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sobre Cabezuela del Valle
Capital histórica del Jerte con un casco antiguo declarado conjunto histórico y piscinas naturales en el río
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Hay pueblos que primero ves y luego entiendes. Con Cabezuela del Valle pasa un poco al revés: antes de llegar ya notas que estás en el Jerte. El río cerca, huertas por todas partes y ese olor dulce que a ratos recuerda a fruta madura y a madera húmeda. Cuando por fin aparece el pueblo, lo hace subido a la ladera, como si alguien hubiera ido colocando las casas una encima de otra con bastante paciencia.
Un casco antiguo que trepa por la cuesta
Mientras otros pueblos del Jerte se estiran a lo largo del río, este trepa por la ladera. Las calles van en cuesta constante, de esas que te hacen pensar que aparcar arriba fue una mala decisión. El casco antiguo tiene esa mezcla de entramado tradicional y piedra que en el valle aparece mucho, pero aquí está bastante concentrado.
Las calles alrededor del Portal Viejo y la de la Cárcel tienen ese trazado laberíntico típico de los barrios judíos medievales; no es difícil imaginarse cómo sería esto hace siglos.
En la Plaza Mayor sigue en pie el rollo de justicia. Estas columnas servían para simbolizar la jurisdicción de la villa; no eran exactamente un patíbulo como a veces se cuenta, pero sí recordaban quién mandaba allí. Hoy es más bien un punto de paso donde te cruzas con vecinos haciendo recados.
La iglesia de San Miguel domina el centro. Dentro hay un retablo barroco bastante llamativo, de esos que parecen querer competir en brillo con la luz que entra por las ventanas.
La primavera (y sus consecuencias)
Si vienes en primavera te encontrarás con lo que ha hecho famoso al valle: la floración del cerezo. Durante unos días —la fecha exacta baila cada año— las laderas se cubren de blanco y el valle entero parece cambiado de decorado.
Cabezuela vive ese momento con intensidad. Llegan muchos coches, las carreteras se llenan y el ambiente tiene algo de romería improvisada. Lo mejor suele ser simplemente caminar por los caminos entre bancales; los carteles indicativos suelen estar hasta arriba.
Cuando pasa ese pico de visitas, el pueblo vuelve a su ritmo normal. El Museo de la Cereza ayuda a entender hasta qué punto este cultivo manda aquí: cuándo se poda, cuándo se recoge y por qué la picota del Jerte tiene tanta fama. Muy cerca está también un pequeño museo escolar instalado en un antiguo colegio, con pupitres de madera y mapas antiguos; es como entrar en una clase de los años 50.
El río es la playa (de agua fría)
El río Jerte atraviesa el pueblo y marca bastante la vida en verano. Cuando aprieta el calor, los vecinos hablan de las pozas del río como si fueran su playa. Nombres como La Picaza o Pescarona salen en las conversaciones cuando alguien pregunta dónde refrescarse.
El agua baja fría, incluso en julio. De esa que al principio te hace pensártelo dos veces antes de meterte.
Para caminar hay varios senderos por los alrededores. Uno de los más conocidos es la ruta de los miradores, un recorrido circular por encima del pueblo que va alternando caminos entre cerezos y puntos desde donde se ve el valle entero. No es una caminata técnica, pero tiene sus cuestas; lleva agua.
También se puede subir andando al santuario de la Virgen de Peñas Albas, patrona del pueblo. Está en lo alto y el camino sale prácticamente desde el casco urbano. La subida se hace en un rato tranquilo y las vistas hacia el valle compensan el esfuerzo.
Comer sin complicaciones (pero bien)
La cocina del valle es contundente sin necesidad de florituras. La trucha del Jerte aparece mucho en las cartas locales.
Luego están los platos más serios: migas extremeñas con su acompañamiento habitual son casi un deporte local aquí dentro cuando refresca.
La picota del Jerte merece mención aparte. Es más pequeña y oscura que otras cerezas y normalmente se recoge sin rabito (de ahí lo "picota"). Con ella hacen mermeladas o licores bastante potentes.
Otro producto curioso es la patatera, un embutido con pimentón y patata que al principio sorprende porque no esperas esa textura tan pastosa dentro una tripa seca.Y luego está tostón del Valle: dulce sencillo hecho con almendra molida,huevo,y azúcar.Se vende envuelto individualmente,y sabe cómo si mezclaras mazapán blando con galleta secada al sol.No está mal para acompañar café fuerte después comer mucho
Mi consejo práctico
Yo lo veo como una buena base para conocer todo este lado norte Extremadura.Das vuelta rápido por casco antiguo,bajas río comes algo tranquilo,y luego puedes escaparte otros pueblos cercanos sin tener mover maletas constantemente
Si vienes durante floración máxima,paciencia.Habrá tráfico,más gente aparcar será misión compleja.Pero también único momento ver paisaje transformado completamente blanco.Es espectáculo natural sincero,aunque masificado
Fuera esas semanas clave,Cabezuela vuelve tamaño real:pueblo poco más dos mil vecinos donde todavía puedes dejar coche sin mirar reloj constantemente.Ese tipo sitio disfrutas mejor cuando no tienes prisa