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sobre Fuentes de León
Famosa por el Monumento Natural Cuevas de Fuentes de León; pueblo serrano con calles blancas y entorno kárstico único
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La primera señal de que el turismo en Fuentes de León va por otro lado es el olor. Antes de ver bien el pueblo ya notas la dehesa. Ese olor a campo seco, encinas y jamón curándose despacio. La primera vez que llegué pensé en la despensa de mi abuelo, esa donde colgaban cosas del techo y siempre parecía invierno aunque fuera agosto.
Fuentes de León aparece así, sin mucha ceremonia. El coche entra por carreteras tranquilas, el pueblo se arrima a la sierra y todo parece ir a otro ritmo.
El pueblo que no vende la moto
Fuentes de León ronda los dos mil habitantes y tiene esa escala en la que casi todo pasa alrededor de las mismas calles. La plaza, el mercado, la iglesia, alguna terraza donde la gente se sienta sin prisa.
No hay demasiada escenografía turística. Y eso, sinceramente, se agradece. Caminas por la calle Mayor y en diez minutos entiendes cómo funciona el sitio. Gente que se conoce, coches que pasan despacio y conversaciones que empiezan con un “¿qué tal va la cosa?”.
Aquí el jamón no es un reclamo de cartel. Es parte del paisaje. En las afueras se ven secaderos y en la dehesa cercana los cerdos ibéricos hacen básicamente lo que llevan siglos haciendo: comer bellota y caminar bajo encinas.
Las cuevas: lo más curioso que tiene el pueblo
Debajo de Fuentes de León hay otro mundo. Literalmente.
En los alrededores del pueblo se encuentra el Monumento Natural de las Cuevas de Fuentes de León, un conjunto de cavidades que se pueden visitar con guía. No soy muy de cuevas, lo reconozco. Siempre pienso que será “otra piedra húmeda más”. Pero aquí la cosa cambia cuando empiezas a bajar y ves las salas enormes y las formaciones que parecen esculturas rarísimas.
Dentro hace fresco incluso cuando fuera aprieta el calor. Así que no viene mal llevar algo de abrigo ligero. Y mirar hacia arriba de vez en cuando: suele haber colonias de murciélagos viviendo ahí con toda tranquilidad.
La zona tiene varios senderos alrededor. Caminas entre dehesas y pequeñas sierras, con ese paisaje suave del sur de Extremadura que parece ondulado como una manta.
Cuando el pueblo se mueve de verdad
Si coincides con el Corpus, el ambiente cambia bastante. Los vecinos suelen preparar alfombras en las calles para la procesión. Son dibujos hechos con cera coloreada y otros materiales que cubren el suelo durante horas.
Lo curioso es que todo ese trabajo desaparece cuando pasa la procesión. Dura poco. Pero impresiona verlo antes, cuando las calles parecen un mosaico gigante.
En verano también hay fiestas ligadas a los que vuelven al pueblo unos días. Mucha gente que vive fuera regresa entonces y el ambiente se nota. Las plazas se llenan más y las noches se alargan.
Jamón, cordero y mesa larga
Comer bien aquí no tiene mucho misterio. Estás en tierra de dehesa.
El jamón ibérico aparece pronto o tarde. A veces en un bocadillo sencillo, otras en una tabla que se comparte mientras alguien cuenta historias del pueblo. También es fácil encontrarse con calderetas de cordero, migas o quesos de oveja de la zona.
Son platos contundentes. De los que te dejan con ganas de paseo corto después para bajar la comida.
Mi consejo personal es no venir con prisa. Fuentes de León no es un lugar para ir tachando cosas en una lista. Das una vuelta por el pueblo, te acercas a las cuevas, miras la sierra desde algún alto cercano y te sientas un rato.
Si buscas un decorado perfecto para fotos rápidas, probablemente sigas de largo. Pero si te gusta entender cómo vive un pueblo de esta parte de Extremadura, este es ese tipo de sitio donde las cosas pasan despacio y, cuando te quieres dar cuenta, llevas toda la tarde allí.