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sobre La Coronada
Pueblo agrícola de La Serena con calles amplias; destaca por su devoción a la Virgen de las Cruces y su entorno estepario
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Si buscas turismo en La Coronada, empieza por lo práctico. Aparca en la entrada del pueblo. Dentro del casco hay poco sitio y las calles son estrechas. En dos minutos estás en la plaza. Si llegas temprano, mejor: aún hay sombra y el movimiento del bar de la plaza empieza a notarse.
Lo que hay (y lo que no)
La Coronada ronda los dos mil habitantes y se nota. No es un pueblo vacío, pero tampoco pasa gran cosa. La calle principal tiene lo básico: farmacia, un par de bares, taller, supermercado. La gente se saluda por el nombre y los perros suelen tumbarse en mitad de la acera como si nada.
La iglesia de San Bartolomé parece más antigua de lo que es. Es del siglo XVI, aunque ha tenido tantas reformas que queda poco de la obra original. El campanario se ve desde la carretera y sirve de referencia. Suele estar abierta por la mañana. Dentro hay un retablo barroco restaurado hace relativamente poco y bastante bien conservado.
El ayuntamiento ocupa el antiguo pósito del siglo XVI. Era un granero comunal y hoy es la casa consistorial. Fachada de piedra, sin adornos. Dentro huele a papel y a café recalentado. El patio conserva una pequeña poza donde antes bebían los animales. Ahora hay un punto de información turística que abre algunos días.
El santuario que no está en el pueblo
El santuario de Santa María del Zújar queda a unos tres kilómetros en dirección a Don Benito. Se llega por una pista asfaltada que suele estar en buen estado. El edificio es del siglo XVI y queda junto al río Zújar.
La tradición dice que la imagen apareció en una encina y por eso se levantó allí el santuario. Más allá de la historia, el sitio está bien elegido: sombra, agua cerca y bastante silencio. Algunos domingos se reúne gente a rezar. Entre semana lo normal es no encontrar a nadie.
La ermita de Santa Ana queda hacia el otro lado, camino de la llanura de La Serena. Es más pequeña. La carretera pasa cerca y se oye el tráfico. Dentro hay una talla de la santa repintada con colores bastante vivos. Si vas por la zona, puedes parar. Si no, tampoco pasa nada.
Comer sin chorradas
En La Coronada hay bares de pueblo. Cocina sencilla y raciones que cambian según el día. Migas, guisos, algo de carne. El gazpacho aquí es el extremeño, más de cuchara que de vaso.
El queso de la Serena aparece en muchas mesas. Es fuerte y cremoso. Si te gusta ese tipo de queso, pruébalo. Si no, una cerveza y unas aceitunas cumplen el mismo papel.
Cuando se celebra la feria ganadera el pueblo cambia. Llega gente de fuera para comprar y vender ganado. Los bares se llenan y se mueven más ollas de lo normal. Es de los pocos días en que se ve actividad de verdad.
Cuándo ir y cuándo no ir
Primavera suele ser el momento más llevadero. La dehesa está verde y se puede caminar sin pelearse con el calor.
En agosto hay fiestas y el ambiente sube bastante. Regresa gente que trabaja fuera y el pueblo se llena más de lo habitual.
En verano conviene evitar el centro a las horas de más sol. O llegas temprano o esperas a la tarde.
Consejo de pueblo
La Coronada funciona mejor como parada corta. Si vas por la EX‑118 entre Mérida y la zona de Don Benito, te desvías un momento, das una vuelta por la plaza y sigues camino.
No hay grandes monumentos ni falta que hace. Es un pueblo normal viviendo su ritmo. A veces eso basta.