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sobre Castuera
Capital de la comarca de La Serena y famosa por su turrón; paisaje de llanuras infinitas y cuna de la oveja merina
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A eso de las seis de la tarde, cuando el sol empieza a bajar sobre La Serena, la luz cae de lado sobre las dehesas y las vuelve doradas. Desde el cerro donde se levantan los restos del castillo del Conde de la Corte, la estepa se abre en todas direcciones: encinas dispersas, algún olivar viejo, caminos de tierra que se pierden hacia el horizonte. El aire suele traer olor a romero y a polvo caliente. Abajo, en el pueblo, las campanas de Santa María Magdalena marcan la hora con calma. A esa hora Castuera afloja el ritmo.
El sabor que queda entre los dedos
Entrar en una pastelería de Castuera recuerda que aquí el turrón no es solo cosa de diciembre. Se hace durante buena parte del año, tanto en obradores pequeños como a mayor escala, con almendra y miel como base. El olor es denso, dulce, y se queda pegado a la ropa.
En el pueblo existe un pequeño espacio dedicado a esta tradición turronera, instalado en un edificio industrial antiguo. Allí explican cómo se trabajaba la almendra y cómo fue creciendo la producción en Castuera con el paso del tiempo. Muchos vecinos cuentan que en casa había moldes de madera que pasaban de una generación a otra. No siempre es fácil encontrarlo abierto a cualquier hora, así que conviene preguntar antes o acercarse por la mañana.
Calles que suben y cuentan
Desde la plaza de San Juan —donde hay una escultura dedicada a Pedro de Valdivia— empieza el Cerrillo. Es un barrio en pendiente, de calles estrechas que suben sin rodeos. El suelo, en algunos tramos, está pulido por los años y por la lluvia.
Las fachadas alternan piedra y encalado, y muchas puertas son más bajas de lo que uno espera. En una de ellas, conocida como la Casa de las Sirenas, el dintel muestra dos figuras con cola de pez y varias conchas talladas en la piedra. Nadie parece tener muy claro de cuándo es ni quién las hizo, pero llevan ahí más tiempo del que recuerda la mayoría.
Si sigues subiendo, el viento corre con más fuerza. Desde algunos puntos altos del pueblo, cuando el día está limpio, se alcanza a ver la lámina del embalse de La Serena brillando a lo lejos.
Queso que se come con cuchara
La torta de La Serena aquí no se trata como postre. Llega a la mesa entera, con la corteza ligeramente arrugada. Se hace con leche de oveja merina y cuajo vegetal de cardo, lo que le da ese punto entre amargo y herbal que no tiene ningún otro queso de la zona.
Cuando está en su momento —ni demasiado firme ni completamente líquida— se corta la parte superior y se usa como tapa. Dentro queda una crema espesa que se come con pan. El sabor es potente, con recuerdo a hierba seca y a campo.
Los queseros suelen decir que la torta “habla” cuando está lista: al presionarla con los dedos cede un poco, pero mantiene la forma. En primavera suele haber jornadas y actividades alrededor del queso en el pueblo y en otros puntos de la comarca, aunque cambian según el año.
Fuego y campanas
En torno a la Candelaria, a comienzos de febrero, algunas calles de Castuera encienden hogueras al anochecer. Los vecinos se reúnen alrededor del fuego y el humo de la leña se mezcla con el aire frío del invierno. Hay quien todavía da vueltas alrededor de la lumbre, siguiendo una costumbre antigua que, dicen, servía para espantar los catarros del año.
A principios de otoño también se celebra la romería dedicada a la Virgen de los Remedios. Desde primera hora de la mañana salen carros y grupos de vecinos hacia el santuario. Durante ese día el pueblo cambia de ritmo: más gente en la calle, flores en las fachadas y campanas sonando durante buena parte de la mañana.
Cuándo ir y qué evitar
– Entre septiembre y octubre el calor ya afloja y el campo empieza a cambiar de color.
– En julio y agosto las tardes siguen siendo largas, pero el calor de la estepa se queda pegado hasta bien entrada la noche.
– Los fines de semana de verano el centro se llena de coches y cuesta más aparcar cerca de la plaza.
– Para subir por el Cerrillo conviene llevar calzado con suela firme: algunas piedras están muy pulidas.
Al caer la tarde, cuando el ruido baja un poco, es fácil escuchar las golondrinas sobrevolando los tejados y algún rebaño moviéndose en las afueras. El aire trae olor a campo y, a veces, a leche recién trabajada en alguna nave cercana. Castuera se queda entonces en silencio, mirando hacia la llanura de La Serena.