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sobre Aceuchal
Conocida mundialmente por su producción de ajos y aceite; municipio dinámico con arquitectura típica de Tierra de Barros y gran tradición gastronómica
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Las migas huelen a campo tostado cuando cruzas un camino de tierra roja a las afueras. Es domingo, sobre las once, y el vapor que sale de la sartén se mezcla con el polvo que levantan las primeras botas que vuelven del campo. En Aceuchal, en plena Tierra de Barros, el pan de ayer no se tira: se desmiga con los dedos, se salpica de ajo local —ese que se cuela por las ventanillas del coche cuando atraviesas el pueblo— y se remueve despacio hasta que cada migaja queda suelta.
Aquí el ajo no es un detalle de cocina. Es parte del paisaje.
Ajo, piporro y otras palabras que aquí pesan
A los vecinos de Aceuchal se les llama «piporros». El apodo suele explicarse con una historia repetida muchas veces: durante años muchos salían a vender ajos por media España, cargando sacos y recorriendo pueblos. Hoy ya no se ven aquellas recuas de mulas, pero el ajo sigue marcando el ritmo del municipio.
En los almacenes de las cooperativas agrícolas, cerca de la carretera que lleva a Almendralejo, es habitual ver montones de trenzas apiladas cuando llega la campaña. El olor es intenso, seco, casi picante. Los trabajadores suelen decir que el ajo de aquí sale más compacto y con un sabor más fuerte que el que llega de fuera. Antes de probarlo ya lo sabes: basta con acercarte.
En el centro del pueblo hay un monumento dedicado al oficio ajero. Es grande, casi exagerado, pero tiene sentido en un lugar donde cada verano se celebra la Feria del Ajo, una cita muy conocida en la comarca. Durante esos días la plaza se llena de puestos, sartenes y demostraciones relacionadas con el producto. Si prefieres ver el pueblo con calma, conviene evitar ese fin de semana: Aceuchal se llena bastante más de lo habitual.
La torre de San Pedro
La iglesia de San Pedro domina el perfil del casco urbano con una torre cuadrada y maciza que se ve desde varias calles del pueblo. La base parece más defensiva que religiosa, algo que no resulta raro en esta zona: muchos templos medievales de Extremadura hicieron también de refugio.
Algunos estudios sitúan su origen en torno al siglo XIII, cuando estas tierras empezaban a organizarse tras la repoblación. Con los siglos el edificio se fue adaptando, pero la torre sigue teniendo ese aire de fortaleza tranquila.
Dentro hay frescor de piedra incluso en verano. La nave es sobria, con retablos de madera oscura y algunas imágenes que salen en procesión en distintas épocas del año. A ciertas horas el silencio es total, solo roto por el eco de los pasos o el golpe seco de una puerta que se cierra en la plaza.
Caminos entre olivos
En los alrededores de Aceuchal hay varios caminos agrícolas que se utilizan para pasear o salir en bici. Uno de los recorridos más conocidos por los vecinos enlaza algunas ermitas dispersas entre olivares y pequeñas parcelas de viña.
El terreno es casi llano, típico de Tierra de Barros: suelos rojizos, piedras sueltas y hileras largas de cultivo que se pierden en el horizonte. A media mañana la luz cae de lado y deja sombras cortas bajo los olivos. En primavera el suelo se llena de pequeñas flores blancas del olivo, tan finas que se quedan pegadas a las suelas como polvo.
Por el camino aparecen pequeñas ermitas de mampostería sencilla, con teja vieja y puertas normalmente cerradas salvo en días señalados. Cerca suele oler a romero o a tomillo seco, dependiendo del mes.
Práctico: lleva agua y algo para cubrirte la cabeza. Aunque el recorrido no tiene grandes desniveles, el sol aquí pega con fuerza y hay pocos lugares de sombra.
Lo que sale de la sartén
En las cocinas del pueblo el ajo entra casi en todo. Las migas extremeñas aparecen muchas mañanas de fin de semana, hechas con pan asentado, panceta y dientes de ajo laminados que se doran hasta quedar crujientes.
También es habitual el conejo al ajillo, preparado con bastante ajo y cocinado despacio. No siempre lo tienen listo en el momento, porque requiere su tiempo.
En invierno se ve mucho la sopa de ajo: caldo con pimentón, pan y huevo escalfado. Es un plato sencillo que calienta rápido, de esos que se toman despacio mientras fuera todavía hace frío.
Cuándo ir y qué tener en cuenta
La primavera suele ser el momento más agradable para recorrer Aceuchal y sus alrededores. Los campos están verdes, el olor del olivo empieza a notarse y las temperaturas todavía no aprietan.
En verano el calor puede ser duro a partir del mediodía, así que conviene moverse temprano y dejar las horas centrales para resguardarse. Y un detalle práctico: entre semana muchas calles quedan muy tranquilas durante la siesta. El pueblo baja el ritmo y no vuelve a animarse hasta bien entrada la tarde.
Antes de marcharte, es fácil encontrar trenzas de ajo en tiendas y almacenes agrícolas del propio pueblo. Llévate una si tienes sitio en el coche. El olor te acompañará todo el viaje de vuelta. Y durante unos días, cada vez que abras la cocina, volverá un poco ese aire seco de Tierra de Barros.