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sobre Fuente de Cantos
Cuna del pintor Zurbarán; localidad importante de la Vía de la Plata con rico patrimonio cultural y gastronómico (chanfaina)
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La carretera de la Vía de la Plata deja atrás los olivares de Zafra y se mete en tierra de pan. Trigos ondulantes, algún campo de girasol, y de pronto, en lo alto de una loma, aparece Fuente de Cantos con sus torres gemelas desiguales. Desde la EX‑118 se ve bien: un pueblo que se agarra a un cerro de pizarra, como si vigilara el paso de los caminantes que desde hace siglos atraviesan esta ruta.
Por aquí discurría la calzada romana que unía Mérida con Astorga y, con el tiempo, el mismo corredor se incorporó a los itinerarios jacobeos que atraviesan el oeste peninsular. Fuente de Cantos creció en ese eje de paso. No es un detalle menor: explica por qué, siendo un pueblo agrícola, siempre estuvo conectado con lo que ocurría fuera.
El pintor que nunca olvidó su tierra
Francisco de Zurbarán nació en 1598 en una casa de la calle Santa Teresa, a pocos metros de la plaza. Su padre era mercero y su madre procedía de una familia de labradores. De joven se marchó a Sevilla, donde desarrolló la mayor parte de su carrera, pintando para conventos y encargos vinculados a la monarquía. Aun así, siguió firmando muchas obras como “natural de Fuente de Cantos”.
La casa natal se conserva y hoy funciona como espacio dedicado al pintor. El edificio responde al modelo doméstico de la zona: fachada sobria, dos plantas y patio interior con pozo. Las salas explican de manera sencilla su trayectoria y su forma de trabajar. No es un museo grande, pero ayuda a situar la figura de Zurbarán en su origen: un pueblo que a finales del siglo XVI apenas superaría el millar de habitantes.
Entre las reproducciones que se muestran suele aparecer el célebre Agnus Dei, esa imagen del cordero atado sobre una mesa que concentra buena parte del lenguaje del pintor: silencio, luz dirigida y una austeridad muy marcada.
Una iglesia con dos personalidades
La parroquia de Nuestra Señora de la Granada preside la plaza principal. El templo tiene origen tardo‑medieval, aunque buena parte de lo que hoy se ve responde a reformas posteriores, sobre todo de época moderna.
Lo más llamativo son sus dos torres. No son exactamente iguales. La del lado norte conserva rasgos que recuerdan a la tradición mudéjar, con el uso combinado de ladrillo y piedra. La otra se terminó más tarde y responde a un lenguaje ya plenamente barroco, con una construcción más monumental. Vistas desde lejos parecen simétricas; de cerca se percibe bien que pertenecen a momentos distintos.
El interior es sobrio para los estándares barrocos extremeños. El retablo mayor sigue un esquema clasicista, con columnas y frontón triangular. En una capilla lateral se venera una imagen mariana vinculada a las celebraciones locales y que suele salir en procesión en fechas señaladas.
Cuando el olor a chanfaina llena las calles
Si hay un momento del año especialmente ligado a Fuente de Cantos es la celebración dedicada a la chanfaina, un guiso tradicional elaborado con vísceras de cordero —hígado, corazón, riñones y sangre—, además de tomate, cebolla, ajo y especias.
Durante esa jornada muchas peñas y grupos del pueblo cocinan en la calle en grandes sartenes de hierro. Cada casa o cada grupo mantiene su manera de hacerlo: más o menos picante, con variaciones en el sofrito o en el tiempo de cocción. Lo habitual es que los visitantes puedan probar distintas versiones mientras el pueblo se llena de gente llegada de otros puntos de Extremadura.
Más allá del plato en sí, la fiesta funciona como un reencuentro. Mucha gente que vive fuera vuelve ese día, y las calles del centro se llenan desde la mañana hasta bien entrada la tarde.
Entre pizarras y asentamientos antiguos
A unos cinco kilómetros del casco urbano, el arroyo Taconal ha abierto un pequeño desfiladero en la pizarra. En algunos tramos el paso se estrecha bastante y las paredes rocosas se elevan varios metros. Tras periodos de lluvia el agua corre con fuerza y la vegetación cubre buena parte de las rocas.
Se llega por un sendero corto desde la carretera que conecta con Los Santos de Maimona. Es un paseo sencillo, más cercano a una caminata corta que a una ruta larga. La pizarra oscura, el sonido del agua y la sensación de estar en un lugar poco intervenido son lo que le dan interés.
Algo más cerca del pueblo se encuentra el cerro de Los Castillejos, donde se documentó un asentamiento prehistórico que se remonta al III milenio a. C. En superficie se distinguen restos de estructuras y parte del perímetro defensivo. Las excavaciones sacaron a la luz cerámicas campaniformes y evidencias de trabajo metalúrgico.
El lugar tiene lógica estratégica: desde la colina se domina buena parte del entorno agrícola y el corredor natural que históricamente utilizó la Vía de la Plata.
Cómo llegar y orientarse
Fuente de Cantos se sitúa junto a la A‑66, en el sur de la provincia de Badajoz, dentro de la comarca de Tentudía. Desde Badajoz el trayecto ronda una hora por autovía; desde Sevilla se llega primero a Zafra y desde allí queda un último tramo corto por carretera.
El pueblo se recorre andando sin dificultad. En una vuelta tranquila por el centro se ven la iglesia, la plaza y la casa natal de Zurbarán. Si se quiere añadir el cerro de Los Castillejos o acercarse al desfiladero del Taconal conviene contar con algo más de tiempo y moverse en coche.
Cuando aprieta el calor —algo habitual en verano— merece la pena salir temprano o esperar a última hora de la tarde: la mayor parte de las calles del casco antiguo tienen poca sombra.