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sobre Almendralejo
Capital de la Tierra de Barros y Ciudad Internacional del Vino; cuna del Romanticismo y centro neurálgico de la producción de cava y aceituna
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Hablar de Almendralejo obliga a empezar por un hallazgo arqueológico que cambió la percepción del lugar. A mediados del siglo XIX apareció en sus alrededores el llamado Disco de Teodosio, una gran pieza ceremonial de plata donde el emperador romano Teodosio I aparece acompañado de sus hijos. El objeto, hoy conservado fuera de Extremadura, situó este punto de la Tierra de Barros dentro de los circuitos del poder del Imperio tardorromano. No era un territorio marginal: por aquí pasaban rutas, ejércitos y administración.
Un cruce de caminos en la llanura
Almendralejo se levanta en una loma suave dentro de la Tierra de Barros, la comarca agrícola que se extiende entre Mérida, Zafra y Villafranca de los Barros. El nombre de la comarca no es figurado: el suelo arcilloso, rojizo, ha condicionado durante siglos la agricultura y también la arquitectura.
En época romana el territorio estaba atravesado por caminos secundarios que conectaban con la Vía de la Plata. Algunos investigadores sitúan por aquí una pequeña parada de camino o mansio, aunque la localización exacta no siempre está clara en las fuentes. Lo que sí parece evidente es que la zona formaba parte del área de influencia de Augusta Emerita (la actual Mérida), que queda a poco más de treinta kilómetros.
Tras la conquista cristiana del siglo XIII, la zona se reorganizó como villa dependiente de la Corona leonesa. La carta puebla atribuida a Alfonso IX suele citarse como el punto de partida del crecimiento del núcleo. A partir de ahí el asentamiento fue consolidándose como centro agrícola de la comarca.
La iglesia de la Purificación y el centro histórico
El edificio histórico más visible del centro es la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Purificación. La construcción comenzó en el siglo XVI, en un momento en que muchas localidades extremeñas ampliaban o sustituían templos anteriores. El resultado mezcla formas del gótico tardío con elementos renacentistas que se fueron incorporando durante las obras.
No es un edificio monumental en el sentido de las grandes catedrales, pero sí marca el ritmo del casco histórico. La torre y la fachada dominan la plaza y ayudan a entender cómo se organizaba la vida urbana: iglesia, mercado y casas principales alrededor.
En el exterior se colocó en el siglo XX una escultura del Cristo de la Paz, obra de Juan de Ávalos. Su presencia recuerda cómo muchas iglesias españolas han ido incorporando intervenciones contemporáneas sin alterar demasiado la estructura original.
El viñedo como paisaje
El viñedo forma parte del paisaje inmediato de Almendralejo. La comarca lleva siglos dedicada a la vid, aunque los sistemas de cultivo y elaboración han cambiado bastante en el último siglo.
A comienzos del XX se creó aquí una estación enológica destinada a estudiar variedades y mejorar la producción. Aquella iniciativa ayudó a profesionalizar un sector que ya era central para la economía local. Hoy Almendralejo forma parte del ámbito de la Denominación de Origen Ribera del Guadiana.
Uno de los lugares más curiosos para entender esa relación entre vino y ciudad es la plaza de toros, levantada en el siglo XIX. Bajo el graderío se construyeron bodegas subterráneas, una solución práctica que aprovechaba la temperatura estable del subsuelo. No es habitual encontrar una combinación así.
Dos nombres del romanticismo
Almendralejo también aparece en la historia literaria del siglo XIX por el nacimiento de dos figuras del romanticismo español: José de Espronceda (1808) y Carolina Coronado (1820).
Espronceda pasó poco tiempo en el pueblo, ya que su familia se trasladó pronto, pero su origen almendralejense suele recordarse en la ciudad. Coronado, en cambio, mantuvo una relación más prolongada con el lugar y con Extremadura. Su obra y su figura se estudian hoy como parte importante de la literatura romántica española.
Cómo moverse por Almendralejo
Almendralejo está bien conectado dentro de Extremadura. Se encuentra cerca de la A‑66, el eje que une Mérida con Zafra y continúa hacia Sevilla por el sur y hacia el norte peninsular.
El centro se puede recorrer a pie sin dificultad. En un paseo tranquilo se enlazan la iglesia de la Purificación, el Palacio de Monsalud —actual sede del ayuntamiento— y la plaza de toros con sus bodegas subterráneas. A partir de ahí basta salir unos kilómetros para empezar a ver el paisaje típico de la Tierra de Barros: parcelas de viñedo, olivares dispersos y pueblos relativamente próximos entre sí.