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sobre Monterrubio de la Serena
Famoso por su aceite de oliva virgen extra D.O.P.; situado entre La Serena y la Campiña con grandes extensiones de olivar
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Te voy a contar un secreto: hay pueblos que se hacen famosos por una foto en Instagram, y otros que se hacen famosos por lo que hay dentro del frasco. El turismo en Monterrubio de la Serena va más por ahí. Aquí la conversación suele acabar girando alrededor del aceite. No del paisaje, no del hotel con vistas: del aceite. De si este año pica más, de si ha salido más suave, de cómo viene la cosecha.
El pueblo que huele a oliva
Llegas y lo primero que notas es el olor. No siempre, claro, depende de la época, pero cuando las almazaras están en marcha el aire tiene ese punto de aceite nuevo que se cuela incluso cuando bajas la ventanilla del coche. Es como cuando alguien abre una bolsa de patatas fritas en el cine: cuesta ignorarlo.
Monterrubio es un municipio grande en extensión y muy ligado al olivar. Con dar una vuelta por los caminos de alrededor ya lo ves: filas de olivos que parecen no acabarse nunca. Da la sensación de que todo el término gira alrededor de eso. Y la gente lo vive así. Aquí hablar de aceite no es postureo gastronómico, es conversación cotidiana.
El aceite de la zona tiene Denominación de Origen Protegida desde hace años, y en el pueblo hay un pequeño museo dedicado a todo ese mundo. Está dentro de una casa histórica del casco urbano y explica cómo se trabajaba antes el olivo, cómo se molía la aceituna y cómo ha ido cambiando todo con el tiempo. Sales entendiendo mejor por qué aquí se discute sobre el aceite casi como si fuera fútbol.
Cuando el pueblo cambia de ritmo
He pasado por Monterrubio en distintas épocas del año y el ambiente cambia bastante.
Una de las veces coincidí con una feria dedicada al aceite que suelen celebrar en verano. El pueblo, que normalmente va a un ritmo tranquilo, se llena de puestos, gente probando variedades y conversaciones que parecen sacadas de una cata profesional. Hay quien llega solo a comprar garrafas y quien se pone a comparar aromas como si estuviera eligiendo vino.
Otra vez fui en primavera, cuando se celebra la romería de San Isidro. La ermita está en una zona algo elevada a las afueras y la gente suele subir andando, en grupos, con neveras portátiles, sillas plegables y comida para pasar el día. El ambiente recuerda bastante a esas excursiones de colegio en las que todo el mundo acaba sentado en el suelo compartiendo tortilla y bocadillos.
La Serena (la comarca, no la tenista)
La comarca de La Serena tiene un paisaje muy abierto. No es montaña ni bosque cerrado: son campos amplios, dehesas aquí y allá y muchos, muchísimos olivos. Cuando te alejas un poco del pueblo y subes a cualquier punto alto lo ves claro: el terreno se extiende como una alfombra verde grisácea.
Hay varios caminos rurales que la gente usa para caminar o salir en bici. Algunos llevan hasta peñones y pequeñas elevaciones desde las que se domina buena parte del término municipal. No es una caminata épica, más bien ese tipo de paseo que haces después de comer para bajar la comida.
Y hablando de comer: en toda esta zona aparece mucho el queso de La Serena. Es de oveja, muy cremoso y con un olor potente. En muchas casas lo abren casi como si fuera una crema. Con un chorrito de aceite de la zona por encima funciona sorprendentemente bien. Suena raro la primera vez, pero luego tiene sentido.
Un pueblo que sigue a su ritmo
Monterrubio no parece un lugar preparado para el turismo. Y eso, para mí, es parte de la gracia.
Las casas del centro son de las de toda la vida: algunas reformadas, otras con ese aspecto de vivienda que ha pasado por varias generaciones. La iglesia parroquial domina bastante el casco urbano y sigue siendo un punto de encuentro real del pueblo, no solo un edificio para hacer fotos.
En las afueras hay también ermitas y caminos agrícolas que la gente usa a diario. Una de ellas, dedicada a los Cuarenta Mártires, está rodeada de campo abierto. Tradicionalmente se cuenta que se levantó como agradecimiento tras una plaga que arruinó cosechas en la zona. Historias de esas que todavía se transmiten de abuelos a nietos.
Lo que más se nota cuando pasas un rato aquí es que la vida no gira alrededor del visitante. La plaza, las tiendas de toda la vida, la gente charlando en la puerta cuando cae la tarde… todo funciona aunque no haya turistas. Y cuando llegas de fuera te miran con curiosidad normal, no con esa sensación de parque temático que tienen otros pueblos.
Cómo acercarse a Monterrubio sin complicarse
Mi consejo: ven con calma y sin planear demasiado.
Si te interesa el aceite, los meses de campaña suelen ser especialmente interesantes porque el pueblo está más activo y todo gira alrededor de la cosecha. Pero cualquier época sirve para entender cómo funciona este sitio.
Dedica unas horas a pasear por el casco urbano, entra al museo del aceite si está abierto, acércate a algún camino entre olivos y siéntate luego a comer algo con producto de la zona. Con medio día o un día tranquilo es suficiente para hacerte una idea.
Monterrubio de la Serena no juega a impresionar. Es más bien ese tipo de lugar que se entiende cuando bajas el ritmo y empiezas a fijarte en lo que realmente sostiene al pueblo: el olivo, la gente que lo trabaja y una manera de vivir que lleva mucho tiempo funcionando igual.