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sobre Magacela
Pueblo colgado de un cerro con un castillo histórico y un dolmen; ofrece una de las mejores panorámicas de la comarca
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Hay pueblos a los que llegas casi por accidente. Vas por una carretera tranquila de La Serena, ves una silueta en lo alto del cerro y piensas: “¿y eso qué es?”. El turismo en Magacela empieza un poco así. Subes hacia el pueblo y lo primero que te llama es el castillo en ruinas vigilándolo todo desde arriba, como un vecino viejo que ya no habla mucho pero sigue mirando el paisaje cada día.
La primera vez que subí hasta allí me dio la sensación de estar en una atalaya natural. No hay grandes efectos ni monumentos espectaculares: lo que tienes delante es La Serena extendiéndose en todas direcciones. Dehesas, encinas, parcelas enormes y ese horizonte ancho que tiene esta parte de Extremadura. Es de esos sitios donde el paisaje explica muchas cosas sin necesidad de carteles.
El castillo y el cerro que domina La Serena
El castillo de Magacela es el punto que organiza todo el pueblo. Las ruinas se reparten por la parte alta del cerro y todavía se intuye bien la estructura defensiva. No es una restauración vistosa ni un recinto preparado para espectáculo; más bien lo contrario. Piedra antigua, muros abiertos y esa sensación de que el tiempo aquí ha ido haciendo su trabajo sin demasiadas prisas.
El nombre del pueblo suele relacionarse con el pasado andalusí —algo así como “castillo en la roca”— y cuando estás arriba tiene bastante sentido. La posición es estratégica: desde allí se controla toda la llanura de alrededor.
La subida puede hacerse andando desde el propio pueblo. No es larga, pero tiene su pendiente. Si vas en verano, mejor tomárselo con calma.
Calles tranquilas y casas de piedra
Una vez abajo, Magacela se recorre sin prisa. El casco urbano mantiene un trazado bastante ordenado, con calles empedradas y casas de muros gruesos, de esas que en verano guardan el fresco mejor que muchos pisos modernos.
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios marca bastante el perfil del pueblo. El edificio mezcla elementos de distintos momentos históricos, algo bastante habitual en iglesias que han ido ampliándose con los siglos. El interior es sobrio; no esperes grandes decoraciones, pero sí ese ambiente tranquilo de parroquia de pueblo.
También quedan restos del antiguo convento de San Benito. No es un lugar monumental, pero ayuda a entender la importancia que tuvieron las órdenes religiosas en esta zona durante bastante tiempo.
La plaza funciona como pequeño centro de gravedad. Algún banco, gente que se sienta a charlar y ese ritmo pausado que tienen los pueblos de quinientos habitantes, donde siempre parece que todo pasa despacio.
Pasear por los alrededores
El cerro donde se asienta Magacela está rodeado de campo abierto. Desde el pueblo salen caminos y senderos que rodean la ladera entre encinas y zonas de pasto. Son recorridos sencillos, más de paseo que de ruta técnica.
Si te gusta mirar el cielo con calma, esta zona de La Serena tiene bastante movimiento de aves. No es raro ver rapaces aprovechando las corrientes de aire sobre los campos. Con unos prismáticos y un rato de paciencia ya tienes entretenimiento.
Y aunque no lleves cámara buena, el cerro del castillo al amanecer o al atardecer tiene mucha fotogenia. La piedra cambia de color con la luz y el paisaje se abre completamente alrededor.
Lo que se come por aquí
En Magacela, como en buena parte de La Serena, la cocina tira de lo que da el territorio. El cerdo ibérico manda bastante en las mesas, acompañado muchas veces por platos tradicionales como migas o gazpachos de campo cuando aprieta el calor.
También aparecen guisos contundentes, de los que se cocinan a fuego lento y llenan el plato sin complicaciones. Después de una mañana caminando por el cerro o por los caminos de alrededor, ese tipo de comida entra sola.
Fiestas que siguen siendo del pueblo
Las celebraciones principales giran en torno a la Virgen de los Remedios, con fiestas patronales hacia septiembre. Suelen combinar procesiones con verbenas y bastante vida en la calle.
Durante la Semana Santa también hay movimiento con las procesiones locales, y en primavera es habitual la romería de San Isidro, muy ligada al mundo del campo. Son fiestas donde la mayoría de la gente se conoce, así que el ambiente tiene más de reunión de vecinos que de evento pensado para atraer visitantes.
Cuánto tiempo dedicarle a Magacela
Magacela es más bien una parada tranquila dentro de una ruta por La Serena. El castillo, un paseo por el casco antiguo y algo de tiempo para mirar el paisaje desde arriba.
En unas horas te haces una buena idea del lugar.
A mí me gusta pensar en Magacela como esos miradores naturales que encuentras de vez en cuando en carretera: no es un sitio al que vengas a pasar tres días, pero cuando paras y te asomas entiendes bastante bien cómo es esta parte de Extremadura. Y eso ya tiene su gracia.