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sobre Bodonal de la Sierra
Situado en las estribaciones de la sierra de Tentudía; destaca por su entorno de encinas y alcornoques y su producción de ibéricos
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A primera hora, cuando el sol todavía va bajo, Bodonal de la Sierra se ve casi blanco desde la carretera. Las fachadas encaladas devuelven la luz con un brillo suave y los tejados de teja árabe dibujan una línea irregular sobre el perfil del pueblo. A esa hora apenas se oye nada: alguna puerta que se abre, un coche que pasa despacio, el eco de pasos en una calle estrecha. Bodonal de la Sierra no es un lugar de grandes monumentos; lo que tiene está en los detalles pequeños y en ese ritmo tranquilo que todavía se mantiene en muchos pueblos de la comarca de Tentudía.
Calles tranquilas y la iglesia de San Bartolomé
El centro se recorre sin plan. Calles cortas, algunas en ligera cuesta, casas de una o dos plantas con rejas negras en las ventanas y muros donde la cal no siempre tapa del todo las capas anteriores. Aquí y allá asoman macetas en las fachadas o portones de madera oscurecida por los años.
La iglesia de San Bartolomé aparece entre las casas sin demasiada distancia para tomar perspectiva. Es un edificio sólido, de piedra, con un campanario cuadrado que sobresale sobre los tejados cercanos. Alrededor suele haber algo de movimiento a ciertas horas del día, pero la mayor parte del tiempo el ambiente es calmado. El sonido de las campanas, cuando suenan, se escucha con claridad por casi todo el casco urbano.
Conviene venir con calzado cómodo: el pueblo no es grande, pero las calles tienen tramos irregulares y algunos desniveles.
La dehesa alrededor del pueblo
Al salir del casco urbano el paisaje cambia rápido. La dehesa rodea Bodonal de la Sierra con encinas dispersas y claros amplios donde la tierra se vuelve rojiza en verano y más oscura después de las lluvias. Hay cercas de piedra seca y caminos de tierra que usan agricultores y ganaderos.
Caminar por aquí tiene algo muy concreto: el sonido seco de las bellotas bajo los pies en otoño, el olor a tierra húmeda cuando ha llovido, el zumbido constante de insectos en los meses cálidos. No hay demasiada señalización ni rutas preparadas como en otros lugares más turísticos. Son caminos rurales de toda la vida, así que conviene llevar agua y orientarse bien antes de alejarse.
Las aves se ven con facilidad si uno se detiene un rato. A menudo pasan rabilargos de árbol en árbol y no es raro ver rapaces planeando sobre las encinas en las horas centrales del día.
Senderos y pueblos cercanos
Desde Bodonal salen varios caminos rurales que conectan con fincas y con otros pueblos de la zona de Tentudía. Muchos se usan para pasear, ir en bicicleta o simplemente salir a andar un rato entre encinas.
La mejor luz llega al amanecer y al final de la tarde. En verano el calor aprieta a partir del mediodía, así que conviene evitar esas horas si se piensa caminar campo a través.
Comida ligada al campo
La cocina local tiene mucho que ver con lo que se cría y se cultiva alrededor. El cerdo ibérico aparece en embutidos y en guisos sencillos que se cocinan despacio. También son habituales platos con carne de caza cuando es temporada.
En otoño se recogen castañas en la zona y, cuando el año viene húmedo, aparecen setas en algunos rincones de la sierra. Quien salga a buscarlas necesita saber bien lo que recoge; aquí la tradición existe, pero el conocimiento pasa sobre todo de unos a otros.
En las tiendas del pueblo se encuentran productos de la comarca: miel, quesos, embutidos y otros alimentos que forman parte de la despensa habitual de la zona.
Cuándo acercarse
La primavera suele ser el momento más agradecido para caminar por los alrededores: temperaturas suaves y la dehesa con un verde que dura pocas semanas. El otoño también tiene buenos días, con la luz más baja y los campos cambiando de color.
En verano el pueblo se anima con quienes vuelven por vacaciones y por las fiestas patronales en torno a San Bartolomé, que tradicionalmente se celebran en agosto. Si se busca tranquilidad para pasear y ver el entorno con calma, es mejor evitar esos días centrales.
Bodonal de la Sierra no tiene miradores preparados ni grandes reclamos. Lo que hay son pequeñas elevaciones en los caminos de alrededor desde donde se ve la dehesa extendiéndose hasta el horizonte, con las encinas separadas entre sí y el cielo muy abierto sobre la sierra. A veces basta con parar un momento y quedarse mirando.