necesario para sobrevivir aquí.
Historia en las crónicas
Este valle aparece en los relatos de la resistencia morisca en las montañas alicantinas, a principios del siglo XVII. Tras el decreto de expulsión, algunos grupos se refugiaron en los valles más agrestes del interior. La tradición local sitúa uno de esos focos en estas sierras, aunque los vestigios no son evidentes en el terreno.
Este pasado ayuda a entender la disposición actual del poblamiento: pequeñas aldeas separadas entre sí, situadas donde el terreno permitía algún cultivo y el acceso al agua.
La iglesia y los núcleos
La iglesia de la Virgen del Rosario, de época moderna y con reformas posteriores, es un edificio sencillo. Su valor arquitectónico es menor; importa más su función como punto de reunión para una comunidad dispersa. A su alrededor se agrupan las casas de uno de los núcleos principales.
Las calles siguen la pendiente. Las viviendas son de mampostería, algunas encaladas y otras con la piedra vista. Se ven reformas recientes junto a detalles antiguos: corrales adosados, pequeños lavaderos o depósitos de agua vinculados a la red de riego tradicional. Estos elementos cuentan cómo se vivía aquí, aprovechando cada recurso.
Caminar por las sendas
Las sendas que salen de los núcleos conectaban antiguamente masías, fuentes y pueblos vecinos de la Marina Alta y el Comtat. Hoy se pueden recorrer a pie.
Caminar aquí implica subir y bajar con frecuencia. El terreno es quebrado, de barrancos y crestas. A cambio, las vistas cambian cada poco. Desde algunos puntos altos, en días claros, se llega a ver la línea lejana del mar.
La fauna es la propia del monte mediterráneo. Es frecuente ver aves rapaces planeando sobre los barrancos, y pequeños pájaros entre pinos y matorral. El valle tiene más actividad a primera hora de la mañana y al final de la tarde.
Una cocina de aprovechamiento
La cocina tradicional parte de lo que daba el territorio: legumbres, aceite, algo de caza menor y arroz preparado de varias formas. En las casas eran comunes los guisos de puchero, los arroces de montaña y los embutidos de la matanza.
Algunas prácticas perduran según la temporada. En otoño, quien conoce el terreno sale a buscar setas silvestres en zonas concretas del monte. En primavera se recogen hierbas aromáticas para usar en la cocina doméstica.
Cuándo ir y cómo llegar
Se llega por carreteras comarcales que atraviesan el interior de la Marina Alta. El último tramo serpentea entre sierras y valles agrícolas.
Las mejores épocas para caminar son la primavera y el otoño. En verano hace calor fuerte durante el día, aunque las noches suelen ser frescas por la altitud. El invierno puede traer viento y temperaturas bajas, lo que da un carácter más áspero al paisaje.
La Vall d'Alcalà se comprende mejor con calma: observando sus bancales o recorriendo las sendas que aún unen sus núcleos dispersos.