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sobre Higuera de Llerena
Pueblo tranquilo de la Campiña Sur; destaca por su iglesia mudéjar y el yacimiento arqueológico de La Mesilla
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Hay pueblos en los que entras y da la sensación de que alguien ha bajado un poco el volumen del mundo. Higuera de Llerena es uno de esos. Está en la Campiña Sur, al sur de Badajoz, y apenas supera los trescientos habitantes. Aquí el día sigue girando alrededor del campo: siembra, cosecha, ganado, conversaciones cortas en la plaza y coches que pasan con calma.
No hay grandes reclamos ni monumentos que salgan en los folletos. Lo que hay es una forma de vivir bastante reconocible en esta parte de Extremadura: casas encaladas, tejados de teja, calles que se recorren en diez minutos y, alrededor, kilómetros de campo abierto. Trigo, cebada y parcelas que cambian de color según la estación. Si has conducido alguna vez por la Campiña Sur, ya sabes el tipo de paisaje.
La iglesia y las casas de siempre
La iglesia parroquial de Nuestra Señora del Valle está en la plaza. Es el edificio que más destaca, aunque tampoco esperes una catedral en miniatura. Piedra, muros sólidos y ese aire práctico que tienen muchas iglesias rurales: construcciones pensadas para durar y para refugiarse del calor en verano.
Alrededor se agrupan las casas del casco urbano, con fachadas encaladas y puertas bajas. Muchas conservan la distribución tradicional: entrada que da a un pasillo largo, patio al fondo y dependencias que en su día se usaban para animales o almacén. Si paseas despacio todavía se ven detalles así: corrales, parras en los patios, herramientas apoyadas contra la pared.
Y luego está el campo, que prácticamente empieza en cuanto sales del pueblo. Parcelas amplias y bastante ordenadas, dedicadas sobre todo al cereal. En primavera todo se vuelve verde; en verano, dorado hasta donde alcanza la vista. Es un paisaje sencillo, pero muy propio de esta zona de Badajoz.
Pasear sin un plan concreto
Higuera de Llerena no es un sitio al que vengas con una lista de cosas que tachar. Funciona más bien al revés: aparcas, caminas un rato y dejas que el pueblo vaya apareciendo.
En las calles suele haber poco movimiento, salvo a ciertas horas. Algún vecino sentado a la puerta cuando cae la tarde, gente que vuelve del campo o cruces rápidos en la plaza. Es ese tipo de lugar donde la mayoría se conoce y las conversaciones empiezan con un “¿qué tal va la cosa?”.
Si te gusta caminar, alrededor hay caminos agrícolas bastante rectos, de los que atraviesan fincas y lomas suaves. Son buenos para andar o para ir en bici sin demasiada complicación. Con algo de suerte verás rapaces planeando sobre los cultivos o bandos de aves moviéndose entre parcelas.
En cuanto a comida, lo que manda aquí es lo de siempre en el mundo rural extremeño: platos contundentes y productos del cerdo, migas, queso, guisos sencillos que llenan más que adornan.
Fiestas que reúnen a los que se fueron
En agosto el pueblo cambia un poco. Muchos vecinos que viven fuera vuelven unos días por las fiestas dedicadas a Nuestra Señora del Valle, y entonces sí hay más movimiento en las calles.
Suelen organizarse procesiones, música en la plaza y comidas colectivas donde el protagonismo lo tienen los productos de la zona. Más que un espectáculo pensado para visitantes, se vive como un reencuentro entre gente que se conoce de toda la vida.
La Semana Santa también se mantiene con un estilo sobrio, muy de pueblo pequeño: pasos sencillos, recorridos cortos y bastante participación de los vecinos.
Cómo llegar y cuándo venir
Higuera de Llerena queda en la Campiña Sur, en una zona de carreteras comarcales que conectan varios pueblos agrícolas. Lo normal es llegar en coche desde localidades cercanas de la comarca o desde Badajoz capital, atravesando kilómetros de campo abierto.
Si vienes en verano, mejor evitar las horas centrales del día. El calor aquí aprieta de verdad. Primavera y otoño suelen ser momentos más agradecidos para caminar por los caminos de alrededor y ver el paisaje con algo más de color.
Higuera de Llerena no intenta impresionar a nadie. Es, más bien, uno de esos pueblos donde entiendes rápido cómo funciona la vida rural en esta parte de Extremadura: pocas prisas, mucho campo alrededor y la sensación de que todo sigue un ritmo bastante antiguo. Si vienes por la Campiña Sur y te apetece parar un rato a ver cómo es uno de estos pueblos por dentro, puede ser una buena excusa para desviarte.