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sobre Higuera de la Serena
Pequeña localidad de La Serena dedicada a la agricultura; entorno tranquilo con paisajes esteparios y dehesas
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Hay pueblos que se entienden rápido y otros que tardan un poco más. El turismo en Higuera de la Serena va por ahí. Llegas, aparcas cerca de la plaza y al principio piensas: “vale, esto es pequeño”. Y lo es. Pero cuando te quedas un rato empiezas a ver cómo funciona el lugar de verdad.
Higuera de la Serena está en plena comarca de La Serena, al este de la provincia de Badajoz. Un territorio ancho, de horizontes largos, donde el campo manda más que cualquier monumento. Aquí la vida sigue muy ligada a la agricultura y al ganado, y eso se nota en el ritmo del pueblo.
El centro del pueblo, sin rodeos
El corazón es la plaza. No tiene grandes alardes, pero concentra lo que pasa en el día a día: gente que se saluda, coches que cruzan despacio y conversaciones que se alargan más de lo previsto.
A un lado está la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. El edificio actual suele situarse en época tardomedieval, aunque ha tenido reformas con el tiempo. La torre es sólida, más práctica que decorativa. Ese tipo de iglesia que en muchos pueblos extremeños servía un poco para todo: culto, referencia visual y punto de reunión.
Las calles cercanas mantienen el aire de siempre. Fachadas blancas, portales donde todavía se saca la silla cuando cae la tarde y alguna casa con escudo antiguo que recuerda que el pueblo lleva aquí bastante más tiempo del que parece cuando llegas en coche.
El paisaje de La Serena alrededor
Salir del casco urbano es cuestión de minutos. Das dos curvas y ya estás en campo abierto.
El entorno de Higuera de la Serena es el típico paisaje de La Serena: dehesa mezclada con cereal, encinas dispersas y fincas grandes que se pierden hacia el horizonte. No es un paisaje espectacular en el sentido clásico. Es más bien de esos que se entienden conduciendo despacio o caminando un rato por un camino agrícola.
Todavía se ven cortijos aislados y encinas muy viejas que parecen llevar ahí toda la vida. En días claros, la sensación de amplitud es enorme. Como si el terreno respirara más ancho de lo normal.
Caminos sencillos para estirar las piernas
Desde las afueras salen varios caminos de tierra que usan vecinos y gente del campo. Algunos se acercan a pequeños cursos de agua estacionales o a zonas de dehesa más cerrada.
Por la zona también se menciona la Estación Biológica de Los Hornos, vinculada a estudios sobre fauna y ecosistemas de la comarca. No es un sitio pensado para una visita rápida, pero ayuda a entender que este paisaje aparentemente tranquilo tiene bastante interés ecológico.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos para caminar. El color del campo cambia mucho y el calor aprieta menos.
Aves y campo abierto
Si te gusta mirar el cielo de vez en cuando, aquí pasan cosas.
Los campos abiertos de La Serena son territorio de cernícalos primilla, aguiluchos y otras rapaces que aprovechan las corrientes sobre los cultivos. También es habitual ver cigüeñas en postes y tejados. En determinadas épocas incluso se oyen sisones en zonas de pasto más altas, aunque cada vez son más difíciles de encontrar.
No hace falta montar un plan muy serio de observación. Basta con parar el coche en un camino tranquilo y mirar alrededor unos minutos.
Lo que se come en casa
La cocina local es la que manda en buena parte de la provincia de Badajoz: platos de campo y productos del cerdo.
Aparecen las migas, los guisos de cordero y los embutidos elaborados en la zona. Nada especialmente sofisticado. Más bien comida contundente, de la que tiene sentido después de una mañana trabajando fuera o caminando por el campo.
En temporada también se buscan setas en algunas zonas cercanas, sobre todo tras periodos de lluvia. Eso sí, la gente del lugar suele tener muy claro dónde ir y qué coger. No es buena idea improvisar sin conocer bien el terreno ni las especies.
Fiestas que juntan a todo el mundo
Las celebraciones del pueblo siguen un calendario bastante clásico en la zona.
En agosto se honra a Nuestra Señora de la Asunción, con actos religiosos y días donde vuelve mucha gente que vive fuera. También es habitual ver las cruces decoradas en mayo, una tradición que aún se mantiene en varias calles.
No es un calendario pensado para atraer multitudes. Es más bien el momento en que el pueblo se reencuentra.
Al final, Higuera de la Serena funciona como muchos pueblos de La Serena: discreto al principio, pero coherente con su entorno. Si pasas por aquí con prisa, lo ves en un momento. Si te quedas un rato mirando cómo se mueve la plaza y cómo se abre el campo alrededor, empiezas a entenderlo mejor. Ese tipo de sitio.